Oye, Mira, Contempla, Toca. ¡Te amo!

Oye, Mira, Contempla, Toca. ¡Te amo! - Jeremías 31:3-4
Pastor: Oscar Rosas
Cita Biblica: Jeremías 3:3-4
Fecha: Octubre 15 de 2017
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Tal vez cuando pensamos en una relación normal padre – hijo, dentro de los términos normales y naturales, siempre estamos pensando en el bienestar de ellos y que, los hijos alcancen todas aquellas cosas que nosotros no tuvimos, que nos fueron escasas o que simplemente lleguen mucho más lejos que nosotros (hablando en términos materiales y humanos).

Sin embargo, al momento de implantar disciplina o algún tipo de corrección en la vida de nuestros hijos, como padres podemos partir de dos puntos (i) de la ira o la frustración, o (ii) del amor. Pero desde el punto de vista del hijo, resulta difícil entender que detrás de aquellas disciplinas o amonestaciones exista un motivo realmente bueno y agradable.

Siempre me ha parecido interesante preguntarme cuando disciplino a mi hija, qué tanto ella se ha arrepentido de sus actos a través de esta acción o si al final del ejercicio, ella simplemente ha recibido una reprensión o un castigo que desde su óptica sigue siendo "injusto".

¿Por qué hago la reflexión? – Porque antes que padres, fuimos hijos y de hecho seguimos siendo hijos de Dios, pero de alguna manera, en nuestra relación con Dios, sucede que nos cuesta tener una relación adecuada con Dios porque podemos tener una visión distorsionada de la situación, de nuestra vida, o de Dios como padre; lo cual puede ser aún más distorsionado, si en nuestra relación familiar nuestros padres no cumplieron con su rol.

Esta situación de distorsión, nos lleva a que nuestra relación con nuestro Padre Celestial sea una relación que se fundamenta sobre principios que no permiten experimentar gozo y libertad, sino por el contrario, una relación disfuncional que no da fruto. Esto sucede cuando partimos de que Dios es un Dios injusto, cuando no nos sentimos dignos de su gracia, o cuando tomamos decisiones por el temor de las consecuencias y en general cuando tenemos una incapacidad de ver un aspecto fundamental que es el amor de Dios hacia nosotros.

El amor ha sido el pilar sobre el cual se ha sostenido toda la obra, creadora y redentora de Dios para con el Hombre.

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