La Buena Parte del día - Juan 15:5

La Buena Parte del día - Juan 15:5Juan 15:5. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.

La vid es una planta que posee una particularidad para obtener de ella una solidez eficaz y un fruto de calidad, esta particularidad consiste en que en su proceso de crecimiento deben permanecer atadas a "tutores" hasta obtener resistencia.

Estos tutores son un soporte en madera o material resistente que se atan a la planta de un viñedo para facilitar la formación y el crecimiento recto de la planta, y de esta manera crezca sin desviarse. La presencia de un tutor en una viña asegura una perfecta verticalidad del tronco y contribuye a una solidez y estabilidad en su formación. Este proceso es de cuidado, el terreno debe estar limpio y cada planta debe estar a cierta distancia de la próxima para poderse desarrollar de manera fructífera.
 
 

Gracias a este proceso con tutores se producen los sarmientos que dan los frutos. Algunos dan frutos y otros no, los que no dan frutos son cortados para que no resten fuerza a la planta.

Jesús sabia porque utilizaba esta comparación, ya que el pueblo conocía a cabalidad este proceso y la importancia de este cultivo en sus tierras. Y nos presenta una verdad eterna para enseñarnos la importancia de estar atados a El como nuestro tutor y estandarte en nuestro crecimiento espiritual.

Nuestra vida unida a Cristo debe ser semejante al desarrollo de la vid. Somos sembrados en esta tierra para cumplir un propósito (dar buenos frutos). Jesús quería transmitirnos un mensaje, dirigido al pueblo de Israel y a nosotros hoy en día.

Al Pueblo de Israel quería enseñarles que el hecho de pertenecer a la nación judía no los haría salvos, que la auténtica vid era una unidad con El. A nosotros nos enseña que pertenecer a una congregación, a una religión, a una denominación (A una viña cualquiera que sea) no nos convierte en verdaderos sarmientos que producen buenos pámpanos, sino construimos una verdadera unidad con El.

A partir de un nuevo nacimiento en nuestras vidas cuando le reconocemos a Jesús como Señor y salvador necesitamos estar atados a ese "tutor" mientras vivamos plantados en esta tierra, esto hará que nuestro crecimiento sea direccionado para producir buenos frutos y que El sea el estandarte que nos sostiene para no desviar nuestro camino.

Es necesario también crecer no solo atados a nuestro tutor Jesús, sino hacerlo con una distancia prudente con los demás, esto quiere decir que nuestra relación con El es unipersonal sin olvidarnos que cada uno somos parte de un todo, miembros que conforman un solo cuerpo, pero esta distancia unipersonal atada a El nos permite ver aquellas ramas en nuestras vida que no dan frutos para ser cortadas y no quiten nuestra fuerza para seguir creciendo en nuestra relación con El.

Solo de esta forma creceremos cumpliendo nuestro propósito en esta tierra y construyendo una vida eterna en donde hemos sido plantados. Lo único que garantiza una vida fructífera es una relación personal e íntima con el Señor, atados a El siempre, porque separados de El nada podemos hacer, que sea productivo y eficaz en nuestra vida.

Sin una relación con nuestro tutor que es Jesús podríamos crecer de manera distorsionada y creer que hacemos parte de la viña, pero sin estar atados a El no tendremos una vida fructífera, y nuestras ramas podrían entrelazarse con otras ramas que no nos dejaran crecer ni producir verdaderos frutos.

Oración.

Señor queremos que siempre seas nuestro "tutor", porque unidos a ti tendremos una verdadera vida fructífera, y podremos cumplir tu propósito en esta tierra y para la vida eterna.
 
 
 
 


Bendiciones.

Por: Rosana Quevedo Angel.

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