La Buena Parte del Día - 2 Corintios 1:19-22

La Buena Parte del Día - 2 Corintios 1:19-222 Corintios 1:19-22. Pues Jesucristo, el Hijo de Dios, no titubea entre el «sí» y el «no». Él es aquél de quien Silas, Timoteo y yo les predicamos, y siendo el «sí» definitivo de Dios, él siempre hace lo que dice. Pues todas las promesas de Dios se cumplieron en Cristo con un resonante «¡sí!», y por medio de Cristo, nuestro «amén» (que significa «sí») se eleva a Dios para su gloria. Es Dios quien nos capacita, junto con ustedes, para estar firmes por Cristo. Él nos comisionó y nos identificó como suyos al poner al Espíritu Santo en nuestro corazón como un anticipo que garantiza todo lo que él nos prometió.

En primera instancia nos cuesta un poco entender este pasaje o lo interpretamos en un sentido diferente. En este contexto debemos tener en cuenta la situación en la que el apóstol pablo se encontraba, y la razón por la que surge su explicación.

Sus enemigos aprovechaban rápidamente la ocasión para acusarle de ser la clase de hombre que hacía promesas que luego no cumplía, de ahí pasaban a decir "Si no podemos confiar en las promesas de Pablo en cosas cotidianas, ¿cómo vamos a creer lo que nos ha dicho acerca de Dios?". La respuesta de Pablo consistía en el entendimiento que no es poner nuestra confianza simplemente en el hombre sino partir de la fiabilidad de quien enviaba el mensaje, quería decirles podemos fiarnos de Dios, y que Jesucristo no está cambiando de posición constantemente entre el sí y el no.

Y entonces resume todo en una frase "Jesucristo es el SI a todas las promesas de Dios." Lo que quiere decir esto es que, si Jesús no hubiera venido, podríamos haber dudado de las maravillosas promesas de Dios. Y un Dios que nos ama tanto, que nos ha dado a Su Hijo es seguro que cumplirá todas las promesas que nos ha hecho.

Este pasaje no solo nos enseña la validez de las promesas de Dios sino que como imitadores de Cristo también debemos tener en cuenta que no se deben hacer promesas a la ligera, porque se dejarían de cumplir con la misma ligereza. Antes de hacer una promesa se debe calcular lo que costará cumplirla, y estar seguro de que se puede y se quiere pagar el precio.

El cumplimiento de las promesas de Dios se refleja en dos cosas importantes:

1. Jesús es la garantía personal que Dios nos da de que todas Sus promesas, desde las más grandes hasta las más pequeñas, son verdad. A través de Jesucristo tenemos la seguridad que el amor de Dios se manifiesta en sus promesas, y nos da la confianza absoluta de creer en ellas, porque cumplió la más grande y extraordinaria de todas, dar a su hijo unigénito por nosotros para que fuera la garantía de que nuestras oraciones son oídas, y de que las grandes promesas de Dios son verdad. (Juan 14:13) "Y todo lo que pidiereis en mi nombre, esto haré; para que el Padre sea glorificado en el Hijo".

2. El Espíritu Santo es un anticipo que nos garantiza el cumplimiento de las promesas que esperamos ver cumplidas en nuestras vidas. En este tiempo se utilizaba la palabra griega "arrabón", que en griego quiere decir anillo de boda. Arrabón era la cantidad inicial de un pago, que se abonaba como garantía de que se pagaría el resto. Todo el mundo conocía esta palabra. Cuando Pablo habla del Espíritu Santo como el "arrabón" o arras que Dios nos ha dado quiere decir que la clase de vida que vivimos con la ayuda del Espíritu Santo, nos garantiza que veremos promesas de Dios cumplirse en nuestra vida y la garantía de que algún día recibiremos la totalidad de una vida eterna. La presencia del Espíritu Santo en nosotros es la señal y la garantía de algo más maravilloso que está por venir y con su dirección tambien sabemos cumplir nuestras promesas. (Efesios 1:13-14) "Además, cuando creyeron en Cristo, Dios los identificó como suyos al darles el Espíritu Santo, el cual había prometido tiempo atrás. El Espíritu es la garantía que tenemos de parte de Dios de que nos dará la herencia que nos prometió y de que nos ha comprado para que seamos su pueblo".

Solo debemos tener una conciencia clara de que somos propiedad de Dios sellados con su Espíritu, con la garantía de que El es fiel para cumplir sus promesas y como imitadores de Cristo nosotros también procuremos cumplir las nuestras.

Oración.

Señor gracias por tus promesas que son en ti un Si y amen, en las cuales hemos creído y siempre cumplirás.

Bendiciones.

Por: Rosana Quevedo Angel. 

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