Todo lo tengo por basura

Todo lo tengo por basura - Filipenses 3:7-8Escuchar audio de esta predica Filipenses 3:7 Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo.

Mateo 16:26 Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?

Pablo era un hombre de una sola idea y era que el evangelio de Cristo había saturado totalmente su alma. Él no podía pensar en nada más ni hablar de nada más, sino de la gloria del Cristo crucificado.

Importantes acontecimientos políticos ocurrieron en los días del Apóstol pero no puedo recordar ninguna alusión a ellos. Se tenían que resolver grandes problemas sociales pero la primera y única solución para él fue la predicación de ese gran Salvador que fue destinado para limpiar los corazones donde se acumula la corrupción del mundo. Para Pablo sólo había una cosa por la que valía la pena vivir y por la que también era digno de morir. Él no consideraba su vida valiosa sino por una sola razón: haber ganado a Cristo y ser encontrado en Él.

Por eso mismo su ánimo se levantaba o se abatía de acuerdo con la prosperidad o el declinar del reino de Cristo. Cuando escribe una Epístola, su humor varía de acuerdo a la condición espiritual de la gente a quien escribe. Si la fe de ellos crece grandemente y la Palabra de Dios es proclamada en su seno, su tono es de alegría. Pero si declinan en la Gracia Divina, si hay divisiones entre ellos, si la doctrina falsa causa estragos en ellos como un lobo en el rebaño, entonces su espíritu es solemne y escribe con una mano pesada. En este caso Pablo lamenta la condición de aquellos que no podían ver lo que era tan sencillo para él mismo y es que nada en este mundo podía estar por encima del hecho que ahora pudiera vivir en Cristo.

Él vio muy claramente la gloria de su Señor y ese precioso Evangelio construido sobre ella y se maravillaba que otros no pudieran verla también.

Pablo tenía claro que no había nada más grande e incomparable que estar en Cristo.

Filipenses 3:2 Guardaos de los perros, guardaos de los malos obreros, guardaos de los mutiladores del cuerpo. 3:3 Porque nosotros somos la circuncisión, los que en espíritu servimos a Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús, no teniendo confianza en la carne. 3:4 Aunque yo tengo también de qué confiar en la carne. Si alguno piensa que tiene de qué confiar en la carne, yo más: 3:5 circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo; 3:6 en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible. 3:7 Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo.

Pablo acaba de atacar a los maestros judíos, y de insistir en que son los cristianos, y no los judíos, los que tenemos la verdadera circuncisión y somos el pueblo del pacto. Sus oponentes podrían haber intentado objetarle: "Pero tú eres cristiano, y no sabes de lo que estás hablando; tú no sabes lo que es ser judío". Así que Pablo presenta sus credenciales, no para presumir, sino para mostrar que había disfrutado de todos los privilegios de un judío, había alcanzado todas las prerrogativas a que cualquier judío podía aspira. Sabía lo que era ser judío en el más alto sentido de la palabra, pero había renunciado a todo ello a sabiendas por causa de Jesucristo. Cada frase de este catálogo de los privilegios de Pablo tiene un sentido especial; veamos uno a uno.

Había sido circuncidado a los ocho días de nacer. Ese había sido el mandato que le había dado Dios a Abraham: así que Pablo lo que pretende es dejar en claro que él no es un Ismaelita, que se circuncidaba a los trece años, ni un prosélito que hubiera llegado más tarde a la fe judía y se hubiera circuncidado en la madurez. Subraya que había nacido en la fe judía y que había cumplido sus ceremonias desde su nacimiento.

Era de la raza de Israel. Cuando los judíos querían hacer hincapié es su relación especial con dios en su sentido más único usaban la palabra israelita. Israel es el nombre que Dios le dio a Jacob después de su lucha con Él. Era de Israel de quien de una manera especial recibían su herencia. De hecho, también los ismaelitas eran descendientes de Abraham, porque Ismael fue el hijo que tuvo Abraham de Agar; los Edomitas también eran descendientes de Isaac, porque Esaú, el fundador de su nación era hijo de Isaac, los Israelitas eran los únicos que podían trazar su descendencia desde Jacob, a quien Dios había puesto el nombre de Israel. Al llamarse israelita, Pablo subrayaba la pureza absoluta de su ascendencia.

