Una cosa es la mente y otra la palabra de Dios

Una cosa es la mente y otra la palabra de Dios - Mateo 15:7-9Escuchar audio de esta predica Mateo 15:7-9 Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, cuando dijo: Este pueblo de labios me honra; Mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, Enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres.

Todos los hombres antes del sacrifico de Cristo estaban imposibilitados para vivir una vida de entera transparencia para con Dios, así que para tratar de acercarse a ello decidieron dejar de lado su Palabra e implantar una tradición que les permitiría dar muestras externas de honrarle pero que no tenía ninguna correspondencia con lo que realmente había en sus corazones. En otras palabras prefirieron sostener una vida de hipocresía.

Si hay algo que debe distinguir a un discípulo de Cristo es la transparencia absoluta en cada una de sus acciones, estas solo se pueden generan de un espíritu recreado del que solo proceden acciones coherentes y recurrentes conforme a la palabra de Dios.

Los fariseos poseían dos verdades una en su interior y que era la que realmente despertaba el interés de Dios y una exterior que procuraba el agrado particular de los hombres. Esta incoherencia los llevaría a ser reprendidos por Jesús a tal grado que sus mismos discípulos vieron como ofensivo lo dicho por el Señor.

A lo que Jesús le apunto al traer a colación las palabras del profeta Isaías en el texto que leímos fue a la supuesta santidad de la que hablaban los escribas y fariseo y que no era más que muestras externas producto de la tradición creada por ellos mismos, pero lo que el Señor buscaba era adoradores que le adoraran en espíritu y en verdad, personas integras en las que se hallara correspondencia entre sus labios y su corazón. El verdadero problema de estos grupos religiosos fue el terminar creyéndose las grandes mentiras creadas por ellos mismos, al punto de volverse ciegos y sordos no reconociendo la verdadera palabra cuando la tuvieron frente a sus ojos.

Un verdadero discípulo de Cristo reconoce su verdad posicional en Cristo llevándolo a ir abandonando toda dualidad en su vida.

Santiago 3:11 ¿Acaso alguna fuente echa por una misma abertura agua dulce y amarga? 3:12 Hermanos míos, ¿puede acaso la higuera producir aceitunas, o la vid higos? Así también ninguna fuente puede dar agua salada y dulce. El mensaje de Santiago persigue refutar el penoso abandono de ciertos deberes cristianos, al hacerlo, analizó la naturaleza de la fe genuina e instó a sus lectores a demostrar la validez de su experiencia con Cristo. El utiliza tres claros ejemplos que muestran la sujeción que expresa la naturaleza a la voluntad de Dios y como de ninguna manera se contradicen en la esencia que nuestro Padre les otorgo.

De esto surge una pregunta simple ¿Yo sé quién soy? ¿Soy Higos o Aceitunas? ¿Soy uvas o Higos? Este es uno de los grandes problemas que hoy enfrenta la iglesia de Cristo y es el desconocimiento absoluto de quienes somos. La falta de integración con la Palabra de Dios nos lleva a vivir como lo hacían los fariseos; con manuales de conducta que están muy lejos de la realidad de la palabra y muy cerca de las tradiciones impuestas por los hombres. Así como la biblia es la única que nos puede dar una descripción clara de quien es Dios, de igual manera ella es la que nos puede descubrir como individuos dentro de nuestra nueva naturaleza dada por Cristo, ya que el desconocimiento de ella nos conducirá a la dualidad en nuestras acciones.

El encontrarnos de continuo con la Palabra debe producir en nosotros cambios, ya que esta nos conllevara a descubrir quienes somos realmente en Cristo, abandonando nuestra tradición para caminar enteramente en su verdad. Jesús lo dijo de esta manera: conoceréis la verdad y la verdad os hará libres y el apóstol Pablo lo llamaría, sufrir una transformación a través de la renovación de nuestro entendimiento.

Un verdadero discípulo de Cristo vive conforme a lo que la Palabra dice y no conforme a lo que siente.

2 Pedro 1:19 Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones;

El apóstol Pedro establece la importancia que tiene y representa para los que hemos decidido seguir al Señor Jesús la palabra, esta es la única que tiene la capacidad de guiarnos en medio de la oscuridad y llevarnos a que esta valla desapareciendo de manera progresiva hasta que Jesús se haga visible en todas las aéreas de nuestra vida. Si realmente deseamos alcanzar esa plenitud que Dios ha determinado para nosotros como sus hijos debemos estar rendidos a su verdad y esta solo la podemos encontrar en su palabra. El salmista lo dijo de esta manera Lámpara es a mis pies tu palabra, Y lumbrera a mi camino. Salmos 119:105

El paso siguiente después de nacer de nuevo es despojarnos de nuestro sentir para darle paso a lo que la Palabra de Dios nos enseña, el apóstol Pablo nos dice en Efesios 4: 21 - 23 que el viejo hombre respondía a deseos engañosos que solo nos conducen hacia la autodestrucción y que por esto nos es necesaria una renovación de nuestro entendimiento. Antes vivíamos por instinto pero ahora lo debemos hacer por la guía del Espíritu Santo y esto solo se logra a través de su palabra.

Hoy en día escuchamos a muchas personas vivir por lo que sienten y la pregunta para hacerse es: ¿De dónde proceden las sensaciones? ¿es correcto vivir por ellas? La respuesta nos la entrega la palabra; todas ellas provienen del viejo hombre quien está infectado con deseos engañosos que solo nos conducen a ir en contravía a la perfecta voluntad de Dios.

