Dios: Padre, Amigo y Esposo

Dios: Padre, Amigo y Esposo - Juan 1:11-13Escuchar audio de esta predica Juan 1:11 A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. 1:12 Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; 1:13 los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.

No sé si lo sabía pero hay distintas maneras de relacionarse con Dios.

¿Alguna vez ha pensado en Dios como "Papá"? Gálatas 4: 6 dice: "Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre!". Abba" es una palabra aramea que significa: Papá, papito. Es una expresión de cálido afecto, intimidad y respeto por el padre de uno. Ahora, para algunos esto podría parecer una forma irreverente de dirigirse a Dios, pero Jesús llamó a Dios "nuestro Padre", en Mateo 6: 9, y nos dio a nosotros el mismo derecho. En América los hijos llaman a su padre "papá", pero en el Medio Oriente dicen "Abba". Jesús dice que podemos llamar al gran Dios del universo "Abba Padre" ¡Papá!

¿Alguna vez ha pensado en Dios como amigo? Suponga que si yo le pido a usted que caracterice su relación con Dios. ¿Es Él un amigo con el que se encuentra de vez en cuando? ¿O es alguien que está incluido en todos los aspectos de su vida? Lo más probable es que la naturaleza de su vínculo esté en algún punto intermedio. Cualquiera que sea el estado de su relación con el Señor, tenga la seguridad de que Él quiere que sea algo más íntima y más significativa. Dios desea tener una relación tan fuerte y profunda, que las palabras compañerismo y comunión no pueden describirla totalmente. Él nos creó para tener intimidad con nosotros.

¿Alguna vez ha pensado en Dios como esposo? Fue del Señor y solo de Él la idea de establecer una relación eterna con nosotros los que somos su iglesia. Una relación indisoluble absolutamente irrompible y en donde la idea del divorcio o la separación de ninguna manera cabe. Cuando leemos las primeras líneas del Génesis puede pasar desapercibida una bendición concebida por Dios como lo es el matrimonio, pero allí se encuentra incorporada y con una intención clara; esconder un misterio que luego sería develado en la persona de Cristo Jesús.

Dios Padre.

Juan 1:11 A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. 1:12 Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; 1:13 los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.

Más aún, su propio pueblo Israel (los suyos) no le recibió. ¿acaso su llegada fue en vano? Desde luego que no, ya que Dios mismo le dio un pueblo, aquellos que le recibieron en fe, reconociendo el tremendo significado de su nombre (Salvador); ellos recibieron el gran privilegio de ser hechos hijos de Dios. De inmediato Juan nos dice que la fe que es igual a creer en su nombre y el privilegio de ser hijo de Dios provienen directamente de Dios, de modo que también la fe es obrada por Dios. "Los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de varón, sino de Dios", por consiguiente, el nuevo nacimiento es obra del Señor y no tiene nada que ver con la descendencia natural humana, como muchos judíos pensaban. Ellos creían que por ser hijos de Abraham, eran hijos de Dios; no entendieron que el nuevo nacimiento depende solamente de la voluntad del Padre.

A veces escuchamos frases como "la paternidad de Dios, y la hermandad de los hombres"; estas terminantes palabras expresan la idea equivocada de que Dios es el Padre de todos, y de que todos somos hermanos (Ecumenismos). Jesús ahonda en el asunto cuando dice a los fariseos incrédulos: "Mi palabra no halla cabida en vosotros. Yo hablo lo que he visto cerca del Padre; y vosotros hacéis lo que habéis oído cerca de vuestro padre" (Juan 8:37, 38). Por esta razón sabemos que hay dos padres espirituales en el universo. Uno es Jehová, el Padre del Señor Jesucristo. Pero, ¿quién es el otro? Jesús se los explicó claramente: "Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Él ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él... Y a mí, porque digo la verdad, no me creéis" (Juan 8:44, 45).

Cuando oramos, ¿con qué nombre nos dirigimos a Dios? Aunque todos los excelsos títulos que le hemos dado son correctos, como cristianos tenemos el maravilloso privilegio de llamar "Padre" a Dios.

La posibilidad de tener una relación así con Dios, fue una idea revolucionaria introducida por el Señor Jesús en Mateo 6:9. El Antiguo Testamento contiene apenas quince referencias a Dios como "Padre", y éstas se refieren fundamentalmente a Él como el padre del pueblo hebreo; la idea del Señor como un Dios personal de las personas, no es evidente sino hasta el Nuevo Testamento. "Padre", que aparece 245 veces en el Nuevo Testamento, fue la palabra favorita de Jesús para referirse a Dios; la mencionó catorce veces sólo en el Sermón del monte, y también utilizó este nombre para comenzar a orar (Mateo 5-7). El propósito de Jesús es revelar que Dios no es solamente una fuerza trascendente en algún lugar del universo, sino más bien un Padre celestial amoroso y personal que está profundamente interesado en los detalles de nuestra vida.

