La Buena Parte del Día - 2 Corintios 4:7-9

La Buena Parte del Día - 1 Corintios 2:7-102 Corintios 4:7-9. "Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros, que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos".

El apóstol Pablo inicia este pasaje mostrándonos que podemos ser movidos por el orgullo cuando tenemos algunos privilegios. Pero nuestra vida en Cristo está diseñada para vivir libres del orgullo. Por muy altos que sean nuestros logros, por grandes que sean nuestras victorias habrá circunstancias propias de la humanidad a las cuales aún estaremos sujetos, como son los momentos difíciles, el dolor, las contradicciones de la vida y sobre todo a una característica propia del ser humano: La debilidad.

Somos comparados a vasijas de barro, totalmente frágiles, débiles, (2 Corintios 4:7) en el que guardamos un tesoro valioso, un corazón redimido por Jesús y su Espíritu que mora en nosotros cuando hemos tenido un encuentro genuino con El.

En este tiempo se exalta mucho el poder en las personas por el control que ejerce en sus propias fuerzas sobre su vida y la de quienes lo rodean, su autosuficiencia, y su alto nivel de control sobre lo que puede tener o hacer, lo lleva a pensar que todo lo que posee y ha logrado es por su propio esfuerzo, que a quienes ha provisto dependen solo de su mano, pero se olvida que lo más característico del ser humano no es su poder sino su debilidad, porque solo en ella se glorifica el poder de Dios. (2Cor 12:9) "Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad".

Entonces solo cuando derribamos esta manera de pensar y reconocemos quien es el que realmente debe ser glorificado podemos llegar a ver la diferencia entre nuestra debilidad y el poder de Dios, por esto el apóstol Pablo quería enseñar a través de estas realidades humanas que en nuestra vida tenemos este contraste que no podemos negar y el cual debemos siempre reconocer para que nuestra dependencia sea únicamente de Dios.

1. Estaremos atribulados (debilidad), pero no angustiarnos (poder de Dios). Es natural que el hombre pase por tribulaciones, pero es característico de Dios darnos siempre una salida. Aunque nuestra debilidad nos produzca tribulación, nuestro espíritu puede ir más allá en una comunión con Dios y recibir dirección de El para hallar salida.

2. Podremos estar en apuro (debilidad), pero no desesperarnos (poder de Dios). Hay momentos en los que no sabemos qué hacer en nuestra humanidad ante ciertas situaciones; pero Dios trae paz y reposo, entonces nuestro espíritu no duda en la espera que pronto llega la solución.

3. Podremos ser perseguidos por el hombre (debilidad), pero no desamparados por Dios, (Poder de Dios). (Josué 1:5), dice "Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé". Nada puede cambiar la fidelidad de Dios, pero solo nuestra autosuficiencia, puede negarse a recibirla.

4. Podremos estar derribados (debilidad), pero no destruidos (poder de Dios), Nuestra debilidad puede llevarnos a caer, pero el poder de Dios nos levanta para El glorificarse en nuestras vidas y ser testimonios vivos de su poder.

El miedo a las circunstancias difíciles solo puede desaparecer cuando reconocemos que no podemos hacer las cosas solos, sino de la mano de Dios, estrictamente bajo su dirección. (2Cor. 3:4-5).

Aunque la vida nos rodea de debilidad Cristo nos rodea de su gloria, para que no olvidemos que la debilidad es cosa nuestra y la gloria y el poder son de Dios, de esta manera siempre tendremos total y absoluta dependencia de Él. Cuanto más reconocemos nuestra debilidad más se glorifica Dios en nuestras vidas.

Oración.

Señor gracias por tu palabra que nos da esperanza en medio de nuestras debilidades, que nos recuerda que en ellas tu perfeccionas tu poder. Amen.

Bendiciones.

Por: Rosana Quevedo Angel.

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