Mi Posición, mi Andar y mi Actitud Cristiana No. 3

Mi Posición, mi Andar y mi Actitud Cristiana No. 2 - Efesios 6:10-18Escuchar audio de esta predica Efesios 6:10-18. Una palabra final: sean fuertes en el Señor y en su gran poder. Pónganse toda la armadura de Dios para poder mantenerse firmes contra todas las estrategias del diablo. Pues no luchamos contra enemigos de carne y hueso, sino contra gobernadores malignos y autoridades del mundo invisible, contra fuerzas poderosas de este mundo tenebroso y contra espíritus malignos de los lugares celestiales. Por lo tanto, pónganse todas las piezas de la armadura de Dios para poder resistir al enemigo en el tiempo del mal. Así, después de la batalla, todavía seguirán de pie, firmes.

Defiendan su posición, poniéndose el cinturón de la verdad y la coraza de la justicia de Dios. Pónganse como calzado la paz que proviene de la Buena Noticia a fin de estar completamente preparados. Además de todo eso, levanten el escudo de la fe para detener las flechas encendidas del diablo. Pónganse la salvación como casco y tomen la espada del Espíritu, la cual es la palabra de Dios. Oren en el Espíritu en todo momento y en toda ocasión. Manténganse alerta y sean persistentes en sus oraciones por todos los creyentes en todas partes. NTV

La experiencia cristiana tiene sus comienzos en el "sentarse" que conduce al "andar", pero no concluye con éstos. Todo creyente tiene que aprender a "estar firme". Es necesario saber "sentarnos" con Cristo en lugares celestiales y "andar" como es digno de El en este mundo terrenal, pero también es necesario saber estar firmes ante el enemigo.

¿El estar firmes contra qué? La lucha es el tema que se nos presenta aquí en la tercera parte de la epístola a los Efesios (6:10¬20). Es lo que Pablo describe como la "lucha contra huestes espirituales de maldad". Ningún creyente puede tener esperanzas de participar en este conflicto de los siglos si antes no ha aprendido a descansar en Cristo y en lo que Él ha hecho; y luego, por el poder del Espíritu obrando en su corazón, le ha seguido en una vida práctica, santa en esta tierra. Si se muestra deficiente en cualquiera de estas fases, de nada valdrá en la lucha, y aún es posible que nada sabrá de ella, porque Satanás puede hacer caso omiso de él, pero puede ser hecho fuerte "en el Señor, y en el poder de su fuerza". Este verso es muy importante y tiene dos aspectos:

Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor.

Por lo demás puede traducirse también como "finalmente o de ahora en adelante", esto es una advertencia, es un llamado a estar atentos, listos, preparados. El libro de Efesios del capítulo 4 al 6:9 les enseña a los efesios como conducirse en Cristo Jesús, en medio de donde fueron rescatados.

Pero en efesios 6:10 les enseña que hay una lucha, una batalla por delante, que hoy nos incluye a nosotros también. Lo vital de este versículo es que Dios por medio de su Palabra nos enseña cual es nuestra posición, como debemos andar para enfrentar una batalla que más adelante la explicare. Y el Señor está más que interesado que tú salgas victorioso en las pruebas o circunstancias que estás viviendo porque ¿de que serviría una armadura tan efectiva y tan poderosa, si el soldado en sí mismo no tiene la fuerza, el poder y la capacidad de usarla?, sería como enviar a la guerra a un soldado con el equipo más avanzado, incluyendo el rifle más poderoso, el uniforme blindado más eficaz, pero si es un soldado, con anemia, tuberculosis, desnutrición, y deshidratación; estaría condenado a fracasar, por su falta de capacidad física y personal; de la misma manera el hijo de Dios debe estar consciente que Dios es la fuente de poder para fortalecer su vida; la primera parte de la indicación es "Fortaleceos en el Señor" en ÉL, debemos ir a Él para ser fortalecidos con su presencia, que en sentido literal es: amurallarnos con su presencia, de manera que el enemigo no tiene ninguna posibilidad de traspasar la fortaleza o muralla que nos protege, la cual es Dios mismo. "Más tú, Jehová eres escudo alrededor de mí; Mi gloria y el que levanta mi cabeza."