Era de la tribu de Benjamín. Es decir, no solo era Israelita, sino que pertenecía a la elite de Israel. La tribu de benjamín ocupaba un lugar especial en la aristocracia de Israel. Benjamín había sido hijo de Raquel, la esposa predilecta de Jacob, y fue el único de los Doce Patriarcas que nació en la tierra prometida. Fue de la tribu de Benjamín de donde procedió el primer rey de Israel. La tribu de benjamín ocupaba el puesto de honor en la formación de guerra de Israel, y el grito de guerra de Israel era: ¡En pos de ti, Benjamín! Así que cuando Pablo afirmaba que era de la tribu de Benjamín quería decir que no era un israelita de tantos, sino que pertenecía a la aristocracia de Israel.

Era un hebreo de hebreos. Esto no es lo mismo que decir que era un verdadero israelita. El detalle es que había docenas de millares de judíos en Roma y en Alejandría eran más de un millón y se negaban testarudamente a ser asimilados por las naciones donde vivían; retenían fielmente su propia religión y costumbres y leyes, pero ocurría a menudo que olvidaban su lenguaje ancestral. Así que Pablo está diciendo que una de las consideraciones para verse como un verdadero judío se cumple en el por qué el habla perfecta mente en su lengua natal.

En cuanto a la ley Fariseo. Por lo que se refería a la ley se había educado para ser fariseo. No había muchos fariseos, nunca más de seis mil: pero eran los atletas espirituales del judaísmo. Su nombre quería decir: Los separados. Se habían apartado de la vida corriente y de todas las tareas ordinarias para hacer que su único objetivo fuera guardar la Ley en todos sus más mínimos detalles.

En cuanto a su celo religioso. En el judaísmo había sido un perseguidor de la iglesia. Para un judío, el celo era la cualidad más elevada de la vida religiosa.

En cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible. No hay nada que puedan objetar de mí, ni testificar contrario al cumplimiento de la ley.

Pero lo interesante lo diría ahora, "Me he pasado la vida tratando de llegar a la debida relación con Dios. Traté de encontrarla mediante la estricta sumisión a la a ley judía; pero encontré que la ley y todos los procedimientos eran menos que inútiles para lograr tal fin, me resulto una pura ... skybala" Skybala tiene dos significados; en la etimología popular se consideraba lo que se les echaba a los perros; en el argot de la medicina quiere decir estiércol.

La pregunta que debemos hacernos es; ¿por qué nosotros llegamos a la consideración que no es suficiente con Cristo?, el apóstol se está despojando de todo aquello que muchos de nosotros a veces perseguimos tener y la declaración que nos enseña la palabra a través de Pablo es que todo esto es basura, porque si tenemos a Dios en nuestro corazón entonces lo tendremos todo.

Esto prueba que usted y yo no poseemos nada de que gloriarnos.

Para Pablo el estar en Cristo no era motivo de vergüenza sino un verdadero motivo para enorgullecerse.

Romanos 1:16 Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego.

Pablo entendía claramente el valor de lo que Dios por su gracia le había concedido, por tal motivo él no se avergonzaba de lo que ahora poseía, esto era realmente su verdadera corona, jamás las cosas añadidas.

Hay quienes tenemos el evangelio en poco y con ello a Cristo, como nos asusta que nos reconozcan como cristianos porque parece que expresáramos inferioridad, contrario a esto el apóstol Pablo halla que es lo único realmente relevante por lo cual enorgullecerse.

