La Buena Parte del día - Juan 5:1-8

La Buena Parte del día - Juan 5:1-8Juan 5: 1-8. Algún tiempo después, se celebraba una fiesta de los judíos, y subió Jesús a Jerusalén. Había allí, junto a la puerta de las Ovejas, un estanque rodeado de cinco pórticos, cuyo nombre en arameo es Betzatá. En esos pórticos se hallaban tendidos muchos enfermos, ciegos, cojos y paralíticos. Entre ellos se encontraba un hombre inválido que llevaba enfermo treinta y ocho años. Cuando Jesús lo vio allí, tirado en el suelo, y se enteró de que ya tenía mucho tiempo de estar así, le preguntó:—¿Quieres quedar sano?—Señor —respondió—, no tengo a nadie que me meta en el estanque mientras se agita el agua, y cuando trato de hacerlo, otro se mete antes. —Levántate, recoge tu camilla y anda —le contestó Jesús.

Este lugar en el que se relata que había un estanque rodeado de cinco pórticos en los cuales permanecían muchos enfermos, en cierta época del año se producía sanidades y milagros. Era un lugar de esperanza para personas enfermas y deprimidas, pero también podía llegar a ser un lugar de resignación y conformismo. Jesús pasó por este lugar, pero puso su mirada en un "paralitico", Habiendo 3 tipos de discapacitados. cojos, ciegos y paralíticos.
 
 

Si vemos cada uno de ellos podemos comprender quizás porque Jesús se fijó en el paralitico:

Ciegos. Los que no pueden ver nada, pero de alguna forma desarrollan sus demás sentidos para andar.

Cojos. Los que andan, pero tropiezan a menudo por su condición, pero aun así pueden levantarse y volverlo a intentar.

Paralíticos: aquellos que pueden ver todo alrededor, pueden escuchar, pueden palpar, pero no tienen la posibilidad de avanzar en ningún sentido, porque su estado es netamente paralizado. Jesús puso su mirada en esta condición más que en ninguna otra porque tal condición conlleva a una persona a una parálisis total, produciendo en sí mismo desesperanza, resignación y frustración.

Esta condición no solo puede llegar a ser física, también se manifiesta en la vida espiritual y almática de muchas personas.

Jesús hace una pregunta interesante: ¿Quieres ser sano?, hacer esta pregunta a un paralitico tiene una explicación, este hombre llevaba muchos años en esta condición al punto que podía haber perdido toda motivación en su corazón y todo deseo de sanarse, podría estar resignado a una condición extremadamente limitada para siempre, pero Jesús conocía su corazón, sin embargo la pregunta nos muestra que es importante para salir de una condición conocer nuestras propias motivaciones.

Suele suceder en la vida de muchas personas que saben que existe otra manera de vivir pero hay una parálisis espiritual y almática que les impide creer que su condición puede cambiar. Por años pueden vivir en una misma condición, llámese pecado, rencor, amargura, conformismo, temores, frustraciones, todas aquellas condiciones que atan de alguna manera sus vida a un solo estado del cual pareciera imposible salir.

Pero este hombre es la muestra fehaciente que la condición de parálisis solo puede ser sanada a través de una relación con Jesucristo, este hombre pudo haber visto pasar a Jesús muchas veces, pudo haber escuchado de El muchas veces, pero solo cuando es confrontado por la palabra de Jesús su estado produce un cambio inmediato.

Salir de un estado de parálisis no depende solo del deseo de Dios, porque su deseo siempre será lo mejor para nosotros, es un deseo dual nuestro y de El, no porque Dios no pueda hacerlo por nosotros, sino porque el poder de Dios nunca nos eximirá del esfuerzo y del anhelo de nuestro corazón para lograr su propósito. Sino Jesús no hubiera hecho esta pregunta al paralitico ¿quieres ser sano?, es decir ¿realmente deseas un cambio en tu vida?, Y cuando este hombre responde Jesús entrega una sanidad total a través de una orden, Jesús le dijo: LEVANTATE! Recoge tu camilla y anda!, en otras palabras, Levántate, recoge (el conformismo, el miedo, la resignación, la incredulidad, la comodidad que no te deja caminar ) y anda!.

Hay muchas cosas que pueden derrotarnos por un tiempo, pero Jesús da oportunidades e invita a empujar la voluntad hacia el deseo de cambiar y al esfuerzo de actuar, y entonces su poder dominará aquello que nos ha mantenido dominados por mucho tiempo.

Existen personas que contrario a este paralitico pueden no desear que sus vidas cambien porque viven atados a su condiciones, habituados profundamente a ella, y aunque Dios quiera darles la vista desean seguir ciegos, aunque Dios desee que se levanten seguirán dependiendo de la autocompasión, el deseo de cambiar no producirá frutos si no está arraigado en nuestro corazón, y no será una realidad inmediata mientras no exista una decisión de obedecer y actuar por fe. Cuando la sanidad, o los cambios de Dios llegan directo de su mano, son radicales, son inmediatos, desaparecerá toda camilla que consentía la condición de parálisis. Hay que dejar atrás el lecho del conformismo y la resignación para poder avanzar.

Oración.

Gracias Señor porque siempre hay un momento en el que podremos tomar decisiones hacia un cambio y tu respaldaras nuestra fe.
 
 
 
 


Bendiciones.

Por: Rosana Quevedo Angel.

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