Una tranquilidad constante

Una tranquilidad constante - 2 Corintios 4:7-9Escuchar audio de esta predica 2 corintios 4:7-9. Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros, que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos.

Cuando la vida se pone difícil, auto compadecernos puede ser una tentación muy grande. Pero, afortunadamente, hay una manera mejor, una estrategia probada por el tiempo, para no dejar que las circunstancias nos detengan.

Mientras usted escucha estas palabras, puedo sospechar que hay circunstancias con las cuales está batallando. Sin duda, asuntos que ocupan sus pensamientos: Circunstancias en su salud que debe atender, relaciones que necesitan cambiar; facturas que debe pagar; sueños, proyectos y metas sin alcanzar. La vida es tan compleja y tan ajetreada, que a veces puede parecer más de lo que uno puede soportar.

La verdad es que nuestras circunstancias son más de lo que nosotros podemos manejar por sí solos, ya sea que se haya percatado de esto, o no. ¿Por qué se lo digo? Porque nosotros nunca estuvimos destinados a vivir al margen del sustentador auxilio de Dios, y es por su sola misericordia que somos capaces de mantenernos día tras día.

Uno puede pensar que está controlando sus propios asuntos, pero sin la bondad de Dios todos estaríamos totalmente paralizados. Esta es la primera lección para aprender. La segunda, es que Dios no quiere que usted y yo pasemos por esta vida solos. Él quiere relacionarse con nosotros y ser nuestro Padre amoroso, para ayudarnos y guiarnos a través de las circunstancias más difíciles. La pregunta es: ¿Estamos dispuestos a permitir que Él lo haga? Muy a menudo decimos que queremos la ayuda del Señor, pero nuestras acciones indican que no estamos dispuestos a renunciar al control y a dejar que Él sea quien tome el mando.

En un momento u otro, todos enfrentamos situaciones poco deseables. En momentos como estos, siempre tendremos dos opciones: vivir bajo nuestras circunstancias y tratar de manejarlas lo mejor posible, o humillarnos y buscar a Dios, permitiendo que Él nos levante. Realmente la decisión se reduce a si, en lo más recóndito de nuestro corazón, creemos o no que Él nos sacará adelante. Usted y yo podemos buscar otras justificaciones pero la verdad es que todo se reduce a esto.

¿Se identifica usted con esa lucha? Usted y yo podemos aprender a vivir con gozo, sin importar lo que venga.

Lo que debemos hacer es:

1. No dejar que las circunstancias dicten nuestra conducta.

2 corintios 11:23 ¿Son ministros de Cristo? (Como si estuviera loco hablo.) Yo más; en trabajos más abundante; en azotes sin número; en cárceles más; en peligros de muerte muchas veces. 11:24 De los judíos cinco veces he recibido cuarenta azotes menos uno. 11:25 Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he estado como náufrago en alta mar; 11:26 en caminos muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; 11:27 en trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez; 11:28 y además de otras cosas, lo que sobre mí se agolpa cada día, la preocupación por todas las iglesias. 11:29 ¿Quién enferma, y yo no enfermo? ¿A quién se le hace tropezar, y yo no me indigno? 11:30 Si es necesario gloriarse, me gloriaré en lo que es de mi debilidad. 11:31 El Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien es bendito por los siglos, sabe que no miento.

El apóstol Pablo debió haber tenido algunas veces la tentación de desanimarse. Por haber sido un hombre que enfrentó grandes dificultades y sufrimientos, se podría argumentar que tenía el derecho a estar molesto con Dios. Palizas repetidas, desprecios y cárceles —uno pensaría que el Señor vendría siempre a rescatar a su apóstol especialmente escogido. Pero no lo hizo. Eso no parece justo, teniendo en cuenta cuán fielmente le había servido Pablo.

Sin embargo, hay algo que necesitamos observar: Pablo no dejó que sus circunstancias dictaran su conducta, moldearan su actitud o controlaran su mente. Estando en la celda de una prisión, escribió estas palabras a los filipenses: "He aprendido a estar satisfecho en cualquier situación en que me encuentre. Sé lo que es vivir en la pobreza, y lo que es vivir en la abundancia. He aprendido a vivir en todas y cada una de las circunstancias, tanto a quedar saciado como a pasar hambre, a tener de sobra como a sufrir escasez. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece." (Fil 4.11-13 NVI).

