La primera piedra

La primera piedra - Lucas 9:54-56Escuchar audio de esta predica Lucas 9:54 Viendo esto sus discípulos Jacobo y Juan, dijeron: Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, como hizo Elías, y los consuma? 9:55 Entonces volviéndose él, los reprendió, diciendo: Vosotros no sabéis de qué espíritu sois; 9:56 porque el Hijo del Hombre no ha venido para perder las almas de los hombres, sino para salvarlas. Y se fueron a otra aldea.

Contrario a lo que nosotros los hombres solemos creer la gracia y el amor de Dios son tan extensos que sin ninguna duda no cabrían ni a lo largo y ancho de todo el universo. Si nos revisamos con cuidado descubriremos que poseemos una mirada más asociada con la miopía de los fariseos que con la de un Jesús lleno de amor que tiene el poder para traspasar lo más profundo de nuestro ser y discernir el más íntimo de nuestros pensamientos, es esta la razón por la cual cuando alguien falla nuestro dedo inquisidor no solo realiza un juicio rápido y contundente sino que establecemos la condena que consideramos más apropiada para aquel que ha caído.

Cuando pensamos en salvación a pesar de saber lo que dice la palabra nuestras acciones pueden reflejar el creer que no todos la merecen e incluso que debe ser arrebatada del corazón de aquellos que no se comportan dentro del redil de Dios como nosotros consideramos. Pero si tan solo colocamos nuestros ojos en Jesús y lo seguimos a través de sus acciones, incluso nos puede dar la impresión de que él es un Dios permisivo delante de la aplicación de justicia que nosotros impartiríamos y lo que no hemos comprendido es que hasta el atributo de ser Justo está enmarcado en su amor infinito.

La escritura nos narra en el evangelio de Juan capítulo 8 la historia de una mujer que fue encontrada en el mismo acto del adulterio y a través de ella podemos ver la medida desmesurada que los hombres tienen de sí mismos, todos a la vez vociferaban de la autoridad que poseían para juzgar y condenar a otro ser humano, pero Jesús con la sabiduría que lo caracteriza los mediría con la misma vara que ellos median conduciéndolos a descubrir que la talla de ninguno era mayor que la de esta mujer. Lo más hermoso de esta historia es que en ella el Señor devela toda la intención de su corazón; poder salvar hasta el último de los hombres e impedir a toda costa que vallan al infierno. (2 Pedro 3:9 El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento).

Así comenzamos hoy con este sermón titulado: La primera piedra.

Algo que debemos considerar es que todos nosotros un día pecamos y que aún lo hacemos.

1 Juan 1:8 Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros.

En el contexto de este pasaje el apóstol Juan está dando indicaciones que lo que persiguen es dejar al descubierto una serie de herejías que se han estado levantando al interior de la iglesia promovidas por un grupo de gnósticos, estos han estado impartiendo la idea de que el pecado no es algo que esté presente en la vida de los hombres y así llevarlos a negar que necesitan arrepentirse para poder ser partícipes de la gracia de Dios. Es por esta razón que Juan nos lleva a estar conscientes de que el pecado estuvo presente un día en en nuestras vidas y que aun la imperfección en nuestras almas lo llevara a manifestarse en algunas ocasiones, pero si negamos esta realidad viviremos auto engañados. Ahora, Juan no está diciendo con esto que nosotros podemos vivir pecando incluso lo aclara en sus líneas anteriores: "Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad" o como lo dijo el apóstol Pablo: "¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?"

Juan 15:2 nos dice: Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto.

Dentro del contexto de nuestra redención lo que Dios quiere que usted y yo descubramos es que aún queda mucha tela por cortar, que a pesar de estar seguros que somos sus hijos su mano necesita seguir podando nuestra imperfección, así que lo mejor que podemos hacer es no darnos una medida más alta de la que realmente poseemos y que finalmente puede llevarnos a convertirnos en seres inmisericordes creyendo que somos superiores a los demás.