Muchas personas, incluso los creyentes, no piensan que Dios sea un padre tan cercano, especialmente si se hallan viviendo en desobediencia o si el modelo de padre terrenal no fue el más adecuado. Pero la Escritura se refiere una y otra vez a Él como "Padre". Así que si hay algo determinante en la vida de un cristiano es poder albergar en su corazón la imagen de Dios como Padre, ya que esto nos permite poder tener la absoluta confianza que se requiere para acceder no solo a su presencia, sino a cada derecho obtenido al convertirnos en sus hijos.

Dios es el Padre de los desamparados. Salmos 27:10 Aunque mi padre y mi madre me dejaran, Con todo, Jehová me recogerá.

Si hay algo que caracteriza al Señor a través de toda la escritura es su especial cuidado por los huérfanos y los hijos desamparados, está claro que la idea concebida en su corazón de recogernos en su seno a través de Cristo estaba en marcha. Efesios 1:5 en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad.

En nuestras culturas occidentales la adopción aun es un tabú y aquellos que hemos venido a hacer parte de una familia diferente a nuestra familia biológica se tiene la idea que no poseemos los mismos derechos o reconocimiento, pero contrario a esto Dios deja en firme en su palabra la idea de que nuestro estado al aceptar a Jesús como salvador es de coheredad con su Hijo y con el pueblo que un día escogió para constituirlo como su familia.

Dios amigo.

Juan 15:15 Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer.

Hemos ganado con este nuevo calificativo, el de amigos de Cristo. Ahora todo se nos ha declarado y ya no tenemos el simple rol de siervos, pues la servidumbre no tiene por qué saber lo que su señor hace. ¿Pero qué es lo que nos ha dado a conocer? No solo se refiere a un pasado ligado al tiempo previo en que nos nombró sus amigos, Sino que también se refiere a todo lo que nos seguiría declarando hasta sellar el libro, como lo anuncia el Apocalipsis.

Los beneficios de ser amigos de Dios son maravillosos; la Biblia nos dice que "los que buscan a Jehová no tendrán falta de ningún bien" (Salmo 34:10). Pero no seremos llevados por inercia, de manera accidental a una relación significativa con Él; el secreto para desarrollar intimidad con Dios es actuar decididamente teniendo ese fin en mente. Como dice en 1 Crónicas 22:19: "Poned, pues, ahora vuestros corazones y vuestros ánimos en buscar a Jehová vuestro Dios". ¿Cómo podemos, entonces, buscar con tesón y conocerle mejor?

Por la Biblia—La Biblia es la relación escrita de los atributos de Dios y de la manera como Él actúa. Muchos cristianos leen uno o dos pasajes cada mañana, pero buscar al Señor exige mucho más que eso. Cuando abra la Palabra de Dios, dígale al Señor: "Quiero conocerte mejor. Háblame, Señor, y muéstrame la verdad sobre Ti". Usted puede tener la seguridad de que "muéstrame la verdad" es una oración que Dios siempre responderá. Si usted quiere buscar a Dios, abra su Biblia con el propósito de hallar respuestas a las siguientes preguntas: ¿Quién es este Dios? ¿Quién es este Cristo? ¿Quién es este Espíritu Santo que mora dentro de mí y que expresa la vida de Jesús a través de mi ser?

Por la oración—Todos nosotros tenemos una lista de oración. En realidad, esta puede tener centenares de asuntos, pero nada de lo que hay en esa lista por lo regular abarca mi objetivo supremo cuando oro, que debe ser conocer más a Dios. Lo más importante en mi vida no debe ser mi servicio, ganar personas para Cristo, predicar sermones, o ser un pastor. Lo más importante en mi vida debe ser desarrollar mi relación con Cristo. Por tanto, cuando usted se acerque a Él en oración, dígale: "Señor, abre mi corazón a Ti y háblame; muéstrate a mí, y ayúdame a entender Tus caminos".

Por la adoración—No venga a la iglesia simplemente porque es domingo. Por el contrario, venga con un corazón hambriento y una actitud de: "Señor, ¿qué quieres decirme? ¿Qué quieres hacer en mí y a través de mí?" Venga listo para escucharle; tenga una Biblia abierta, una libreta y un esfero, para que pueda anotar lo que el Señor le revele lo que Él está tratando de hacer en su vida. Usted se marchará habiendo aprendido verdades que influenciarán su futuro si las acepta y las aplica.

