La Buena Parte del Día - 2 Timoteo 1:7

La Buena Parte del Día - 2 Timoteo 1:72 Timoteo 1:7. "Porque no nos ha dado Dios un espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio".

Vivimos en medio de una nueva generación que está inundada de corazones carentes de amor, familias disfuncionales, rechazo, baja autoestima y consumismo entre otras problemáticas. En general absortos en una sociedad que fácilmente coloca un velo de falta de identidad en los hijos de Dios, un velo que no permite ver la verdadera genética que Cristo nos proporciona en el nuevo nacimiento.

El propósito de Pablo al escribir esta carta era inspirar y fortalecer a Timoteo para la misión que tenía en Éfeso. Timoteo era joven y tenía la dura tarea de enfrentar un mundo difícil en el cual vivía siendo un cristiano. Así que, para mantener bien alto su carácter y su valentía el Apóstol Pablo le recuerda esta identidad que a través de la palabra ya el conocía pero debía ser reafirmadas en su mente y en su corazón.

Así mismo y a través de este pasaje Dios nos recuerda la identidad que poseemos en Cristo, y que nos proporciona la valentía continua para confrontar este mundo. Esta genética de la cual debemos tener conciencia clara nos dota de tres elementos esenciales:

1. PODER: Este es uno de los atributos de Dios, Él es omnipotente, y estar conscientes de su poder es lo único que transforma nuestra manera de pensar y de actuar, y nos da la facultad de que lo sobrenatural termine siendo lo natural en nuestra vida. La única manera en la que hombres de Dios en la biblia marcaron la diferencia fue la conciencia clara que tuvieron del poder de Dios en sus vidas. La misma conciencia que debemos tener sus hijos a través de su palabra. Este poder es aquel que produce la firmeza frente a cualquier circunstancia, frente al dolor, a la desilusión, y es el único poder capaz de superar el límite de resistencia y paciencia en medio de la adversidad. (Colosenses 2:9-10) Nos confirma esta capacidad dada por El. "Toda la plenitud de la divinidad habita en forma corporal en Cristo; y en él, que es la cabeza de todo poder y autoridad, ustedes han recibido esa plenitud".

2. AMOR: Este es la esencia misma de Dios, y el haber sido dotado de su propia esencia es el privilegio más grande y la razón suficiente para identificarnos con nuestro Padre Celestial. Este amor es el que da todas las cualidades de un verdadero hijo de Dios. El amor es lo único que provee al ser humano la capacidad de perdonar, ser humilde, tolerar y servir sin expectativas. Este amor es demandado en nuestras vidas por Dios como identidad con El, (1 Juan 4:8): "El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor".

3. DOMINIO PROPIO: También llamado Autodisciplina, y definido por algunos teólogos como "La sensatez de la Santidad". El dominio propio es la capacidad espiritual que Dios da a sus hijos para tener dominio de sí mismo. Tanto así que la palabra describe la falta de dominio como una ciudad expuesta al peligro sin defensa ni murallas en (Proverbios 25: 28) "Como ciudad sin defensa y sin murallas es quien no sabe dominarse." Es Cristo el único que puede dotarnos de esta gran virtud necesaria en nuestro carácter, con el fin darnos libertad y firmeza. El domino propio nos permite ser asertivos y consecuentes para poder guiar a otros en aquellas batallas que ya nosotros hemos librado. Ninguna persona puede dirigir a otros si no tiene la capacidad de dominio propio por medio de la obediencia a Cristo.

Debemos ser conscientes de quienes somos en Cristo y recurrir a ello para vencer cualquier circunstancia por medio del Poder, del amor y del dominio propio. Que estas virtudes hagan parte de nuestro carácter y de esta manera se cumpla en nosotros lo dicho por el Señor en (Juan 16:33) "Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo".

Oración.

Dios gracias por hablarnos a través de tu palabra y recordarnos quienes somos en ti. Ayúdanos a vivir en lo sobrenatural por medio de la identidad que nos has dado como hijos tuyos. Amen!.

Bendiciones.

Por: Rosana Quevedo Angel. 

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