Debemos tener mucho cuidado con la soberbia, ya que esta puede conducirnos con mucha facilidad a la perdición. Los evangelios registran una historia real contada por Jesús de unos hombres que se presentaron ante Él pavoneándose de todas sus hazañas: "¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?". Esto es una característica que no falta en las personas que tiene una consideración muy alta de sí mismos, ellos antepondrán con arrogancia lo que creen que son y el espíritu superior que los caracteriza, verán a los demás como inferiores y que incluso tienen la capacidad para juzgar y condenar las faltas de los demás, no siendo reprendidos por nadie por su alta e inalcanzable medida. No podemos permitirnos como dice Juan auto engañarnos porque si esto pasa lo más seguro es que la verdad que es Cristo no está en nuestro corazón.

Ahora usted puede hallarse arrogancia en el presente y haber sido salvo, ¿pero cómo puede vivir seguro de que lo es si la soberbia sigue imperando en su corazón? ¿esperara encontrase frente a Cristo como estos hombres para probarlo? Lo mejor es que con toda humildad podamos reconocer que necesitamos que Dios siga podando nuestras vidas y así poder estar seguros de aquello que paso en nosotros fue genuino.

Algo que debemos considerar es que Dios también ama al que peca.

1 Juan 2:1 Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. 2:2 Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.

La forma diminutiva con que arranca este verso deja ver la viva presencia del amor de Dios en el, pero también el vivo deseo de no querer vernos pasar por la amarga experiencia del pecado. El Señor reconociendo que aun vivimos en el fragor de la lucha con nuestra carne no deja sin solución cualquier falla que podamos presentar, él nos entrega un Ayudador con la provisión de su sangre para limpiarnos una y otra vez en medio de nuestras caídas. Es claro que el apóstol con la expresión "hijitos míos" se está refiriendo a aquellos que hemos recibido la salvación de Cristo, pero sin embargo luego abre el espectro para decir que el amor de Dios sigue cobijando a todo aquel que se arrepiente para recibirlo como salvador.

Juan 8:10 nos dice: Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? 8:11 Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más.

Si miramos con detalle esta era una oportunidad en medio del amor de Dios para que todos los presentes no solo descubrieran su condición de pecadores, sino para que se arrepintieran de ella, pero finalmente en escena solo quedaría una mujer para recibir la remisión de sus faltas por parte de Jesús.

Esto debe llevarnos a pensar en el alcance que tuvo, que tiene y que tendrá el sacrificio de Cristo, de ninguna manera podemos llegar a creer que Dios está esperando que los hombres tropiecen para enviarlos a la paila del infierno, por el contrario el desea que ninguno de nosotros experimentemos la desgracia del pecado, por lo tanto colocara tanto en su palabra como en nuestros corazones cuanta señal sea necesaria para que no tropecemos. Pero si llegamos a hacerlo el será propicio a extender su mano para otorgarnos una nueva oportunidad.

Juan 3:16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Este texto nos dice mucho de la afirmación de que Dios ama al que peca, ya que la biblia es clara al expresar, "que de tal manera amo Dios al mundo" haciendo referencia a la montaña gigantesca de pecadores por la cual entrego a su Hijo, no nos dice de ninguna manera que amo a los que le amaban, o a los que cumplían su mandato, sino a todo aquel que estaba separado de su gloria por su pecado.

Algo que debemos considerar es que Dios ha dejado la puerta abierta para que el que ha pecado puede regresar.

1 Juan 1:9 Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.

Hay muchas cosas aquí, pero la más trascendente es la necesidad de no pasar por alto la confesión para poder ser restaurados en nuestra comunión con Dios. Ahora Juan se refiere a Dios como fiel: en otras palabras lo que Él dice lo cumple, en este caso el dejar la puerta abierta gracias a la provisión hecha por Jesús en la cruz. Y lo segundo como Justo: y lo que terminamos viendo es que su justicia es una muestra de amor y comprensión para con todos aquellos que hemos fallado.

La pregunta que debemos hacernos es: ¿Si así opera la fidelidad y la justicia de Dios con los que han pecado, porque nosotros somos tan implacables que estamos dispuestos a cerrarles la puerta a los que fallan? Esto nos lleva a saber que es equivoco comportarnos como el hermano del hijo prodigo, quien expreso molestia por la infinita misericordia del Padre cuando este regreso a casa, o como los hombres que arrastraron con toda su furia a la mujer adúltera esperando que Jesús la condenara a la pena de muerte o como Jacobo y Juan quienes querían implorar para que cayera fuego del cielo y consumiera la aldea de los samaritanos, si somos de Dios debemos tener su mismo espíritu y este es el profundo deseo de salvar y no condenar.

