La Buena Parte del Día - Juan 11:1-6

La Buena Parte del día - Juan 11:1-6Juan 11:1-6. Un hombre llamado Lázaro estaba enfermo. Vivía en Betania con sus hermanas María y Marta. María era la misma mujer que tiempo después derramó el perfume costoso sobre los pies del Señor y los secó con su cabello. Su hermano, Lázaro, estaba enfermo. Así que las dos hermanas le enviaron un mensaje a Jesús que decía: «Señor, tu querido amigo está muy enfermo». Cuando Jesús oyó la noticia, dijo: «La enfermedad de Lázaro no acabará en muerte. Al contrario, sucedió para la gloria de Dios, a fin de que el Hijo de Dios reciba gloria como resultado». Aunque Jesús amaba a Marta, a María y a Lázaro, se quedó dónde estaba dos días más.

En este relato que se considera una señal que infundiría fe en los creyentes para la resurrección de Cristo, también nos deja ver la manera como Dios nos enseña en medio de nuestra relación con El y nos infunde la fe de creer aunque el guarde silencios momentáneos o temporales para nosotros.

El silencio de Dios nos cuesta entenderlo. Pero cuando sabemos que el Señor promete suplir nuestras necesidades, podemos estar seguros de que su silencio es con propósitos a nuestro favor.

El ir a la presencia de Dios no siempre es para tener una respuesta instantánea a nuestras peticiones, sino la manera de enriquecer nuestra relación con Dios para conocerle más y saber que su voz es tan importante como su silencio. De hecho como El conoce nuestro corazón tanto como nuestras necesidades sabe lo que es mejor en su tiempo para nuestro bien. Deben existir en los pensamientos de Dios muchas razones para su silencio cuando esperamos en una respuesta suya, pero en medio de éste hay dos propósitos que logran que su silencio sea la mejor forma de glorificarse en nuestras vidas.

1. El llama con su silencio nuestra atención.

En esta historia de Lázaro, los discípulos eran conscientes que Jesús podía sanarlo y para ellos debió ser extraño el hecho de que Jesús demoro en acudir al lugar y resolver el asunto de manera inmediata. Además era su amigo. Pero lo que ellos no pensaron en ese momento era que lo que sucedería después sería algo extraordinario que captaría la atención de todos, que serían testigos de algo más grande que lo que estaban esperando en principio. Así mismo sucede cuando en medio de nuestras oraciones el Señor guarda silencio, y éste es el que nos lleva a perseverar en oración, muchas veces es la manera como permanecemos conectados a EL mientras nuestra vida espiritual es fortalecida, diciéndonos de esa manera que esperar en Él nos garantiza una mayor victoria. Que a su tiempo nuestra confianza será recompensada.

2. El silencio de Dios nos ayuda a crecer en la fe.

María y Marta hicieron saber lo que estaba sucediendo con Lázaro, porque esperaban que el Señor vendría a sanarlo. Pero si esa expectativa no se cumplía, era difícil para ellas entenderlo. Marta sin embargo reconoce que Jesús era "el Cristo, el Hijo de Dios". (Jn 11.21-27). La fe de ellas en Jesús fue recompensada con un milagro extraordinario: la resurrección de su hermano. A veces, lo único que podemos oír cuando oramos, es el silencio de Dios. Esto puede ser frustrante y desalentador. Pero la Palabra dice que Dios está presente en todo tiempo y su silencio es temporal (Salmos 38:15 (Sal 38.15; He 13:5). Debemos apropiarnos de sus promesas mientras esperamos en los propósitos que aún no podemos ver en medio de ese silencio.

A su vez este suceso de la resurrección de Lázaro nos recuerda la incapacidad para salvarse o mantenerse vivo espiritualmente sin la presencia de Dios, nos recuerda su poder para rescatarnos y su gracia maravillosa dada por medio de Jesús. Aprovechemos el silencio de Dios para fortalecer nuestra comunión con El por medio de la fe que es fortalecida y así lleguemos a ver su gloria en nuestra vida. De algo debemos estar seguros, y es que todo lo que llevamos a la presencia de Dios tendrá una respuesta conforme a su voluntad y sus propósitos.

Oración.

Gracias Señor por enseñarnos que tu silencio es el puente para atravesar al otro lado donde están tus maravillosas respuestas. Amen.

Por: Rosana Quevedo Angel.
 

Comunidad Cristiana el Camino de Bogotá
Calle 98 No. 69 - 64 La Floresta - Teléfono: (57) (1) 358 67 27 - Bogotá D.C. (Colombia) - Powered by Ingeniero José Barrios Meléndez.