La ley no está perdida, sino escrita en nuestro corazón.

La ley no está perdida, sino escrita en nuestro corazón - Hebreos 10:16-17Escuchar audio de esta predica Hebreos 10:16 Este es el pacto que haré con ellos Después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones, Y en sus mentes las escribiré, 10:17 añade: Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones.

Hay quienes solemos creer que nuestros pecados fueron borrados por arte de magia y esta es la razón por la cual dentro de esta dispensación no llegamos a considerar la presencia de un atributo esencial de Dios como lo es la justicia. De ninguna manera podemos considerar que el Dios Padre se hizo el de la vista ciega con todos los pecados que antes habíamos cometido, ya que para poder darnos lo que hoy poseemos como lo es la vida abundante se requirió que alguien redimiera nuestra deuda.

Nuestro Señor Jesús nos ha mostrado a través de su sacrificio, que no se puede jugar con la ley, y que cada transgresión y cada desobediencia deben recibir una justa retribución, pues el pecado que llevó por nuestra cuenta trajo sobre Él, -como nuestro sustituto inocente-, la condenación del sufrimiento y la muerte. El Señor ha testificado a través de su muerte que aunque el pecado sea perdonado, no es quitado sin un sacrificio expiatorio. Así que cuando el Santo hirió a Su propio Hijo, Su ira en contra del pecado se hizo evidente para todos.

Pero esto no basta. Jesús, no sólo compenso a la ley con su sacrificio, sino que está también fue honrada por la obra hecha por el Espíritu de Dios al ser escrita en el corazón de los hombres, ya que mientras el antiguo pacto los mandamientos de la ley animaban a nuestras naturaleza perversa a la rebelión, bajo el pacto de gracia logramos comprobar que esta es buena, y nuestra oración siempre deberá ser, " Oh Señor, enséñanos a hacer tu voluntad". Lo que la ley antes no pudo lograr debido a la debilidad de nuestra carne, Jesús lo alcanzo por medio del Espíritu de Dios. Así que la ley debe ser tenida en honor entre los creyentes, ya que ella nos causara deleite en nuestro hombre interior.

No nos olvidemos jamás que la salvación para todos los hombres fue gratuita, pero alguien tuvo que pagar por ella.

Examinemos los diferentes detalles que nos muestra el pasaje objeto de nuestro estudio.

Los hombres podemos sentirnos acobardados por el poder, pero sólo somos convertidos en seres fieles por amor.

Éxodo 20:18 Todo el pueblo observaba el estruendo y los relámpagos, y el sonido de la bocina, y el monte que humeaba; y viéndolo el pueblo, temblaron, y se pusieron de lejos. 20:19 Y dijeron a Moisés: Habla tú con nosotros, y nosotros oiremos; pero no hable Dios con nosotros, para que no muramos.

Bajo el antiguo pacto, la ley de Dios fue promulgada de un modo aterrador, mas no aseguró una fiel obediencia. Dice la escritura que Dios bajó al Sinaí, y todo el monte humeaba, porque Jehová había descendido sobre él en fuego; y el humo subía como el humo de un horno, y todo el monte se estremecía en gran manera. Era tan terrible la visión de Dios manifestándose a Sí mismo, que los hombres espantados y temblando pidieron a Moisés que mejor él hablara con ellos después de escuchar la instrucción Divina para no morir. Una voz aterradora proclamó uno a uno los diez grandes estatutos y las ordenanzas de la ley moral. La gente a la distancia, con un término señalado alrededor del monte, se encontraba encorvada y sumida en un pavor desmesurado, suplicando por fin que no se les dijeran más esas palabras directamente a ellos. Tan terrible era el sonido de la voz de Jehová, aun cuando no estaba declarando venganza sino simplemente exponiendo la justicia, que el pueblo no lo pudo soportar más. Para preservar aún más esa ley, Dios mismo la grabó en dos tablas de piedra, y puso esas tablas en las manos de Moisés. Pero estas leyes sobre piedra no fueron conservadas: ni las piedras ni las leyes fueron reverenciadas. Moisés no había permanecido en el monte por mucho tiempo, pero ya la gente que una vez estuvo sumida en el asombro se estaba inclinando delante de un becerro de oro construido por sus propias manos, se olvidaron de lo ocurrido en el Sinaí y de la solemne voz que habían escuchado. Cuando Moisés bajó del monte con las inapreciables tablas en sus manos, vio al pueblo enteramente entregado a una ruin idolatría, y en su indignación arrojó las tablas al suelo y las quebró, al ver cómo el pueblo las había quebrantado espiritualmente violando cada palabra del Altísimo.

