La paciencia un requisito para la fidelidad

La paciencia un requisito para la fidelidad - Santiago 1:2-4Escuchar audio de esta predica Santiago 1:2 Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, 1:3 sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. 1:4 Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna.

La mayoría de nuestros períodos de espera son triviales, pero a veces se presentan en situaciones de enorme importancia. ¿Cómo reaccionamos cuando nuestro problema de salud no mejora, cuando una relación sigue tensa, o cuando tenemos un problema con el empleo? Una señal de madurez espiritual es la capacidad de mantener la calma bajo estrés, adversidades o sufrimiento.

Esto no significa necesariamente que nos sentimos menos presionados, sino que en medio de la dificultad sabemos que Dios está obrando para nuestro bien, ensanchando nuestra fe y moldeándonos a imagen de su Hijo. No es resignación fatalista, sino la fe firme en el buen propósito del Señor al permitir la prueba.

Dios rara vez obra de acuerdo con nuestra agenda. En nuestra desesperación, podemos ponerle plazos, y si Él no cumple en el momento en que esperamos que lo haga, tomamos el asunto en nuestras propias manos. Me pregunto cuántas veces nos perdemos las bendiciones de Dios porque nos negamos a esperar en Él. Cada vez que tenga la sensación que Dios se demora, recuerde que Él es siempre fiel y que nos dará lo que necesitemos de la mejor manera posible y en el momento perfecto.

Dios quiere que respondamos con calmada aceptación a los períodos de espera, confiando en su soberanía sobre cada situación. A pesar de que la demora puede parecer molesta y sin sentido, el Señor utiliza estos tiempos para ayudarnos a madurar. Una de las primeras lecciones que debe aprender un niño es cómo esperar. Nuestras demostraciones de irritación y enojo son, en realidad, versiones adultas de las rabietas infantiles. Cada vez que sienta que está guardando enojo en su corazón, recuerde que esta es una oportunidad para elegir una respuesta madura en vez de actuar como un niño.

Para quienes hemos creído en la persona de Jesucristo, la paciencia es una virtud que debemos cultivar. No se nace con ella. Por el contrario, la paciencia es un fruto espiritual que se desarrolla con el tiempo (Gálatas 5.22, 23). Sin ella, nunca llegaremos a ser las personas que Dios desea que seamos, ni lograremos lo que Él tiene dispuesto que hagamos.

La verdadera paciencia es aquella que sabe esperar.

1 Samuel 16:13 Y Samuel tomó el cuerno del aceite, y lo ungió en medio de sus hermanos; y desde aquel día en adelante el Espíritu de Jehová vino sobre David. Se levantó luego Samuel, y se volvió a Ramá. 2 Samuel 5:4 Era David de treinta años cuando comenzó a reinar, y reinó cuarenta años.

Una espera de 17 años seria la que conduciría a David a poder cumplir con lo que Dios había establecido como propósito para su vida, de hecho a esta se sumaría una serie de adversidades como la injusta persecución de su rey que buscaba destruirle a toda costa. Este hombre se vería obligado a abandonarlo todo para embarcarse en una escuela en la que ninguna lección estaría demás; días de transitar bajo el inclemente sol del desierto, noches frías y bajo el peligro de las fieras que lo acechaban, el lamento continuo de quienes se convertirían en sus compañeros de sufrimiento, en algunas ocasiones el escaso alimento y otras la dura roca de la cueva donde debía recostar cada noche su cabeza. Lo cierto es que nada sobro, todo fue suficiente para lo que vendría.

Juan 2:3 Y faltando el vino, la madre de Jesús le dijo: No tienen vino. 2:4 Jesús le dijo: ¿Qué tienes conmigo, mujer? Aún no ha venido mi hora. Treinta años transcurrieron para que el Señor pudiera ejecutar la misión que se le había encomendado, sin duda su Padre había estado preparándolo para ello, pero de igual manera todas las cosas que se requerían que estuvieran listas a su alrededor. Jesús con mucho cuidado y en medio de la espera sabría discernir el tiempo propicio para develarse al mundo.

Dios es plenamente conocedor de los tiempos y en particular de lo que aun nuestra vida requiere que sea formado para poder estar listos para recibir lo que Él ha establecido, el llegar al reconocimiento de Dios como el que sabe en qué momento debe gestarse cada cosa es el principio para alcanzar el fruto de la paciencia.

La verdadera paciencia es aquella que no se adelanta.

1 Samuel 24:4 Entonces los hombres de David le dijeron: He aquí el día de que te dijo Jehová: He aquí que entrego a tu enemigo en tu mano, y harás con él como te pareciere. Y se levantó David, y calladamente cortó la orilla del manto de Saúl. David tuvo dos oportunidades para tomar el asunto en sus propias manos. Saúl y su ejército siguieron una pista que ubicó a David en la región de En-gadi. En cierto momento, Saúl eligió una cueva como lugar para hacer sus necesidades, sin darse cuenta de que David y sus hombres estaban escondidos en la misma. Esta parecía ser la ocasión perfecta para que David asesinara a Saúl y se apoderara del reino. De hecho, sus hombres pensaron que esa era la manera como el Señor finalmente le daría el trono. Pero David se acercó sigilosamente a Saúl, y simplemente le cortó el borde su manto; después dijo a sus hombres que no podía matar al rey ungido del Señor. Cuando Saúl finalmente salió de la cueva, David lo llamó a gritos, y utilizó el pedazo de su manto como evidencia para demostrar que seguía siendo leal a él. Qué oportunidad aparentemente más valiosa para acortar el camino, David pudo terminar con su padecimiento, pero la usanza que Dios le estaba dando a esta situación lo conduciría a perderse valiosas lecciones que serían necesarias para aprender la paciencia que se requerían para gobernar el reino.