Sal. 3:3; esto lo podemos ver claramente cuando David decide no usar la armadura del rey Saúl para su lucha con el filisteo Goliat, y confiar en Jehová como su escudo y fuente de poder, él mismo David lo dice en 1 Samuel 17:37-47. De manera que aprendemos que la victoria radica en el poder que viene directamente de Jehová de los ejércitos depositado en aquellos que confían en Él y le entregan toda la gloria. David nunca le llama a Goliat gigante, siempre se refiere a él como "el filisteo" David en realidad si miraba a un gigante, pero sin duda no era Goliat, el Gigante para él es el Dios de los escuadrones de Israel y en Él decidió fortalecerse. Antes que usar la armadura de Dios, amado hermano decide fortalecerte directamente en el Señor quien es y será tu muralla y fortaleza protectora.

Fortaleceos "háganse fuertes en unión con el Señor". El énfasis, por cierto, está puesto en el gran poder de Dios para esta lucha y, por lo tanto, Pablo ya había hecho comprender esta verdad central Efesios1:19–22.

Poder de su fuerza

Además de la fuerza divina de Dios, necesitamos la armadura completa (defensiva y ofensiva) que Dios provee, pero esta armadura resultará ser de Dios en el sentido adicional de que es la armadura que él viste al salir en juicio y salvación

Isaías 59:17: Pues de justicia se vistió como de una coraza, con yelmo de salvación en su cabeza.

Sólo esta clase de armadura podrá ser útil, dada la naturaleza de la oposición: el diablo y sus poderes (Efesios 6:11). Es imperativo para luchar. Claro está hay solo una fuente de "PODER" para el cristiano "JESUCRISTO".

Una vez que entiendes y recibes la presencia de Dios y el poder de su fuerza, entonces estás listo para entender y usar la armadura de Dios.
Isaías 40:29 "El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene".

ESTAR FIRMES

Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. V13

Este fortalecimiento en el Señor y en el poder de su fuerza es para hacernos conscientes que hay una disputa entre dos tronos el Dios y el del diablo que tiene bajo su gobierno a millares de demonios y ángeles caídos que buscan inundar el mundo de mal y excluir a Dios de su propio reino. Esto es lo que significa el verso 12, y es la explicación de lo que está ocurriendo en nuestro derredor. Nosotros vemos sólo "sangre y carne" encarándonos, es decir, el conjunto de reyes y gobernantes hostiles, pecadores y hombres perversos. Pablo dice: No, nuestra lucha no es contra éstos, "sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes":

Como Iglesia estamos llamados a desalojar a Satanás de su dominio y a reconocer a Cristo como Cabeza sobre todo.

Hay muchos ataques satánicos dirigidos directamente contra los hijos de Dios. Es claro que no debemos atribuir al diablo aquellas molestias que nos sobrevienen por nuestra propia violación de las leyes divinas. Ya debemos saber cómo rectificar éstas. Pero hay ataques físicos contra el creyente, ataques del maligno contra el cuerpo y la mente, necesarios de ser tenidos en cuenta. Indudablemente, muy pocos de nosotros no conocen algo de los ataques del enemigo contra nuestra vida espiritual.

La palabra de Dios dice: "¡Estad firmes!" "Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo" (6:11).

En, el griego, las palabras "estad firmes contra" significan "mantener la posición", o "no ceder terreno". Quiere decir que el terreno en disputa es, en realidad, de Dios y, por lo tanto, también nuestro. Si no fuese así, nosotros tendríamos que conquistar el lugar en que afirmar nuestros pies. Casi todas las armas nombradas en Efesios son defensivas: aun la espada, puede ser usada tanto para la defensiva como para la ofensiva. La diferencia entre la guerra defensiva y la ofensiva es que en la guerra defensiva ya domino el terreno y sólo procuro retenerlo, mientras que en la ofensiva no lo tengo y me esfuerzo por conquistarlo. Y en esto consiste la diferencia entre la lucha entablada por el Señor y aquella en que estamos comprometidos nosotros. La suya era ofensiva; la nuestra es esencialmente defensiva. El Señor luchó con Satanás a fin de obtener la victoria. Mediante la Cruz llevó la guerra hasta los umbrales del infierno mismo, a fin de llevar cautiva la cautividad (4:8, 9).

