Frutos

Frutos - Isaías 54:1-4
Pastor: David Bayuelo
Cita Biblica: Isaías 54:1-4
Fecha: Diciembre 20 de 2015
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Isaías 54:1-4. Regocíjate, oh estéril, la que no daba a luz; levanta canción y da voces de júbilo, la que nunca estuvo de parto; porque más son los hijos de la desamparada que los de la casada, ha dicho Jehová. 
Ensancha el sitio de tu tienda, y las cortinas de tus habitaciones sean extendidas; no seas escasa; alarga tus cuerdas, y refuerza tus estacas. Porque te extenderás a la mano derecha y a la mano izquierda; y tu descendencia heredará naciones, y habitará las ciudades asoladas. 
No temas, pues no serás confundida; y no te avergüences, porque no serás afrentada, sino que te olvidarás de la vergüenza de tu juventud, y de la afrenta de tu viudez no tendrás más memoria.

Sara anhelaba tener hijos. Lamentablemente, era estéril, y eso le producía un gran pesar. Además de que en su tiempo la esterilidad se consideraba una deshonra, existía otro motivo para su dolor. Ansiaba ver cumplida la promesa que Dios le había hecho a su esposo, al saber, que Abrahán engendraría una descendencia que supondría una bendición para todas las familias de la Tierra (Génesis 12:1-3).

Ahora bien, desde entonces habían transcurrido varias décadas, y todavía no eran padres. Sara había envejecido y seguía sin concebir ningún hijo. Puede que a veces se preguntara si sus esperanzas habrían sido vanas. No obstante, llegó el día en que su desesperación se tornó en gozo.

La angustiosa situación de Sara nos ayuda a comprender la profecía que se halla en el capítulo 54 de Isaías, en la cual se dirige la palabra al pueblo de Dios como si esta fuera una mujer estéril bendecida con la dicha de tener muchos hijos. Jehová manifiesta sus tiernos sentimientos para con su antiguo pueblo al representarlo como su esposa.

Podemos imaginar la emoción de Isaías al pronunciar estas palabras y cuánto consolará su cumplimiento a los judíos desterrados en Babilonia. En esos momentos, Jerusalén aún yace desolada. Desde una óptica humana, no parecerá que vayan a repoblarla, tal como no es de esperar que una mujer estéril tenga hijos en la vejez. Pero a esta "mujer" le aguarda una gran bendición: será fructífera. Jerusalén saltará de gozo, ya que de nuevo rebosará de "hijos", o sea, de habitantes.

Cuando Dios crea al hombre y la mujer de inmediato les otorga un mandato que nos permite descubrir su funcionalidad dentro de la creación: "Fructificad y multiplicaos" Esto le da sentido a haber sido creados por Dios y nos debe llevar a entender que la esterilidad o no procreación no era de ninguna manera una opción.

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