La Buena Parte del Día - Santiago 1:22-25

La Buena Parte del Día - Santiago 1:22-25Santiago 1:22-25. Pero pongan en práctica la palabra, y no se limiten sólo a oírla, pues se estarán engañando ustedes mismos. El que oye la palabra pero no la pone en práctica es como el que se mira a sí mismo en un espejo: se ve a sí mismo, pero en cuanto se va, se olvida de cómo es. En cambio, el que fija la mirada en la ley perfecta, que es la ley de la libertad, y no se aparta de ella ni se contenta sólo con oírla y olvidarla, sino que la práctica, será dichoso en todo lo que haga.

Entre el decir y hacer existe una gran distancia, cuando nuestros frutos muestran incoherencia con aquello que creemos, o decimos creer. Resulta ser una "Teoría" sin "practica".

A esto se refería el apóstol Santiago cuando en este fragmento de la palabra exhorta a un cambio, reflexionando en cómo están actuando en la manera en que se vive como creyente. Les está indicando a quienes se dirigía que hay que reaccionar frente a algo que no se está haciendo de la manera correcta.

Hoy también necesitamos reflexionar sobre esta amonestación del Apóstol Santiago. Como estamos caminando frente a Dios, frente a la vida que llevamos, en nuestras relaciones, todo lo que hacemos con respecto a su Palabra?...

Dios nos habla en su palabra no para incomodarnos simplemente, sino para que aprendamos a ser verdaderos hijos suyos, para realmente ser y no parecer. Y la única forma de confrontarnos es encontrando nuestro reflejo en su palabra, la cual debe hacerse visible en nuestros frutos (Mateo 7:15).

Quien oye solamente, pero no hace lo que la palabra enseña, se engaña a sí mismo, porque realmente la palabra no está implantada en su vida. Si la palabra está verdaderamente implantada en nosotros, esta debe reflejarse en nuestra manera de vivir.

Hay dos tipos de receptores de la palabra que el apóstol Santiago figura en esta comparación:

1. El que se mira en el espejo y se olvida de su reflejo y termina auto engañado.

2. El que se mira pero no se siente bien con su aspecto y se propone cambiar para ser dichoso.

· EL ser oidores pero no hacedores de la palabra corresponde al primer ejemplo, el apóstol Santiago utiliza un espejo como objeto de comparación, ya que el espejo nos revela una realidad incambiable, que no engaña. Así mismo la palabra de Dios nos termina reflejando tal cual somos en una vida íntima con Dios, la palabra nos confronta revelándonos nuestros errores, pero hay quienes solo ven lo que hay en el espejo y se conforman con lo que ven, y siguen su caminar de la misma forma optando por simplemente olvidar lo que vieron que debían cambiar. Esta clase de oidor nunca podrá vivir la plenitud que Dios tiene para su vida porque vivirá esclavo de aquello que decidió no confrontar. (Mateo 13:20 -21).

De nada nos sirve conocer de Dios sino vivimos de acuerdo a lo que El nos ha dado en su palabra, de nada vale decir que le creemos si no estamos dispuestos a caminar en la fe que nos modela en su palabra. De nada sirve mirarnos al espejo y ver los detalles que debemos arreglar si no los corregimos antes de que sean más visibles. El que escucha la palabra y no la pone por obra en su vida, se mantiene en un mismo nivel. Quien no es hacedor de la palabra termina siendo solo un religioso que escucha y piensa que al escuchar esto lo convierte en cristiano. Sus ojos y oídos espirituales permanecen cerrados, por lo que le resulta difícil llevar a la acción lo que ha oído.

· El segundo ejemplo es ser oidor pero hacedor al mismo tiempo, es cuando estas dos acciones van de la mano y son coherentes o congruentes. Termina siendo tierra fértil donde la semilla es sembrada y da fruto al ciento por uno. (Mateo 13:23) El que es oidor y hacedor, se mira en el espejo de la palabra y toma la decisión de cambiar aquellas cosas que debe cambiar conforme a lo que Dios ha establecido en su propósito. Quien escucha y hace no vive una religión, vive una relación, porque responde aun llamado, porque sus oídos espirituales permanecen atentos a la voz de Dios y como consecuente vive dichoso (Santiago. 1:25)

Debemos examinarnos con frecuencia si estamos poniendo por obra lo que la Palabra de Dios nos dice que hagamos, o si tomamos la decisión de cerrar nuestros ojos al mirarnos al espejo de su palabra y seguir en un autoengaño.

Oración.

Señor ayúdanos a ser hacedores de tu palabra, a vernos en ella y ver nuestra condición para procurar cambiar lo desarreglado que tú nos muestras en el espejo de tu palabra.

Bendiciones.

Por: Rosana Quevedo Angel.​ 

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