Mateo 18:23 Por lo cual el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos. 18:24 Y comenzando a hacer cuentas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos. 18:25 A éste, como no pudo pagar, ordenó su señor venderle, y a su mujer e hijos, y todo lo que tenía, para que se le pagase la deuda. 18:26 Entonces aquel siervo, postrado, le suplicaba, diciendo: Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. 18:27 El señor de aquel siervo, movido a misericordia, le soltó y le perdonó la deuda. 18:28 Pero saliendo aquel siervo, halló a uno de sus consiervos, que le debía cien denarios; y asiendo de él, le ahogaba, diciendo: Págame lo que me debes. 18:29 Entonces su consiervo, postrándose a sus pies, le rogaba diciendo: Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. 18:30 Más él no quiso, sino fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase la deuda. 18:31 Viendo sus consiervos lo que pasaba, se entristecieron mucho, y fueron y refirieron a su señor todo lo que había pasado. 18:32 Entonces, llamándole su señor, le dijo: Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste. 18:33 ¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti? 18:34 Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía. 18:35 Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas. No podemos ser tan implacables cuando reconocemos que un día también fuimos deudores.

Si asimilamos el espíritu que impera en nuestro Dios, no debemos sorprendernos a la hora de encontrarnos de manera inesperada con personas que nunca creímos que compartirían con nosotros la eternidad. 1 Corintios 3:15 Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego.

Esto prueba que de ninguna manera lo que nos califica para entrar al cielo es lo que hagamos o dejemos de hacer en el tiempo que permanezcamos en esta tierra, si no la aceptación del sacrificio hecho por Cristo Jesús en la cruz del calvario. Efesios 2:8 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 2:9 no por obras, para que nadie se gloríe.

Incluso dentro del orden de su disciplina, Dios tiene unas maneras de disciplinar que muchas veces no caben en nuestras mentes, así que no debemos engañarnos así que hay que hacer una revisión continua de nuestras acciones a través de la palabra.

Algo que debemos considerar es que cuando pecamos nuestra alma no se sentirá en paz.

Salmos 51:11 No me eches de delante de ti, Y no quites de mí tu santo Espíritu.51:12 Vuélveme el gozo de tu salvación, y espíritu noble me sustente.

Ciertamente durante algunos meses, David vivió sin hacer una confesión pública de su pecado, pero, sin duda, sentía dolores en su corazón, pues la gracia no había detenido su obra; había una chispa en medio de las cenizas que Natán reavivó, que nos muestra que David no estaba muerto, pues de lo contrario el cerillo que el profeta aplicó no hubiera alumbrado tan rápidamente.

Cuando estamos fallando una muestra clara de que la verdad está en nuestro corazón es que solemos sentir un profundo dolor y al primer estimulo de su amor correremos prontamente con un corazón contrito y humillado a su presencia.

Lucas 15:17 Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! 15:18 Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. 15:19 Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros. 15:20 Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó.

Si no tenemos la capacidad para regresar es por porque nunca fuimos hijos, porque solo le que es hijo ha probado el amor del Padre.

Mateo 12:1 En aquel tiempo iba Jesús por los sembrados en un día de reposo; y sus discípulos tuvieron hambre, y comenzaron a arrancar espigas y a comer. 12:2 Viéndolo los fariseos, le dijeron: He aquí tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer en el día de reposo. 12:3 Pero él les dijo: ¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y los que con él estaban tuvieron hambre; 12:4 cómo entró en la casa de Dios, y comió los panes de la proposición, que no les era lícito comer ni a él ni a los que con él estaban, sino solamente a los sacerdotes? 12:5 ¿O no habéis leído en la ley, cómo en el día de reposo los sacerdotes en el templo profanan el día de reposo, y son sin culpa? 12:6 Pues os digo que uno mayor que el templo está aquí. 12:7 Y si supieseis qué significa: Misericordia quiero, y no sacrificio, no condenaríais a los inocentes; 12:8 porque el Hijo del Hombre es Señor del día de reposo. No debe quedarnos ninguna duda que Dios estableció su ley para salvación y preservación y no para condenación.

Pastor: David Bayuelo E.
Abril 27 de 2014 

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