No puedo imaginar que alguien vaya a un culto para sólo estar allí sentado, y pensando: ¡Qué sermón tan maravilloso! El propósito de la iglesia no es entretenerle sino más bien dejar que Dios cause un impacto en su corazón, que cambie su vida, y que lo haga cada vez más parecido a Jesucristo. Esto comenzará a suceder cuando usted lo invite decididamente a hablarle a su corazón.

Los resultados de buscar al Señor,

a.) No tendremos falta de ningún bien. El salmo 37:4 dice que si Dios es lo primero en nuestro amor e interés, Él nos concederá los deseos de nuestro corazón. Como nuestro Creador omnisciente, el Señor nos conoce mejor que lo que nos conocemos a nosotros mismos; Él está muy consciente de nuestros anhelos más profundos, incluso de algunos de los que no nos hemos dado cuenta. Aún más, al buscarle aprendemos como piensa Él, nuestros pensamientos comienzan a alinearse con los Suyos, y desearemos solamente lo que Él desea. De esa manera, las bendiciones que Dios decide amorosamente para nosotros, satisfarán verdaderamente los deseos de nuestro corazón.

b.) Tendremos éxito en la vida. Segundo de Crónicas 31:21 nos ofrece el ejemplo de Zacarías: "En todo cuanto emprendió en el servicio de la casa de Dios, de acuerdo con la ley y los mandamientos, buscó a su Dios, lo hizo de todo corazón, y fue prosperado". Igualmente, el Señor le dijo a Josué que obedeciera el libro de la ley para que pudiera prosperar y tener éxito en todas sus empresas (Josué 1:7, 8). El principio es que, al meditar en la Palabra de Dios, llegamos a entender Sus caminos y Su voluntad, y nuestra relación con Él se profundizará. Si conocemos más a Dios, haremos decisiones correctas en número cada vez mayor, y eso lleva al éxito.

c.) Adquiriremos entendimiento. Proverbios 28:5 dice: "Los hombres malos no entienden el juicio; más los que buscan a Jehová entienden todas las cosas". Un corazón malo es tenebroso e impuro, y en él se aloja un espíritu rebelde. Pero cuando ansiamos conocer a Dios, nuestro corazón se vuelve limpio, nuestra mente se aclara, y nuestro espíritu se hace obediente; seremos, entonces, capaces de discernir lo que es moralmente bueno y lo que es moralmente malo, y entonces acataremos obedientemente la dirección divina.

Dios nuestro Esposo eterno.

Hebreos 13:4 Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios.

El estudiar este pasaje nos coloca sobre el planteamiento correcto de guardar nuestro matrimonio no permitiendo de ninguna manera que el adulterio sea una opción concebida. Pero al ver la descripción santa que Dios le confiere al matrimonio podemos descubrir que su intención va más halla y que lo que procura es salvaguardar la institución sagrada del vínculo que hoy tenemos con su Hijo Jesucristo. Ahora debe quedarnos claro que los únicos que tiene la capacidad de no mancillar el lecho matrimonial entre nosotros y Cristo somos los que le hemos aceptado como señor y salvador. Antes de ser desposados por Jesús nuestra vida expresó amor y fidelidad a muchos señores, en otras palabras nos casábamos y divorciamos bajo nuestra conveniencia, pero a partir de que le aceptamos como Señor solo a él amaríamos y serviríamos para siempre. Claro está; esto solo puede evidenciarse en alguien que efectuó un verdadero pacto.

Dios a través de su sacrificio nos embelleció para colocarnos a su altura y de esta manera convertirnos en una esposa que posee su misma sangre y linaje. Efesios 5:25 Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, 5:26 para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, 5:27 a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha.

De hecho el apóstol Pablo es más explícito cuando habla del yugo desigual en 2 Corintios 6:14 No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porqué ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? 6:15 ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo?, es por esto que la única manera en que podamos unirnos a Jesús es siendo lavados por su sangre, para poder estar a al altura del novio siendo de un mismo espíritu incorruptible y Dios estará listo a casarnos. Dios nunca uniría a su hijo con alguien adultero porque entonces lo haría adultero a él.

Si hay algo que sustenta la fidelidad dentro de una relación es el amor y el apóstol Juan recopila esto en las palabras que salen de la boca del mismo Señor Jesús, quien nos enseña con claridad que lo que decimos sentir por Él se prueba cuando hacemos lo que Él nos dice.

En Mateo 15:7 Jesús le dice a los fariseos: Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, cuando dijo: 15:8 Este pueblo de labios me honra; Mas su corazón está lejos de mí. 15:9 Pues en vano me honran, Enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres. Está claro que el Señor dejaría al descubierto una práctica común de este grupo religioso, quienes se ufanaban de su celo y amor por Dios pero no seguían su mandato si no que por el contrario se gobernaban por sus propios estatutos.