Notemos que Pablo había aprendido a estar contento. No como resultado de circunstancias favorables o por tener un temperamento tranquilo. Su contentamiento se había desarrollado en las adversidades, y este era el fruto de su obediencia.

¿Las circunstancias nos hacen cambiar nuestra perspectiva de Dios y de su propósito con nuestras vidas? Si es así, algo para examinar es la firmeza en lo que hemos creído, porque siempre la vida nos llevara al mismo punto una y otra vez y es a probarnos a nosotros mismos lo que Dios ya sabe: "El tamaño de nuestra fe"

2. Enfocarnos en la bondad de Dios.

Filipenses 1:13-14 de tal manera que mis prisiones se han hecho patentes en Cristo en todo el pretorio, y a todos los demás. Y la mayoría de los hermanos, cobrando ánimo en el Señor con mis prisiones, se atreven mucho más a hablar la palabra sin temor.

En el libro de Filipenses, el apóstol Pablo menciona a Cristo o a Jesús numerosas veces, pero habla de su encarcelamiento en apenas unos pocos versículos del primer capítulo. No hay ninguna queja, autocompasión o acusación al Señor. De hecho, la carta está llena de todo lo contrario —de regocijo.

Aunque su vida pendía continuamente de un hilo, Pablo podía regocijarse porque confiaba en los planes de Dios para su futuro. Su lema de vida era: "Para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia" (Filipenses 1.21). Sabía que la muerte lo llevaría de inmediato a la presencia de Cristo, y que la vida en la Tierra significaría más años de servicio fructífero. En cualquier caso, los planes de Dios para él eran buenos, aunque sus circunstancias no lo fueran. El secreto del contentamiento de Pablo era su firme creencia en la bondad del Señor para con él, el reconocimiento de su autoridad sobre su vida, y la confianza absoluta que tenía en cuanto a la voluntad de Dios.

1 Samuel 19:10 Y Saúl procuró enclavar a David con la lanza a la pared, pero él se apartó de delante de Saúl, el cual hirió con la lanza en la pared; y David huyó, y escapó aquella noche.

Saúl tenia todos los recursos y el poder para perseguir a David hasta la muerte, en varias ocasiones lo tuvo tan cerca que lo improbable es que pudiera escapar, pero lo maravilloso y fascinante de esta historia era el poder y la bondad ilimitada del Dios que lo acompañaba en medio de esta odisea y que procuraría aprovechar cada circunstancia adversa para preparar al próximo rey de la nación de Israel.

Desde una perspectiva terrenal, la vida de Pablo podía estar en manos del emperador romano, pero, en realidad, solamente el Señor es el Gobernante soberano en el cielo y en la Tierra (Sal 103:19 Jehová estableció en los cielos su trono, Y su reino domina sobre todos.), lo cual significa que Él controla todo lo que sucede en este mundo.

A la mayoría de las personas les resulta difícil creer que Dios tiene el dominio sobre todas las cosas, porque no aceptan que un Dios misericordioso pueda permitir que sucedan cosas malas. Pero cuando se trata del por qué estas cosas pasan hay que aprender a ver que el creo todo perfecto y por las decisiones del hombre se estableció el caos, sin embargo en su infinita gracia el producirá que todas lo que pase en nuestras vidas terminen obrando a nuestro favor. De lo que no debemos tener ninguna duda es que el Señor es bueno, y que al final su bondad se impondrá (Ro 8.28;). Puede que no le veamos o sintamos siempre, pero Él está morando dentro de nuestro ser, y actuando en medio de nosotros.

3. Procurar que las circunstancia adversas sean una oportunidad para servirle a Dios.

Filipenses 1:12 Quiero que sepáis, hermanos, que las cosas que me han sucedido, han redundado más bien para el progreso del evangelio.

Aunque la prisión parecía ser un obstáculo enorme que le impediría al apóstol servir al Señor, esto resultó ser todo lo contrario. Por ser un preso bajo arresto domiciliario, tenía la oportunidad de poner en uso las habitaciones de su vivienda. Por tanto, aprovechaba cada oportunidad para hablar de Jesús a quienes lo visitaban. Además, tenía siempre, literalmente, una audiencia cautiva, porque estaba encadenado todo el tiempo a un guardia romana quienes le escuchaban. Muy pronto, toda la guardia pretoriana había escuchado hablar de Pablo y de su encarcelamiento por causa de Cristo. El mensaje del evangelio había llegado, incluso, al lugar más inesperado —a la casa de César (Filipenses 4:22 Todos los santos os saludan, y especialmente los de la casa de César). Gracias a su arresto, Pablo se hizo visible a un auditorio que no habría tenido de otra manera.

