La Buena Parte del Día - 2 Corintios 1:8-11

La Buena Parte del Día - Isaías 41:102 Corintios 1:8-11. Fuimos oprimidos y agobiados más allá de nuestra capacidad de aguantar y hasta pensamos que no saldríamos con vida. De hecho, esperábamos morir; pero, como resultado, dejamos de confiar en nosotros mismos y aprendimos a confiar sólo en Dios, quien resucita a los muertos. Efectivamente él nos rescató del peligro mortal y volverá a hacerlo de nuevo. Hemos depositado nuestra confianza en Dios, y él seguirá rescatándonos, y ustedes nos están ayudando al orar por nosotros. Entonces mucha gente dará gracias porque Dios contestó bondadosamente tantas oraciones por nuestra seguridad.

En todo el contexto de este capítulo, Pablo escribe a aquellos que están experimentado pruebas. La palabra que usa para aflicción o prueba en este pasaje es "thlípsis". En griego corriente esta palabra describe siempre la presión física que tiene que soportar una persona. En el inicio del Cristianismo, los que se hacían cristianos se exponían a toda clase de pruebas. Podría sucederles que los abandonaran sus propios familiares, que los rechazaran sus vecinos paganos y que los persiguieran los poderes públicos.

Pablo afirma que las cosas que le han sucedido y la confortación que ha recibido le han capacitado para ser una fuente de confortación para otros. Así mismo se nos dice de Jesús: «Porque, en cuanto Él mismo fue tentado y sufrió, puede ayudar a los que están pasando pruebas» (Hebreos 2:18). Pero estas experiencias nos capacitan para ayudar a otros cuando pasen por situaciones similares.

Lo más curioso de este pasaje en el versículo 8 al 11 es que no sabemos exactamente acerca de la terrible experiencia que pasó Pablo en Éfeso en aquel momento. Algo le sucedió que le condujo al último límite de su resistencia. Estaba en un peligro tan inminente que ya se consideraba condenado a muerte y sin salida; sin embargo, algunas otras pruebas por el estilo las presenta en otras cartas suyas.

Pero Pablo nos muestra lo más relevante y es la experiencia de lo que reflexiona sobre su prueba, muestra que ésta "le había arrojado a los brazos de Dios y le había demostrado su absoluta dependencia de Él.

El peligro del materialismo hoy día nos produce una falsa independencia; nos hace creer que podemos manejar la vida solos. Y podríamos decir que por cada oración que se eleva en días de prosperidad se elevan diez mil en días de adversidad. No quiere decir esto que todo el tiempo vivamos en pruebas, pero si éstas hacen parte de forjar nuestro carácter con el objetivo de terminar reconociendo nuestra total dependencia de Dios.

Lincoln decía: "Muchas veces he tenido que caer de rodillas en oración porque no tenía adónde acudir." A menudo es en las pruebas cuando se descubre nuestro corazón, nuestras intenciones y a su vez las de aquellos que dicen amarnos.

Esta experiencia que manifiesta Pablo nos muestra lo positivo de la prueba en 3 aspectos a los cuales éstas nos conducen:

1. Abandonamos la confianza en sí mismos. "Vers. 9 dejamos de confiar en nosotros mismos y aprendimos a confiar sólo en Dios..." El simple hecho de darnos cuenta que ante una circunstancia no podemos hacer absolutamente nada por mucho que seamos inteligentes, tengamos capacidades, tengamos recursos materiales, nos demuestra que dependemos de aquel que puede todo lo imposible, de aquel que nos provee los talentos y los recursos, de quien conoce nuestro propósito. (salmos 62:1)

2. Aprendemos a confiar en Dios. "Vers. 10 Hemos depositado nuestra confianza en Dios, y él seguirá rescatándonos"... Cuando llegamos a ese reconocimiento y vemos la mano de Dios intervenir en aquello que solos no logramos, entonces desarrollamos una dependencia tal que nos fortalece en la fe y nos hace canales de fe para otras personas. (2 corintios 1: 3-4)

3. La dependencia nos enseña a orar por otros y a recibir oraciones de otros. "Vers 11 ... y ustedes nos están ayudando al orar por nosotros." El ser dependientes de Dios nos conduce a la humildad porque sabemos que no tenemos el control de las cosas, porque pasamos de ser egocéntricos a ser sensibles a las circunstancias de quienes nos rodean y a las pruebas que otros puedan pasar, a entender que somos un solo cuerpo en Cristo, por lo tanto nuestras oraciones serán tan útiles así como aquellas que otros puedan hacer por nosotros cuando lo necesitamos. (Mateo 18:20).

El resultado en la experiencia del Apóstol Pablo fue adquirir una confianza inalterable en Dios. Ahora sabía sin la menor duda lo que Dios podía hacer por él, y más aún la seguridad que si pudo sacarle airoso de aquello, podía sacarle de lo que fuera. Así como también lo expresaba el grito gozoso del salmista «¡Tú has librado mi alma de la muerte, mis ojos de las lágrimas y mis pies de resbalar!» (Salmo 116:8).

La confianza del cristiano en Dios no es cosa de teoría ni de palabras; es de hecho y de experiencia. Sabe lo que Dios ha hecho por él, y por tanto no teme, únicamente cree con certeza aun sin haber visto. Pablo pide las oraciones de los corintios porque había alcanzado la humildad y aun siendo un ministro del evangelio no se avergüenza de pedir las oraciones del más pequeño de sus hermanos. Puede que podamos hacer muy poco por nuestros amigos y hermanos pero muchas veces es tan necesario dedicarles el tesoro incalculable de nuestras oraciones.

Oración.

Dios gracias por enseñarnos a confiar y a depender de ti, y gracias por aquellos que oran por nosotros y por quienes tenemos el privilegio de llevar en nuestras oraciones también en tu infinita gracia.

Bendiciones.

Por: Rosana Quevedo Angel.​ 

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