Al otro día escucha a alguien decir que no se iba a perder la oportunidad de expresar lo que sentía y que lo último que espera era ser hipócrita pareciendo algo que no era, y aquí hay una sutil doctrina que puede conducirnos al error, porque es correcto ser realmente quien se es y se piensa, pero lo que no es correcto es vivir conforme a los sentimientos y considerar que eso me hace discípulo de Cristo. Si no hemos llegado a la capacidad de vivir y expresarnos conforme a la palabra podemos estar en dos orillas. La primera: Que no he recibido verdaderamente a Cristo en mi corazón o la segunda: definitivamente necesito una profunda transformación a través de las escrituras.

Este es un mundo lleno de ambigüedades y por desgracias estas han tocado la puerta de la iglesia, muchos de nosotros poseemos un código de cristiandad que de ninguna manera se asemeja a lo que bíblicamente Dios trazo y esto no se diferencia en nada a lo que los fariseos establecieron a través de sus tradiciones. Debemos tener mucho cuidado porque nuestro corazón puede estar engañándonos y llevándonos de manera vertiginosa en medio de sus sentires a no vivir en la plenitud de lo establecido por Dios. Por último recuerde que nosotros no somos seres sensoriales sino espirituales.

Todo lo que sale de la vida de un discípulo de Cristo debe responder a la esencia misma de su ser.

1 Pedro 1:23 siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre.

Este pasaje nos deja ver dos simientes, una corruptible y otra incorruptible, como semillas ellas terminaran dando fruto, pero los que hemos renacido de la semilla de Dios lo que saldrá de nuestro interior es una sola cosa y es incorruptibilidad. Cuando no estamos consientes de esto viviremos bajo la falsa creencia de que en nosotros hay dos naturalezas, omitiendo que por el conocimiento de Cristo el nos hizo participes de la naturaleza divina llevándonos a apartarnos de la contaminación del mundo. (2 Pedro 1: 4)

Hoy en día hay muchos cristianos echándole la culpa al diablo o a su otra naturaleza de las cosas que de manera continúan hacen mal, interpretan bajo su parecer las escrituras para seguir justificando sus actos y lo que no han entendido es que tienen que hacerse consientes de su verdadera condición: hijos de incorruptibilidad, y que después de aceptar a Cristo necesitan de una plena comunión por la Palabra y no de una nueva religión.

El apóstol Pablo en el capítulo 7 del libro de Romanos hace una extensa reflexión sobre la ley y su injerencia en el pecado y casi finalizando leemos una jerigonza narrada por el apóstol (Romanos 7:18 Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. 7:19 Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago) que en apariencia nos puede dejar pensando que debemos vivir sabiendo que finalmente el pecado se enseñoreara de nosotros, pero separar esto del lo que el continua diciendo en el capítulo 8 descontextualiza su verdadera intención que se resume en los versos 2, 3 y 4 Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. 8:3 Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; 8:4 para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.

Esto nos dice que: en Jesús tenemos todo el poder para vencer la corruptibilidad de la carne, ya que ella ya no es la que gobierna sino el Espíritu que hay en mí.

Un verdadero discípulo de Cristo permanecerá en lo que Dios le ha revelado a través de su Palabra.

Juan 8:31 Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; 8:32 y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.

1 Pedro 1:24 Porque: Toda carne es como hierba, Y toda la gloria del hombre como flor de la hierba. La hierba se seca, y la flor se cae; 1:25 Mas la palabra del Señor permanece para siempre. Y esta es la palabra que por el evangelio os ha sido anunciada. Pedro esta citando al profetas Isaías de memoria pero lo que persigue transmitir es que toda obra de la carne es efímera pero todo lo que produce el Espíritu es eterno.

Hay quienes creemos que hemos llegado un grado o nivel de madurez espiritual por cosas que hacemos de manera casual, lo cierto es que la verdadera revelación que ha iluminado nuestros sentidos espirituales solo será aquella que perdure para siempre. (Efesios 1:18 alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos,)

Cuando la verdadera revelación esta en nosotros se acabaran las fluctuaciones (Santiago 1:8 El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos.). Lo que Dios me ha revelado en su palabra permanecerá en mi corazón y nada lo cambiara.

Usted y yo a veces podemos preguntarnos porque si la palabra dice que para el que cree todo es posible ¿porque lo que deseo no pasa? y la razón es una sola, si la luz de la verdad de la palabra ya hubiera penetrado esa zona oscura que nos lleva a la duda no dejando fluir en la fe que se requiere con toda seguridad ya eso estaría en nuestras manos. Después que esto pasa no hay nada que detenga el milagro no hay nada que impida que la gracia de Dios la veamos es su mayor esplendor. (Santiago 1:6 Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra.)

2 Pedro 2:22 Pero les ha acontecido lo del verdadero proverbio: El perro vuelve a su vómito, y la puerca lavada a revolcarse en el cieno. Esto solo puede pasarle al que no ha tenido una experiencia genuina con la Verdad, pero el que ha conocido es imposible volver atrás, un encuentro con ella representa un cambio absoluto en nuestra esencia, es poseer una naturaleza nueva lista para honrar al Señor con los labios pero más allá tener el corazón muy cerca de Él.
 
Pastor: David Bayuelo
28 de Julio de 2013

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