Lo que unió Dios no lo separe el hombre

Lo que unió Dios no lo separe el hombre - Juan 14:22-24Juan 14:22 Le dijo Judas (no el Iscariote): Señor, ¿cómo es que te manifestarás a nosotros, y no al mundo? 14:23 Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él. 14:24 El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió.

Juan 14:22 Judas (no Judas Iscariote, sino el otro discípulo con el mismo nombre) le dijo: —Señor, ¿por qué te darás a conocer sólo a nosotros y no al mundo en general? 23 Jesús contestó: —Todos los que me aman harán lo que yo diga. Mi Padre los amará, y vendremos para vivir con cada uno de ellos. 24 El que no me ama no me obedece. Y recuerden, mis palabras no son mías, lo que les hablo proviene del Padre, quien me envió.

La Fidelidad.

Si hay algo que sustenta la fidelidad dentro de una relación es el amor y el apóstol Juan recopila esto en las palabras que salen de la boca del mismo Señor Jesús, quien nos enseña con claridad que lo que decimos sentir por Él se prueba cuando hacemos lo que el nos dice.

En Mateo 15:7 Jesús le dice a los fariseos: Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, cuando dijo: 15:8 Este pueblo de labios me honra; Mas su corazón está lejos de mí. 15:9 Pues en vano me honran, Enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres. Esta claro que el Señor dejaría al descubierto una practica común de este grupo religioso, quienes se ufanaban de su celo y amor por Dios pero no seguían su mandato si no que por el contrario se gobernaban por sus propios estatutos.

El apóstol Pablo nos lleva a entender de mejor manera este principio cuando explica a través de la analogía del matrimonio que el hombre es la cabeza de la mujer, lo que viene a ser Cristo para la iglesia, refiriéndose al gobierno que esta ejerce sobre el cuerpo, conduciéndonos a la sencilla conclusión que no hay ninguna posibilidad que este se dirija bajo su propio orden, así que si existe una verdadera conexión entre la cabeza y el cuerpo esta se vera reflejada en las acciones.

En algún momento de la vida todos aquellos que hemos creído en Jesús como Señor y salvador podemos llegar a preguntarnos que tan real es lo que ha pasado en nosotros y la forma más fácil de encontrar una respuesta es observando cuan fieles son nuestras acciones con lo que nuestra cabeza dice que es su voluntad. Esta tesis queda evidenciada cuando el Señor Jesús hace distinción entre dos grupos en el libro de Juan; los que le aman y los que no y la diferencia entre ellos esta en cumplir su mandato.

Solo aquellos que hemos aceptado a Jesús como Señor de nuestras vidas tenemos la capacidad de ser fieles.

Mateo 10:9 Por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre. 10:10 En casa volvieron los discípulos a preguntarle de lo mismo, 10:11 y les dijo: Cualquiera que repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra ella; 10:12 y si la mujer repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio.

Mucho se ha discutido con respecto a este texto que encontramos en las escrituras y lo que el Señor procuraba mostrar de fondo era la perfección indisoluble de la unión entre Él y aquella que sería su novia después de pagar por ella en la cruz del Calvario.

Antes de ser desposados por Jesús nuestra vida expresó amor y fidelidad a muchos señores, en otras palabras nos casábamos y divorciamos bajo nuestra conveniencia, pero a partir de que le aceptamos como Señor solo a él amaríamos y serviríamos para siempre. Claro esta; esto solo puede evidenciarse en alguien que efectuó un verdadero pacto.

Lo dicho por Jesús y registrado por Mateo prueba dos cosas: La primera es: que cuando Dios es el que establece la unión entre nosotros y su Hijo no hay quien pueda romper este lazo. En esto hay un detalle que muy pocos notamos y he aquí la respuesta por que hay matrimonios que se diluyen, incluso en el orden del cristianismo, la clave esta en: "Lo que Dios junto" Osea que si hay cosas que Dios junta, hay otras que Él no junta.

De hecho el apóstol Pablo es más explicito cuando habla del yugo desigual en 2 Corintios 6:14 No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porqué ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? 6:15 ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo?, es por esto que la única manera en que podamos unirnos a Jesús es siendo lavados por su sangre, para poder estar a al altura del novio siendo de un mismo espíritu incorruptible y Dios estará listo a casarnos. Dios nunca uniría a su hijo con alguien adultero por que entonces lo haría adultero a él.