El apóstol Pablo nos lleva a entender de mejor manera este principio cuando explica a través de la analogía del matrimonio que el hombre es la cabeza de la mujer, lo que viene a ser Cristo para la iglesia, refiriéndose al gobierno que esta ejerce sobre el cuerpo, conduciéndonos a la sencilla conclusión que no hay ninguna posibilidad que este se dirija bajo su propio orden, así que si existe una verdadera conexión entre la cabeza y el cuerpo esta se verá reflejada en las acciones.

En algún momento de la vida todos aquellos que hemos creído en Jesús como Señor y salvador podemos llegar a preguntarnos qué tan real es lo que ha pasado en nosotros y la forma más fácil de encontrar una respuesta es observando cuan fieles son nuestras acciones con lo que nuestra cabeza dice que es su voluntad. Esta tesis queda evidenciada cuando el Señor Jesús hace distinción entre dos grupos en el libro de Juan; los que le aman y los que no y la diferencia entre ellos está en cumplir su mandato.

Solo aquellos que hemos aceptado verdaderamente a Jesús como Señor tenemos la capacidad de hacernos consientes de nuestro nuevo estado. Mateo 19:5 y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne? 19:6 Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre.

El nuevo estado después de establecido el vínculo matrimonial es el que ahora son una sola carne, esto trae con sigo la revelación que al aceptar a Jesús como nuestro Señor nos haríamos uno solo con Él, es esta la razón por la cual Jesús nos dice en Juan 14:20 En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros.

Hay quienes nos casamos pero al no tener conciencia de nuestro nuevo estado deseamos tener un comportamiento que no corresponde con lo que se generó al entrar en el sagrado vinculo del matrimonio, el apóstol Pablo nos mostraría el orden que nos lleva a poder expresar un matrimonio correcta en Efesios 5:22 cuando nos dice: Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; 5:23 porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. 5:24 Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo. (Este es el principio al que se refirió el Señor Jesús "Si me amas guarda mis mandamientos") 5:25 Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, 5:26 para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, 5:27 a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha. 5:28 Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. 5:29 Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia, 5:30 porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos. 5:31 Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. 5:32 Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia.

Si lo vemos en orden de lo natural nuestra relación matrimonial sufrirá un proceso de maduración que deberá terminar llevándonos a tener absoluta consciencia de nuestro verdadero estado, ya no nos veremos como seres individuales sino como uno solo, de la misma manera acontece en Cristo, ya no viviremos como si no tuviéramos conciencia de quien es nuestro Señor sino a medida que se nos revele la palabra que debemos obedecer estableceremos una sujeción para con Él en todo.

Hay mujeres que les cuesta sujetarse a sus maridos, ellas desean vivir vidas independientes y que nadie decida por ellas, les gusta tener la batuta en el hogar y determinar conforme a su voluntad y de esta manera jamás podrán expresar un verdadero cumplimiento conforme a la relación de Cristo con su iglesia. La razón para que esto pase es porque no han alcanzado la conciencia que se requiere en el nuevo estado presente en su vidas, de igual manera pasa en aquellos que decimos ser la desposados por Cristo.

Solo aquellos que hemos aceptado a Jesús como Señor podremos tener conciencia del paso de fidelidad que hemos dado. 2 Corintios 5:15 y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.

Si el matrimonio debe ser un acto consiente, el unirnos a Cristo lo es aún más. Ahora vivimos entera y completamente para Él y prueba de ello es que ya no vivimos para nosotros mismos sino solo para él.

Por mucho tiempo se ha creído que porque alguien hace una confesión de labios ya viene a hacer parte de la iglesia desposada por Cristo (en este caso la llamada Oración de fe) pero la biblia es clara al establecer que esto no es suficiente y que se requiere creer con el corazón. Romanos 10:9 que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.

Dios no unirá a su hijo con alguien solo porque hace una confesión de labios, debe hallar convicción en su corazón para que esta unión pueda gestarse, es por esto que hay mucha gente que ve el cristianismo como una religión o como una moda o como cualquier cosa diferente a la aceptación de un Señor para su vida por la eternidad.

1 Pedro 3:1 Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas, 3:2 considerando vuestra conducta casta y respetuosa. 3:3 Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, 3:4 sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios. 3:5 Porque así también se ataviaban en otro tiempo aquellas santas mujeres que esperaban en Dios, estando sujetas a sus maridos; 3:6 como Sara obedecía a Abraham, llamándole señor; de la cual vosotras habéis venido a ser hijas, si hacéis el bien, sin temer ninguna amenaza.

Nunca se nos debe olvidar que las tres formas correctas de relacionarnos con Dios son como Padre, amigo y amante.

Pastor: David Bayuelo
Noviembre 23 de 2014
 

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