Hay quienes cuando afrontamos dificultades lo primero que elegimos hacer es abandonar el servicio al Señor, pero Servir a Dios fielmente en circunstancias difíciles, es un testimonio no solamente para el mundo incrédulo, sino también para los demás cristianos. La prisión de Pablo inspiró a otros creyentes a confiar en Dios y a hablar con valentía su Palabra, sin temor (Filipenses 1:14 Y la mayoría de los hermanos, cobrando ánimo en el Señor con mis prisiones, se atreven mucho más a hablar la palabra sin temor). Pero hubo un resultado aún más sorprendente. Algunos creyentes, que estaban envidiosos de Pablo, comenzaron a predicar el evangelio por egoísmo, con la esperanza de provocarle angustia. Pero incluso en esto, Pablo vio la bendición de Dios, y se regocija de que, ya fuera por pretexto o por verdad, Cristo estaba siendo proclamado (Filipenses 1:15-18 Algunos, a la verdad, predican a Cristo por envidia y contienda; pero otros de buena voluntad. Los unos anuncian a Cristo por contención, no sinceramente, pensando añadir aflicción a mis prisiones; pero los otros por amor, sabiendo que estoy puesto para la defensa del evangelio. ¿Qué, pues? Que no obstante, de todas maneras, o por pretexto o por verdad, Cristo es anunciado; y en esto me gozo, y me gozaré aún).

Todo lo que el diablo quiera colocarnos como tropezadero obrara a nuestro favor e incluso sus obras de maldad en nuestra contra nos empujaran hacia el cumplimiento del propósito de Dios para nuestras vidas.

Conclusión

¿Dónde ponemos nuestra mirada, en las circunstancias difíciles? ¿Estamos buscando continuamente una salida? ¿O nos inquietamos por la situación, hasta caer en la desesperación? Otra opción es centrarnos en nosotros mismos, regodearnos en la autocompasión, o echarle la culpa a otros e incluso a Dios.

Si estamos lidiando con situaciones angustiosas, es muy natural que estemos inquietos. Pero un hijo de Dios cuenta con el privilegio de tener un enfoque más elevado. Cuando las circunstancias nos parezcan abrumadoras, lo único que tenemos que hacer es fijar los ojos en Cristo, y dejar al cuidado de Él nuestras mentes y nuestros corazones. Si le hemos confiado lo más importante —nuestra salvación eterna—, con toda seguridad podremos confiarle nuestras angustias pasajeras. Es posible vivir con una sensación inquebrantable de ánimo y confianza, en vez de dejarnos llevar y ser derrotados por las tormentas de la vida. El factor decisivo siempre será la confianza.

En medio de sus horribles circunstancias, el corazón de Pablo estaba puesto en el Señor —"conocer a Cristo, experimentar el poder que se manifestó en su resurrección, participar en sus sufrimientos y llegar a ser semejante a él en su muerte" (Fil 3.10 NVI). Ninguna circunstancia negativa podría robarle ese anhelo. Por el contrario, su encarcelamiento estaba produciendo en Pablo lo que él más deseaba: una relación más íntima con Cristo.

La perspectiva correcta en cuanto a las circunstancias en que nos hallemos, comienza con nuestra manera de pensar. Una mente enfocada en Dios y en su Palabra, ve más allá de las dificultades temporales la mano de Dios en acción. Una vez que nuestra mente esté enfocada en Él, y que nuestra confianza en su soberanía y su bondad sea firme, no tendrá ningún problema para sobrepasar cualquier situación que venga a nuestra vida. En realidad, la tranquilidad constante solo es posible cuando nos rendimos totalmente a Cristo. Entonces podremos descansar, aunque estemos rodeados de calamidades, como lo estuvo Pablo, porque sabremos que el Señor nos está sosteniendo en sus manos amorosas, actuando para que todo resulte para bien nuestro.

Pastor: David Bayuelo E.
Mayo 31 de 2015 

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