La Buena Parte del Día - Salmos 63:1-8

La Buena Parte del Día  - Salmos 63:1-8Salmo 63:1- 8. Oh Dios, tú eres mi Dios; de todo corazón te busco. Mi alma tiene sed de ti; todo mi cuerpo te anhela en esta tierra reseca y agotada donde no hay agua. Te he visto en tu santuario y he contemplado tu poder y tu gloria. Tu amor inagotable es mejor que la vida misma, ¡cuánto te alabo! Te alabaré mientras viva, a ti levantaré mis manos en oración. Tú me satisfaces más que un suculento banquete; te alabaré con cánticos de alegría. Recostado, me quedo despierto pensando y meditando en ti durante la noche. Como eres mi ayudador, canto de alegría a la sombra de tus alas. Me aferro a ti; tu fuerte mano derecha me mantiene seguro.

Nuestra comunicación con Dios es un beneficio incalculable que no tiene precio. Quien logra tener tiempos a solas con Dios recibe recompensas espirituales incalculables.

El salmista en este pasaje habla de grandes recompensas como la paz de su alma, energías renovadas, una vida espiritual creciente y sobre todo plenitud de una conexión con Dios permanente. Nuestro espíritu se alimenta con la oración de tal modo que la preocupación y la frustración pierden cabida en nuestra alma.

Cuando somos renovados en nuestro interior, físicamente nuestro cuerpo también refleja una renovación de fuerzas. Y es tan indescriptible la tranquilidad en nuestro espíritu a través de la oración que ni siquiera el salmista puede explicar como sucede, solo deja manifiesto que la adoración a Dios resulta en nuevas fuerzas, nuevo gozo, nueva mentalidad, nueva intimidad con Dios.

Este salmo nos deja ver que la oración es un dialogo con un ser personal que interactúa con nosotros en una verdadera comunicación, nos deja ver la necesidad de una dependencia divina y tener claro: "A quién oramos", "cuando oramos", "donde oramos" y "como oramos"?. A su vez nos muestra en esta hermosa oración que hay dos atributos esenciales que descubrimos a medida que hacemos de la oración un medio constante de comunicación personal con Dios.

1. Dios es mi Anhelo: Cuando entramos en esa búsqueda de la presencia de Dios a través de la oración se produce en nuestro ser un anhelo de buscar más de Dios. Entonces ya no vemos la oración como algo ritualista sino como una necesidad de comunicación entre nuestro ser interior con el único ser que nos conoce tal como somos. En el (ver. 1) "Oh Dios, tú eres mi Dios; de todo corazón te busco. Mi alma tiene sed de ti; todo mi cuerpo te anhela". Quien más conoce las virtudes de alguien, más quiere conocerle. El salmista conoce a Dios no como un ser lejano e intocable, sino como un ser íntimamente personal que produce en él un anhelo incesante de buscarle más y más. Quien ora no es un extraño para Dios, es un amigo anhelando más comunión en su espíritu, alma y cuerpo con ese ser que transmite a su vida la plenitud de todo, aun en medio de circunstancias difíciles, esto lo podemos percibir cuando dice: "todo mi cuerpo te anhela en esta tierra reseca y agotada donde no hay agua."

2. Dios es mi deleite: "Tú me satisfaces más que un suculento banquete; te alabaré con cánticos de alegría.". Cuando tenemos hambre un buen alimento produce satisfacción al cuerpo. Así mismo sucede en nuestro espíritu y alma. Nuestro ser interior requiere indispensablemente de un alimento espiritual y se fortalece con éste. La oración nos permite un alimento a base de la palabra de Dios, nos lleva a recordar lo que Dios ha hecho en nuestras vidas, nos permite tener sueños que estén enmarcado en los propósitos de Dios y proyectarnos a unas metas que sean seguras porque Dios nos revela en esa comunión todas sus promesas. Desde esta perspectiva la oración se convierte en un deleite, así como disfrutamos un delicioso plato para satisfacer nuestro cuerpo, el deleite de nuestro espíritu vienen a ser esos tiempos de oración con Dios.

A pesar de tanto beneficio que nos da el tiempo que pasamos con Dios, muchos no le damos la prioridad que esto requiere. Especialmente cuando estamos agobiados por tantos compromisos que ni siquiera tenemos la certeza que llegaremos a cumplirlos. O cuando el enemigo trae sentimientos de culpa por el pecado para hacernos creer que nuestros errores no nos permiten buscar esa presencia maravillosa, y de esta manera él logra el objetivo de alejarnos de Dios.

Pero debemos recordar que el Señor a través de la oración y su palabra purifica nuestros corazones día a día para que el carácter de Cristo se refleje en nuestras vidas. Antes debemos hacer de nuestro deseo de vencer cualquier situación la razón más fuerte que nos lleve a una relación más íntima y personal con Dios.

Al final de esta oración que el salmista expresa denota la seguridad que solo Dios puede dar cuando anhelamos su presencia y nos deleitamos en ella: "Recostado, me quedo despierto pensando y meditando en ti durante la noche. Como eres mi ayudador, canto de alegría a la sombra de tus alas. Me aferro a ti; tu fuerte mano derecha me mantiene seguro". Todos los que creemos en El podemos disfrutar de estas maravillosas promesas.

Oración.

Señor Gracias por tu palabra que nos lleva a anhelarte más, conduce nuestro espíritu a mayores tiempos de comunión contigo, que podamos decir con todo nuestro ser que hablar contigo es nuestro deleite. Amen.

Por: Rosana Quevedo Angel. 

 

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