En nuestro viaje a Cuba el pastor que nos guio por nuestra misión nos decía que en su nación el ser cristiano era como ser una persona de tercera clase, sobre todo porque los que profesaban su fe en Cristo eran vistos como ignorantes, a lo que yo le respondí que esto no era diferente en mi nación. Por esta razón hay muchos cristianos aspirando a poseer lo que el mundo tiene para esconderse detrás de ello, como si esto les diera una medida más alta que la que Cristo ya nos otorgó. Debemos recordar que nosotros no somos lo que ostentamos materialmente, o los títulos que poseemos o el abolengo otorgado por nuestros ancestros, usted y yo somos lo que Cristo hizo de nosotros y eso es incomparable e irremplazable; Usted y yo somos hijos del único y verdadero Rey, ese es nuestro nuevo linaje y jamás podrá compararse con absolutamente nada. (Hoy hay cristianos, y más halla hombres que sirven a Dios procurando entrar a los círculos de la sociedad mundana, desean aparecer en las páginas sociales de los periódicos y tomarse fotografías con las autoridades que lo que representan es corrupción, quieres tener acciones en clubes para otorgarle algún valor a sus apellidos y vestir como la sociedad lo hace. Tenga mucho cuidado porque lo que nos enriquece a nosotros ya lo tenemos, lo demás como lo diría el apóstol Pablo son; "eskivalas".

Pablo dijo en 2 corintios 5:17 De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. Y todas son todas, las cosas anteriores jamás podrán compararse para establecerse como superiores, no hay nada que añorar de nuestro pasado o encontrar orgullo en ello.

Números 11:4 Y la gente extranjera que se mezcló con ellos tuvo un vivo deseo, y los hijos de Israel también volvieron a llorar y dijeron: ¡Quién nos diera a comer carne! 11:5 Nos acordamos del pescado que comíamos en Egipto de balde, de los pepinos, los melones, los puerros, las cebollas y los ajos; 11:6 y ahora nuestra alma se seca; pues nada sino este maná ven nuestros ojos.

No cometamos el error del pueblo Israel que despreciaron el mana por añorar lo que Dios los había llevado a dejar atrás en Egipto. Jesús dijo que Él era el mana que había descendido del cielo, así que cuando añoramos lo que dejamos tras estaremos despreciándolo a Él.

Pablo jamás claudico entre dos pensamientos él sabía que no había nada más alto que Cristo.

Pablo sabía que los logros no lo llevaban a la debida relación con Dios, por el contrario se convertían en grandes estorbos.

Filipenses 3:13 Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, Pablo no se dejó atar absolutamente por nada de lo que su mente o los demás consideraran como importante, él comprendía que todo ello lo había metido en una vida de mentiras y de aparente celo religioso. Ahora lo que primaba era su relación con Dios esa verdadera que había alcanzado a través de Cristo, así que había olvidado lo que quedaba atrás y tendría que extenderse hacia ese proyecto establecido por Dios para su vida.

Usted y yo no hacemos absolutamente nada guardando o añorando la basura de nuestro pasado, por el contario el despojarnos de ella nos hará proyectarnos hacia los planes que Dios ha suscrito para nuestras vidas. No permitamos que nos pase lo del pueblo de Israel que su cuerpo marchaba hacia la tierra prometida, pero su corazón se había quedado en Egipto, usted y yo no tenemos nada que envidiarle al mundo, este es el mensaje claro que Dios quiso expresarnos a través de Pablo.

Solo un reconocimiento con humildad de corazón de que Cristo es la única y verdadera razón de la vida nos conducirá a la debida relación con Dios.

Hechos 9:3 al 6 nos dice: Mas yendo Pablo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo; y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Él dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón. El, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer.

El encuentro personal de Pablo con Cristo lo llevo a sentir tal incapacidad que lo sujeto desde ese instante a una dependencia absoluta de Jesús. Pablo dejo de actuar en su propia prudencia o por la indicación de su tradición, para darle paso a una verdadera relación. Llego a sentirse tan indefenso y desvalido que terminaría haciendo una confesión de absoluta dependencia como la que un día hizo el salmista de Dios "42:1 Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, Así clama por ti, oh Dios, el alma mía"

Hoy es el día para presentarnos a Dios no con lo que nosotros creemos que somos sino con la confesión humilde que esta lista a preguntarle: Señor, ¿qué quieres que yo haga?

Lo que debemos preguntarnos es ¿A que estamos aferrados?, a un apellido, a lo aparente, a un título, a bienes materiales porque si es así no le habremos aprendido absolutamente nada a nuestro Cristo.

Filipenses 2:5 Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, 2:6 el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, 2:7 sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; 2:8 y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.

Si había alguien que tenía a que aferrarse era Cristo y no lo hizo, como no vivir nosotros bajo ese mismo sentir.

Pastor: David Bayuelo
Octubre 19 de 2014  

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