Por todo lo que vimos con anterioridad Dios tendría que buscar la forma de asegurar la obediencia a su ley de una manera muy diferente, ya no la promulgaría con truenos como lo hizo en el monte Sinaí, ni la grabaría en tablas de piedra, sino que vendría a nuestros corazones en absoluta bondad e infinita compasión, e inscribiría los mandamientos de Su ley en tablas de carne, de tal manera que llegaran a ser gozosamente obedecidos, y los hombres pudieran ser convertidos en siervos fieles de Dios.

Hebreos 10:16 Este es el pacto que haré con ellos Después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones, Y en sus mentes las escribiré.

"Pondré mis leyes en sus corazones". De la misma manera que las santas palabras fueron grabadas sobre piedra, así serán escritas ahora en el corazón, con la misma mano de Dios. Observen que la ley no es puesta sobre el corazón, sino en el corazón, en su propio tejido y constitución, de tal forma que allí se infunde la obediencia como principio vital en el centro y núcleo de nuestro ser. Si Dios escribe Su ley en el corazón, entonces el ojo purificara sus miradas, la lengua hablara verdad, la mano y el pie viajaran hacia donde Dios diga. Cuando el corazón está plenamente influenciado por el Espíritu de Dios, entonces la voluntad y el intelecto, la memoria y la imaginación, y todo lo demás que constituye el hombre interior se coloca bajo una alegre sumisión al Rey de reyes. Dios mismo dice: "Dame, hijo mío, tu corazón," pues el corazón es la llave de acceso a todo. De aquí la sabiduría suprema del Señor al establecer Su ley donde se torna eficaz.

La conclusión de esto es que la ley no es realmente observada nunca como resultado del miedo. Podemos escuchar predicar de la ira de Dios y los terrores del mundo venidero, pero esto nunca tendrá el poder para cambiar el corazón de tal forma que terminemos prestando obediencia fiel. Lo que realmente va a pasar es que nos rebelaremos todavía más y más; ya que el hombre es tan obstinado que entre más se le ordene, más se rebela. Los mandamientos en las paredes de nuestra iglesia o de nuestra casa tendrán sus fines, pero nunca podrán ser, mientras no sean escritos también en el corazón.

Los hombres podemos sentirnos acobardados por el poder, pero sólo somos convertidos en seres fieles por lo escrito en nuestro corazón.

Hebreos 10:16 Este es el pacto que haré con ellos Después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones, Y en sus mentes las escribiré.

¿Qué es lo que Dios escribe? Dios escribe en los corazones de su pueblo aquello que ya ha sido revelado; no escribe allí nada nuevo y sin revelar, sino Su propia voluntad que ya nos ha dado en el libro de la ley. Él escribe en el corazón mediante una operación de gracia, lo que ya ha escrito en la Biblia. Él no escribe filosofía, ni imaginación, ni superstición, ni fanatismo, ni fantasías ociosas. Observemos que Dios dice: "pondré todas mis leyes en sus corazones. La obra de Dios es completa en todas sus partes, y hermosamente armoniosa. No escribe un mandamiento y deja fuera el resto como hacen muchos en sus propias reformas. Aquellos que se indignan contra un pecado en particular, pero obran desordenadamente en otros. La ebriedad es para ellos la más condenable de todas las transgresiones, pero toleran la avaricia y la inmundicia. Denuncian el robo, y sin embargo defraudan; vociferan en contra del orgullo, y sin embargo se entregan a la envidia: así son parciales, y hacen falsamente la obra del Señor. No debe ser así. Dios no pone delante de nosotros una santidad parcial, sino la ley moral completa. "Escribiré mi ley en su corazón." Las reformas humanas son generalmente sesgadas, pero la obra de gracia del Señor es balanceada y proporcionada. El Señor escribe la ley perfecta en los corazones de los hombres, porque tiene la intención de producir hombres maduros. Además, esta ley permanece en su memoria. Cuando teníamos la ley escrita sobre una tabla, debíamos ir necesariamente a nuestra casa para mirarla, pero ahora la llevamos con nosotros en el corazón a todas partes, y sabe de inmediato lo que es correcto y lo que es incorrecto. Dios nos ha dado un criterio mediante el cual juzgamos todas las cosas. Descubrimos con facilidad que "no todo lo que brilla es oro", y que todo lo que pretende ser santo, no lo es. Separamos lo valioso de lo vil, y hacemos eso habitualmente; pues nuestro conocimiento de la ley de Dios y su recuerdo de ella van acompañados por un discernimiento de espíritu que Dios ha obrado en nosotros, de tal forma que discernimos rápidamente aquello que es acorde con la mente de Dios y lo que no lo es.