Hoy nosotros batallamos solamente por mantener y consolidar la victoria que el Señor ha ganado. Por la resurrección Dios proclamó a su Hijo vencedor sobre todo el reino de las tinieblas, y el terreno que Él conquistó nos lo ha dado a nosotros. Nosotros no necesitamos luchar para obtenerlo.

Sólo tenemos que mantenernos para conservarlo.

Nuestra responsabilidad es de mantener y no de atacar. No es asunto de avanzar sino de permanecer: permanecer en Cristo. En la persona de Cristo, Dios ya ha vencido. Nos ha dado la responsabilidad de mantener en alto esa victoria.

En Cristo la derrota del enemigo es un hecho consumado y ahora la Iglesia está para hacer evidente esta victoria sobre él. Satanás es el que tiene que contraatacar a fin de desalojarnos del terreno conquistado por Cristo. Nuestra parte no es la de angustiarnos para poseer un terreno ya nuestro. En Cristo somos vencedores: y no sólo eso, sino "más que vencedores" (Ro. 8:37).

Por consiguiente, en Él "estamos firmes". No luchamos por ganar la victoria; luchamos en base a la victoria ya ganada. Nuestra lucha no tiene por fin ganar sino que luchamos porque Cristo ya ha triunfado. Vencedores son los que descansan en la victoria que Dios ya les ha dado. Cuando luchas para obtener la victoria, has perdido la batalla en su principio.

Supongamos que Satanás te ataca en el hogar o en el negocio y crea una situación que te es imposible solucionar. ¿Qué haces? Instintivamente te preparas para una gran batalla y luego ruegas a Dios que te dé la victoria. Si así haces, seguramente la derrota vendrá, porque ya cediste el terreno que te pertenece. Tu derrota como creyente comienza en el momento que sientes que tú tienes que vencer. Cuando dices: "Espero poder vencer", ya por decir esto, estás cediendo al enemigo el terreno que es tuyo en Cristo. ¿Qué debemos hacer cuando él ataca? Sencillamente alzar los ojos y alabar al Señor: "Señor, me encuentro frente a una situación que me es imposible remediar. Tu enemigo la ha provocado a fin de producir mi caída, pero te alabo que Tu victoria es completa y abarca esta situación mía también. Gracias te doy porque ya tengo en Ti la victoria sobre este asunto.

Sólo los que saben "sentarse" y descansar en Él pueden también estar firmes".

El objetivo principal de Satanás no es el de hacernos pecar, sino de quitarnos de nuestra posición, el perfecto triunfo en el Señor, para hacer posible y fácil nuestra caída. Por vía de la cabeza o del corazón, del intelecto o de los sentimientos, asalta nuestro reposo en Cristo o nuestro andar en el Espíritu. Pero para cada punto de ataque tenemos armas defensivas: el yelmo o la coraza, el cinto o el calzado, y para completarlo todo, el escudo de la fe para apagar los dardos de fuego. La fe proclama: Cristo está ensalzado.

La fe proclama: Por gracia somos salvos. La fe proclama: Tenemos acceso por medio de Él. La fe proclama: Cristo mora en nosotros por su Espíritu (ver 1:20; 2:8; 3:12, 17). Por ser suya la victoria, es también nuestra. Es en realidad un asunto de fe en Él. Si creyéramos al Señor, no pediríamos tanto sino que le alabaríamos más.

