La Buena Parte del Día - Jeremías 18:1-6

La buen parte del día - Jeremías 18:1-6Jeremías 18:1-6 (NTV). El Señor le dio otro mensaje a Jeremías: 2 «Baja al taller del alfarero y allí te hablaré». 3 Así que hice lo que me dijo y encontré al alfarero trabajando en el torno; 4 pero la vasija que estaba formando no resultó como él esperaba, así que la aplastó y comenzó de nuevo. 5 Después el Señor me dio este mensaje: 6 «¡Oh, Israel! ¿No puedo hacer contigo lo mismo que hizo el alfarero con el barro? De la misma manera que el barro está en manos del alfarero, así estás en mis manos.
 
Esta porción de la palabra en el libro del profeta Jeremías era un mensaje dado por Dios, con el propósito de comunicar al pueblo de Israel que Él tenía la potestad de moldear sus vidas para hacerlos conforme lo que él deseaba, pese a su resistencia. Esta figura del alfarero no solo Dios la utilizó a través del profeta Jeremías, también el profeta Isaías declaró en (Isaías 64:8): "Y a pesar de todo, oh Señor, eres nuestro Padre; nosotros somos el barro y tú, el alfarero.

Todos somos formados por tu mano". Así mismo lo encontramos mencionado en el Nuevo testamento en la (segunda carta a los corintios 4:7) "Pero tenemos este tesoro en vasos de barro para que la excelencia del poder sea de Dios y no de nosotros". En toda la escritura Dios nos enseña a través de esta analogía que es Dios el alfarero de nuestras vidas y nosotros barro en sus manos. Pero más allá de conocer esta verdad, es interesante ver 4 elementos importantes que intervienen en el ejercicio del taller del Maestro por excelencia:

1- La labor del Alfafero (Dios). El oficio de un alfarero requiere de un propósito preconcebido, él no trabaja sobre el barro para experimentar que resulta aleatoreamente, y aunque el barro mismo no conoce su fin, el alfarero si conoce lo que quiere alcanzar, este oficio requiere no perder de vista en ningún momento su obra, mucha concentración, dedicación y contacto permanente con el barro, en él hay un interés desmedido por lograr una obra perfecta. El alfarero es quien tiene el control de la rueda donde es procesado el barro hecho arcilla. En la época del profeta jeremías las ruedas del alfarero no eran mecánicas, requerían de un trabajo completamente maniobrado por el alfarero, y la velocidad de la rueda donde yacía el barro la determinaba el pie y la mano del alfarero, por lo tanto el decidía si iba despacio o en otras ocasiones rápido. Nuestro alfarero tiene el control de la rueda en la que giramos, Él tiene sus ojos fijos en cada uno de nuestros movimientos, desea que no salgamos del contacto permanente con sus manos. Él nos sujeta todo el tiempo y permanece vigilante de que su obra avance pese a nuestra resistencia muchas veces y si es necesario comenzar de nuevo lo hace, hasta lograr el propósito esperado.

2- La rueda o el torno modelador (Nuestras circunstancias). Esta es la que porta en su derredor el barro en su proceso de formación, permite que el barro permanezca en movimiento, de esta misma forma actúan nuestras "circunstancias" atravesamos por ellas porque son necesarias para el resultado final, ella no es la que determina nuestro fin, pero hace parte del proceso, en ella estaremos momentáneamente, y es necesaria únicamente mientras recibimos forma en nuestro carácter, el tiempo que duremos en ella dependerá que tan dispuestos estamos a dejarnos moldear sin resistirnos. De cuantas preocupaciones nos libraríamos si confiáramos en que a través de las circunstancias el alfarero está obrando a nuestro favor, que aunque la rueda en la estemos no nos agrada a veces, ésta contribuye en el logro de una obra perfecta en nuestras vidas.

3- El barro (Nuestra vida): Es el único material que mezclado con el agua se puede adherir y dejar trabajar en una rueda de alfarero, es un material adaptable, moldeable, transformable, flexible pero también desafiante. Estas mismas características hacen parte de nuestra naturaleza humana con la que Dios trabaja día a día con nosotros. De un material tan insignificante el alfarero puede hacer vasijas únicas y maravillosas. Somos barro en sus manos, su creación perfecta recreada en Cristo Jesús para buenas obras que corresponden a su diseño (colosenses 3:10). El alfarero no desecha su barro sino por el contrario lo toma nuevamente y persiste en hacer de él lo mejor. Así mismo, Dios no nos desecha por nuestros errores, ni por nuestras falencias, nos toma en sus manos una y otra vez hasta cumplir su propósito, porque valemos la sangre de su hijo Jesucristo.

4- El agua (La palabra de Dios y su Espíritu en nosotros): Es un ingrediente esencial en manos del alfarero para beneficio del barro. El barro sin el agua sería inútil en las manos del alfarero, así mismo la palabra de Dios y su Espíritu es indispensable en nuestra transformación, porque la biblia identifica la palabra y el espíritu de Dios como el agua necesaria en nuestras vidas. (Efesios 5:25 – 27), como barro que somos necesitamos del agua que nos renueva y transforma, para ser moldeables, porque en nuestra propia dureza no podríamos serlo, y en su medida justa ella hace su obra. Cuando el barro mezclado con el agua, es vuelto arcilla ablanda su consistencia para que pueda girar en la rueda del alfarero y ceder entre sus dedos más suavemente. Sin la palabra de Dios y el poder su Espíritu sería imposible moldear nuestro carácter.

Tendremos procesos diferentes para ser vasijas de usos diferentes, nuestro alfarero no se equivoca, no desperdiciemos su esfuerzo y dedicación, porque será la única oportunidad de tener un fin verdaderamente valioso.

Oración.

Gracias señor porque en medio de todo como lo dijo el profeta Isaías, tu eres nuestro creador y sabemos que nos moldearas de la mejor forma en tus manos.

Bendiciones.

Por: Rosana Quevedo Angel. 

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