La Buena Parte del Día - Lucas 7:41-47

La Buena Parte del día - Lucas 7:41-47Lucas 7:41-47. Entonces Jesús le contó la siguiente historia:—Un hombre prestó dinero a dos personas, quinientas piezas de plata a una y cincuenta piezas a la otra. Sin embargo, ninguna de las dos pudo devolver el dinero, así que el hombre perdonó amablemente a ambas y les canceló la deuda. ¿Quién crees que lo amó más? Simón contestó:—Supongo que la persona a quien le perdonó la deuda más grande.—Correcto —dijo Jesús. Luego se volvió a la mujer y le dijo a Simón: —Mira a esta mujer que está arrodillada aquí. Cuando entré en tu casa, no me ofreciste agua para lavarme el polvo de los pies, pero ella los lavó con sus lágrimas y los secó con sus cabellos. Tú no me saludaste con un beso, pero ella, desde el momento en que entré, no ha dejado de besarme los pies. Tú no tuviste la cortesía de ungir mi cabeza con aceite de oliva, pero ella ha ungido mis pies con un perfume exquisito. »Te digo que sus pecados —que son muchos— han sido perdonados, por eso ella me demostró tanto amor; pero una persona a quien se le perdona poco demuestra poco amor.

Este fragmento de la palabra en Marcos 7: 37-47 es la manera como Jesús responde ante la indignación de Simón un fariseo molesto por la acción de una mujer "pecadora" que tiene un acto de cortesía con Jesús, pero más allá es realmente un encuentro genuino con el Señor.

Los fariseos eran un grupo o secta de líderes religiosos judíos que vivían indignados por la cercanía de Jesús con los pecadores. De hecho no se evidencia claramente la razón por la cual este fariseo llamado Simón (vr.40), invito a Jesús a cenar. En el oriente estas reuniones de personas importantes con frecuencia se realizaban en los patios exteriores de las casas, y cuando se invitaban rabinos o estudiosos de la ley, todos tenían acceso, para escuchar las palabras de sabiduría que allí se exponían, por esta razón las personas que pasaban cerca podían fácilmente ver y unirse al momento. También en su cultura las personas comían reclinados ante la mesa en sofás muy bajos cerca al piso, y sus pies extendidos hacia afuera de la mesa y descalzos. Es por esto que la mujer pudo ungir los pies de Jesús de una manera accesible.

Simón entonces empieza a cavilar en su mente la tolerancia que Jesús tuvo al permitir ser tocado por esta mujer, ya que se suponía un profeta debía saber o discernir que alguien como ella (una pecadora) no debía tocarlo. Y es entonces en respuesta a esta actitud Jesús responde lo expuesto en este pasaje y de allí podemos ver 2 actitudes diferentes en quienes están involucrados en la historia y muchas veces son propias de quienes nos atrevemos a juzgar las actitudes y la vida de otros, sin contemplar la obra que Dios puede estar haciendo.

1. La actitud de Simón: Este hombre actúa con su mente, pero una mente no renovada sino viciada por la religiosidad. Se consideraba no necesitado de nada, y por tanto no sentía amor. Cuando Jesús le puso este ejemplo de los dos deudores (Vr 41- 43) lo que quería transmitirle en otras palabras era: "Tú falta de cortesía elemental me demuestra que no hay amor en ti y la razón por la cual no me amas es porque tú piensas que no necesitas el perdón que yo ofrezco." Este hombre se consideraba un hombre bueno y respetable ante los demás y ante Dios. Muchas veces creemos que el hacer actos de bondad nos hace merecedores de todo, pero realmente quien no basa su vida en reconocer que ha fallado y desea un cambio en su vida y lo procura a través de experimentar el amor de Jesús y su perdón, nunca podrá renovar su mente ni transformar su vida. Lo que Jesús nos enseña es que los actos de religiosidad nunca podrán hacer lo que logra el amor de Jesús en el corazón de una persona. La religiosidad te llevará a aparentar y a mentir pero el amor de Jesús confrontará tu corazón y lo llevara a una rendición y dependencia total de EL.

2. La actitud de la Mujer : La mujer desde el instante que vio a Jesús fue hacia su encuentro, porque ella reconocía su extrema necesidad, y por tanto estaba desbordada en atención y con amor hacia quien ella sabía podía suplirla de perdón y de amor y así mismo lo recibió. Lo único que nos impide la salvación de Dios es el pensamiento de nuestra propia suficiencia. El peor hecho de pecado es no tener conciencia de pecado, porque la necesidad de perdón es la que nos permite abrir la puerta hacia un cambio de vida genuino y transparente, al abrir el corazón a Jesús de manera vivencial y no religiosa nos hace experimentar el verdadero amor hacia Dios y hacia los demás. El reconocer que necesitamos y dependemos de Dios es nuestra mayor demostración de amor hacia Él.

Debemos cuidarnos de no caer en la religiosidad considerándonos "buenas personas", de tener prejuicios hacia otros por sus actos. Todos tenemos acceso al perdón sin excepción y el derramar nuestro corazón al Señor nos hará sensibles a su voz y a la manera como miramos la vida de los demás.

Oración.

Gracias Señor por enseñarnos que tu amor y tu perdón nos hace libres y dispuestos para permitir que hagas una obra perfecta y completa en nosotros.

Bendiciones.

Por: Rosana Quevedo Angel.

 

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