Si alguien me dijera: "Dios ha escrito tal y tal cosa en mi corazón", lo más seguro es que le responda: "muéstramelo en la biblia", pues si no está acorde con las Escrituras, no es la escritura de Dios. Hoy hay falsas doctrinas o vientos de doctrina que pueden parecer relevantes y podrán estar en el corazón de algunos hombres notorios, pero si Dios no lo escribió en su palabra, Su propia declaración nos lo aclara: "escribiré mi ley en su corazón", y no habla de nada más allá de eso. Contentémonos con tener su ley puesta en nuestro corazón, y no nos perdamos en falsas imaginaciones, para que no terminar decepcionados gravemente por creer en mentiras.

El punto principal de todo radica en que, cuando nuestra naturaleza era una vez contraria a la ley de Dios, todo lo que Dios prohibía era deseado de inmediato por nosotros, y todo lo que Dios ordenaba era un disgusto para nosotros; pero el Espíritu Santo vino y cambia nuestra naturaleza y la hizo congruente con la ley, de tal forma que ahora todo lo que Dios prohíbe, nosotros también lo prohibimos, y todo lo que Dios ordena, nuestra voluntad también lo ordena. Esto nos muestra cuánto mejor es tener la ley escrita en el corazón que sobre tablas de piedra.

Los hombres podemos sentirnos acobardados por el poder, pero sólo somos convertidos en seres fieles cuando es Dios el que escribe su ley en nuestro corazón.

Hebreos 10:16 Este es el pacto que haré con ellos Después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones, Y en sus mentes las escribiré,

Lo primero es que Dios es el que tiene derecho de redactar en nosotros su ley. Él hizo el corazón; es Su tabla: puede escribir allí lo que quiera. Como arcilla en las manos del alfarero, así somos nosotros en sus manos.

Lo segundo es que solo Dios puede escribir la ley en el corazón. Nunca será escrita allí por ninguna otra mano. La ley de Dios no puede ser escrita en el corazón por algún poder humano. Como predicador a menudo he expuesto la ley de Dios y su Evangelio, pero yo sé que no he penetrado más allá del oído: únicamente el Dios vivo puede escribir en el corazón vivo. Esta es una obra maravillosa que ni los ángeles pueden llevar a cabo. Como únicamente Dios puede y debe escribir allí, sólo Él obtendrá la gloria de esa escritura cuando sea perfeccionada.

Cuando Dios escribe, Él escribe perfectamente. Ustedes y yo hacemos manchones y borrones: pero cuando Dios escribe, los borrones o errores no tienen ningún lugar. Ninguna santidad puede sobrepasar la santidad producida por el Espíritu Santo cuando Su obra interna está completada en su totalidad.

Además, Él escribe indeleblemente. Cuando Dios escribe el diablo no podrá sacar ni una de las letras escritas por Él en nuestro corazón. Cuando el Espíritu Santo ha llegado con todo el poder de Su divinidad y ha reposado en nuestra naturaleza, y ha grabado en ella la vida de santidad, entonces puede venir el diablo con toda su malvad y astucia, pero no puede borrar nunca las líneas escritas por Él Señor. Llevamos en nuestros corazones las señales del eterno Dios y Señor, y las llevaremos eternamente. Las rocas grabadas muestran las inscripciones durante mucho tiempo, pero los corazones grabados las llevan por siempre y para siempre.

Jeremías 32:40 nos dice: Y haré con ellos pacto eterno, que no me volveré atrás de hacerles bien, y pondré mi temor en el corazón de ellos, para que no se aparten de mí.

En otras palabras Dios en su bondad ha puesto en nosotros sus principios eternos que impiden que los hijos de Él pequemos.

Los resultados de que la ley haya sido escrita en nuestros corazones frecuentemente son:

  1. Una sensación profunda de pobreza espiritual acompañada y de la necesidad de Dios. Mateo 5:3 Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
  2. Un dolor asociado al arrepentimiento por haber vulnerado su ley por tanto tiempo. 5:4 Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.
  3. Una mansedumbre que nos permite comportarnos como súbditos que horran a su Señor al deleitarse en su ley. 5:5 Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.
  4. Se producirá en nosotros un deseo ferviente por renovar nuestro entendimiento con la justicia de Dios. 5:6 Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.
  5. Nuestro corazón se llenara de un amor incomprensible por nuestro prójimo que nos permitirá mostrar la misma misericordia de nuestro Padre. 5:7 Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
  6. Disfrutaremos y experimentaremos el sentir y vivir en la santidad que nos otorgó esta ley escrita en nuestro corazón. 5:8 Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.
  7. Nos convertiremos en aquellos que al compartir lo que ha pasado en nosotros ayudaremos para que otros hombres hagan la paz con Dios. 5:9 Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
  8. Nos mantendremos firmes en el precepto establecido en nuestro corazón así suframos persecución. 5:10 Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.
  9. Seremos felices aunque nos vituperen por causa de Cristo y llevaremos su nombre como el más alto estandarte en nuestra vida. 5:11 Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo.
Pastor: David Bayuelo
Marzo 30 de 2014 

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