1 Samuel 13:8 Y él esperó siete días, conforme al plazo que Samuel había dicho; pero Samuel no venía a Gilgal, y el pueblo se le desertaba. 13:9 Entonces dijo Saúl: Traedme holocausto y ofrendas de paz. Y ofreció el holocausto. 13:10 Y cuando él acababa de ofrecer el holocausto, he aquí Samuel que venía; y Saúl salió a recibirle, para saludarle. 13:13 Entonces Samuel dijo a Saúl: Locamente has hecho; no guardaste el mandamiento de Jehová tú Dios que él te había ordenado; pues ahora Jehová hubiera confirmado tu reino sobre Israel para siempre.

Este relató deja en evidencia que si había un fruto que faltaba en la vida del rey Saúl era la paciencia, ya que tras el afán del pueblo de tener un rey a este hombre le quedaron faltando muchas lecciones que le hubiesen permitido tener lo necesario para aprender a esperar en Dios, de hecho la biblia nos registra que contrario a David quien tuvo que pasar por todo un proceso, Saúl solo sufrió el que su corazón fuera mudado de un solo tajo para llegar con rapidez a ocupar el trono de la nación de Israel.

Hay quienes nos preguntamos si no estaremos despreciando alguna oportunidad en medio de las dificultades que enfrentamos, pero la manera de comprobar si es de Dios y si es su tiempo, es preguntándonos si esta vulnera algún principio establecido por el Él, en el caso puntual de David observamos que su análisis estuvo suscrito a dos cosas, la primera: que la opinión de los hombres que estaban a su alrededor iba en contra posición a la palabra de Dios y lo segundo: el redargüir del Espíritu Santo con respecto a lo que hizo.

La verdadera paciencia es aquella que requiere de algunas características

La FE. David sabía que el Señor le daría el trono, aun cuando no veía ninguna evidencia. Si Dios nos diera de inmediato todo lo que promete, no habría razón para andar por fe. Cuando el tiempo de Dios no coincide con nuestras expectativas, tenemos dos opciones: tomar la iniciativa o esperar en Él. David eligió confiar en el tiempo del Señor en vez del suyo, sin importar las consecuencias. Es posible que no haya entendido por qué tenía que esperar, pero sabía que Dios cumpliría su promesa a su debido tiempo. Hebreos 11:1 Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.

La sensibilidad. El Señor siempre es fiel para corregirnos cuando nos adelantamos a su voluntad, pero la pregunta es: ¿Estamos prestando atención? Cuanto más cerca andemos del Señor, más podremos escuchar su voz e ir de la mano con Él. Mateo 6:34 Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.

La sabiduría. Cuando se les presentó la vía para cambiar de estilo de vida, los hombres de David la vieron como una puerta abierta de parte del Señor. Pero David miraba, más allá de la circunstancias, lo que había en el corazón de Dios. Podía percibir que el consejo de sus hombres no armonizaba con la voluntad del Señor. ¿Cómo podía él, egoístamente, quitarle la vida a alguien, para favorecer la suya? Cuando miramos las situaciones desde una perspectiva bíblica, la sabiduría guarda nuestro camino y nos protege de decisiones insensatas. Proverbios 1:7 El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; Los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza.

La obediencia. David estaba resuelto a obedecer los mandatos del Señor, aunque eso significara seguir siendo un fugitivo, pues matar al ungido rey de Israel sería pecado. El camino de la obediencia no siempre es fácil. En realidad, puede ser bastante costoso. Decir sí a Dios puede implicar decirle no a lo que uno quiere.

El valor. Esperar el tiempo del Señor exige valor, especialmente cuando eso afecta a quienes están cerca de nosotros. Cuando David decidió esperar en el Señor, sus hombres tuvieron que sufrir las consecuencias junto con él. Esto significaba que tendrían que seguir huyendo y escondiéndose de Saúl. Pero en vez de escoger una solución rápida, David tuvo la fuerza y el valor para salir en defensa de la voluntad de Dios, y con ello preservó a sus hombres de cometer un error trágico.

La perseverancia. David estuvo dispuesto a soportar la persecución durante el tiempo que el Señor considerara necesario. Sabiendo que Dios estaba en control de la duración y la intensidad de su aflicción, y que estaba obrando de acuerdo con su buen propósito, el futuro rey decidió permanecer en una situación difícil en vez de elegir el camino fácil. Tomar atajos para escapar de las dificultades o los sufrimientos prolongados nunca es la respuesta a nuestros problemas. La única manera de recibir todos los beneficios que Dios tiene para nosotros, es confiar en Él y esperar pacientemente que actúe a nuestro favor.

La longanimidad. Tal vez el ejemplo más sorprendente de la paciencia, fue la nobleza que tuvo David para con Saúl, quien lo estaba maltratando. No tomó venganza, sino que lo trató con amor y respeto. Quizás usted tiene un "Saúl" en su vida que le está causando dificultades. Pídale al Señor que le dé un espíritu de longanimidad como el de David, para que pueda ver el valor de esa persona y tratarla con dignidad.

Son numerosos los beneficios que usted obtiene cuando desarrolla la paciencia. Enriquece sus relaciones, transforma su carácter, trae paz y alegría, y le equipa para servir eficazmente a Cristo.

Pastor: David Bayuelo
Mayo 18 de 2014 

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