Y lo segundo es que si en verdad se efectuó esta unión la infidelidad no es una opción para aquellos que nos unimos en este santo vinculo, en otras palabras es imposible que un hijo de Dios sea pueda llegar al adulterio. (Dejar a Dios para unirse en un vinculo matrimonial con otro señor)

Así que la aceptación de Jesús como Señor es una declaración de fidelidad eterna, que es de donde procede la expresión: "lo que unió Dios no lo separa el hombre"

Aveces uno pelea con la idea de como es posible que si una persona va a la iglesia y se llena su boca expresando que es cristiana puede tener ciertos comportamientos que expresan infidelidad a Dios, El Señor Jesús para esto tiene una respuesta y es que: "no todo el que me dice Señor, Señor entrara en el reino de los cielos", en otras palabras no todos los que dicen que Él es el esposo realmente lo es.

Solo aquellos que hemos aceptado a Jesús como Señor tenemos la capacidad de hacernos consientes de nuestro nuevo estado de fidelidad.

Mateo 19:5 y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne? 19:6 Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre.

El nuevo estado después de establecido el vinculo matrimonial es el que ahora son una sola carne, esto trae con sigo la revelación que al aceptar a Jesús como nuestro Señor nos haríamos uno solo con Él, es esta la razón por la cual Jesús nos dice en Juan 14:20 En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros.

Hay quienes nos casamos pero al no tener conciencia de nuestro nuevo estado deseamos tener un comportamiento que no corresponde con lo que se genero al entrar en el sagrado vinculo del matrimonio, el apóstol Pablo nos mostraría el orden que nos lleva a poder expresar una fidelidad correcta en Efesios 5:22 cuando nos dice: Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; 5:23 porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. 5:24 Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo. (Este es el principio que estudiábamos con anterioridad "Si me amas guarda mis mandamientos") 5:25 Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, 5:26 para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, 5:27 a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha. 5:28 Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. 5:29 Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia, 5:30 porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos. 5:31 Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. 5:32 Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia.

Si lo vemos en orden de lo natural nuestra relación matrimonial sufrirá un proceso de maduración que deberá terminar llevándonos a tener absoluta consciencia de nuestro verdadero estado, ya no nos veremos como seres individuales sino como uno solo, de la misma manera acontece en Cristo, ya no viviremos como si no tuviéramos conciencia de quien es nuestro Señor sino a medida que se nos revele la palabra que debemos obedecer estableceremos una sujeción para con Él en todo.

Hay mujeres que les cuesta sujetarse a sus maridos, ellas desean vivir vidas independientes y que nadie decida por ellas, les gusta tener la batuta en el hogar y determinar conforme a su voluntad y de esta manera jamás podrán expresar una verdadera fidelidad. La razón para que esto pase es por que no han alcanzado la conciencia que se requiere en el nuevo estado presente en su vidas, de igual manera pasa en aquellos que decimos ser la desposados por Cristo.

Solo aquellos que hemos aceptado a Jesús como Señor podremos tener conciencia del paso de fidelidad que hemos dado.

2 Corintios 5:15 y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.

Si el matrimonio debe ser un acto consiente, el unirnos a Cristo lo es aun más. Ahora vivimos entera y completamente para Él y prueba de ello es que ya no vivimos para nosotros mismos sino solo para él.

Por mucho tiempo se ha creído que porque alguien hace una confesión de labios ya viene a hacer parte de la iglesia desposada por Cristo (en este caso la llamada Oración de fe) pero la biblia es clara al establecer que esto no es suficiente y que se requiere creer con el corazón. Romanos 10:9 que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.

Dios no unirá a su hijo con alguien solo por que hace una confesión de labios, debe hallar convicción en su corazón para que esta unión pueda gestarse, es por esto que hay mucha gente que ve el cristianismo como una religión o como una moda o como cualquier cosa diferente a la aceptación de un Señor para su vida por la eternidad.

1 Pedro 3:1 Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas, 3:2 considerando vuestra conducta casta y respetuosa. 3:3 Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, 3:4 sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios. 3:5 Porque así también se ataviaban en otro tiempo aquellas santas mujeres que esperaban en Dios, estando sujetas a sus maridos; 3:6 como Sara obedecía a Abraham, llamándole señor; de la cual vosotras habéis venido a ser hijas, si hacéis el bien, sin temer ninguna amenaza.

Pastor: David Bayuelo
Febrero 9 de 2014

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