En Cristo somos ya vencedores. "¿Ha sido tu experiencia la derrota? ¿Te has encontrado anhelando el día en que serás lo suficientemente fuerte como para vencer?" Entonces mi oración por ti no puede ir más lejos que la del apóstol Pablo por sus lectores de Éfeso. Que Dios pueda abrir tus ojos de nuevo a fin de que te veas sentado con Cristo, el cual ha sido colocado "sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra" (1:20, 21). Es probable que las dificultades que te apremian no cambien; el león seguirá rugiendo con tanta furia como antes; pero no es necesario anhelar ansiosamente la victoria.

EL COMPROMISO DIVINO

Es grande lo que Dios ha hecho al comprometerse así con su Iglesia. Al hacer esto Él ha confiado a sus siervos el más grande de todos los poderes, el poder de Aquél cuyo dominio se extiende sobre "todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero" (1:21). Cristo Jesús está ahora ensalzado en los cielos, y toda su obra de salvar hombres, hablar a sus corazones, y obrar en su favor los milagros de su gracia, la hace por medio de sus siervos, los cuales actúan en su Nombre. Es de la única forma que la iglesia obra pues, la obra de la Iglesia es su obra. Completar su obra. Ninguna obra puede ser llamada obra de Dios, si Dios no está comprometido en ella. Lo que vale es la autorización para hacer uso de su Nombre. Tenemos que estar en condiciones de poder levantarnos y hablar en su Nombre. Si no, nuestra obra carecerá del impacto espiritual indispensable Tomemos "la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios" para ayudarnos en esto.

Nadie puede ser salvo sin conocer el Nombre de Jesucristo, y nadie puede ser usado eficazmente por Dios si no conoce la autoridad de ese Nombre. El apóstol Pablo aclara que el "Nombre" a que el Señor se refiere en los pasajes de referencia no es tan sólo el Nombre por el cual fue conocido mientras habitó entre los hombres. Ciertamente, es el mismo Nombre encierra ahora el poder y el dominio que Dios le ha dado, un poder y dominio que exigirá se doble toda rodilla, de los que están en los cielos, y de los que están sobre la tierra y aun debajo de la tierra. Los mismos jefes judíos reconocieron que un nuevo nombre podría tener este significado cuando preguntaron a los discípulos acerca de la sanidad del lisiado. "¿Con qué potestad, o en qué nombre, habéis hecho vosotros esto?" (Hch. 4:7). Hoy ese Nombre nos dice que Dios ha entregado toda autoridad a su Hijo, de modo que en el Nombre mismo hay poder.

El poder de su nombre opera en tres sentidos:

A. En nuestra predicación es eficaz para la salvación de los hombres en la remisión de sus pecados (Hch.4:10-12), en su limpieza, justificación y santificación para con Dios. (Lc.24:47; Hch.10:43; 1Co.6:11).

B. En nuestra lucha, es poderoso contra las fuerzas satánicas para atarlas y sujetarlas (Mr.16:17; Lc.10:17-19; Hch.16:18).

C. Y, como ya hemos visto, es eficaz ante Dios, porque en dos ocasiones se nos dice: "Todo lo que pidiereis ", y otras veces: "Si algo pidiereis . . ." (Jn.14:13;15:16; 16:23). Pero algunos . . . exorcistas ambulantes, intentaron invocar el nombre del Señor Jesús sobre los que tenían espíritus malos, diciendo: Os conjuro por Jesús, el que predica Pablo . . . y respondiendo el espíritu malo, dijo: A Jesús conozco, y sé quién es Pablo; pero vosotros ¿quiénes sois? (Hch. 19:13, 15)

CONCLUSION

La vida cristiana consiste en estar sentados con Cristo, andar con Él y estar firmes en Él. Comenzamos nuestra vida espiritual descansando en la obra consumada de Cristo. Ese reposo es la fuente de recursos para un andar estable y sin fluctuar en este mundo. Y al fin de difícil lucha con las huestes del mal, nos encontramos con Él en posesión triunfante del campo de batalla. "A Él sea la gloria por siempre"

Pastora: Myriam Vargas
Agosto 9 de 2015  

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