Una siembra generosa

2016-PredicaDom21Agosto2016Escuchar audio de esta predica 2 Corintios 9:6 Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará. 9:7 Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre. 9:8 Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra.

Hasta ahora hemos hablado que todo lo que se halla contenido en los capítulos ocho y nueve de Segunda de Corintios tiene que ver con el dar, en particular con la manera como Dios entiende y desea que nosotros aprendamos este principio. Ya escuchamos tres mensajes en el capítulo 8 que tenían que ver justamente con la manera correcta o integra como debiéramos hacer este ejercicio espiritual.

En el contexto de este capítulo Pablo está animando a los Corintios a que pudieran terminar la colecta que habían iniciado el año anterior para la iglesia de Jerusalén y que se había interrumpido producto del conflicto que se gestó entre ellos y el apóstol, pero ya reconciliados él se anima a hablarles para que terminen esto.

Los Corintios según estos textos han ido creciendo, han ido madurando, de hecho esta segunda carta contrario a la primera nos permite tener una impresión muy diferente de esta iglesia al punto que Pablo decide escribirles por segunda vez recordándoles aquello que había quedado pendiente y que sin duda era conveniente que ellos terminaran. Ahora él entrará a estimularlos contándoles la experiencia que tuvo con los macedonios por la gracia especial que Dios les había dado y que a su vez fue producto de la voluntariedad con que ellos habían comenzado a tomar la ofrenda que ahora se hallaba detenida.

En el capítulo nueve, Él Señor procura llevarnos a comprender que cuando damos una ofrenda es más que un simple ejercicio financiero, es un servicio o ministerio, son sus riquezas administradas por el Espíritu Santo a través de sus hijos para llenar necesidades en otros personas de una forma que lo Glorifique a Él. Aquí también nos hallamos con la inmutabilidad de Dios contra la mutabilidad nuestra, ya que muchas veces nos arrepentimos de lo que hemos dicho que daremos por lo circunstancial, pero vemos su ejemplo en que cuando éramos sus enemigos Él nos dio su hijo, esto nos muestra que él carácter dadivoso de Dios no depende del carácter del otro ni de lo circunstancial, depende de su propio carácter y a nosotros se nos ha llamado a imitarlo, así que debemos comprender que lo que Dios nos da no es producto de lo bueno que hay en nosotros, de lo que hacemos o dejamos de hacer, sino lo bueno que hay en él.

El día de mañana cuando nos propongas darle algo a alguien debemos tener cuidado con cambiar lo estipulado por Dios, porque lo que nos podemos encontrar son sentimientos de codicia, malicia o egocéntricos que están estimulando el que no demos generosamente como inicialmente lo habíamos pensado.

Todas estas cosas ya han hecho parte de la instrucción recibida con anterioridad, de una u otra forma es algo redundante, pero lo nuevo lo hallaremos en los versículos seis al nueve de segunda de Corintios.

1. El dar contiene en sí mismo un principio de reciprocidad.

2 Corintios 9:6 Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará.

Esta es una metáfora, una figura del habla comparativa, tomada del mundo de la agricultura, usada en medio de gente que eran agricultores en su gran mayoría, este es una de las enseñanzas que los evangelistas de la prosperidad toman y tuercen para su propia perdición y el extravío de muchos, ya que aunque esto se halla en el contexto de la recogida de una ofrenda, cuando él apóstol Pablo empieza hablar del sembrar y cosechar por lo que el texto continua diciendo es obvio que él no tiene en mente una idea del uno a uno monetario, él tiene otras cosas más amplias en mente. La metáfora es esta; si tú eres un sembrador en el campo y tu tiras diez semillas en la tierra que ha sido preparada no esperes que te de 40 plantas sino el número de semilla que sembraste, eso sería el máximo, el que siembra escasamente puede esperar que cosechara escasamente y el que siembra abundantemente debe esperar que abundantemente también segara. Esto es un principio de reciprocidad lo que Pablo está tratando de establecer. Pablo no está refiriéndose a los famosos pactos del evangelio de la prosperidad, donde tú pactas con Dios el carro que tienes hoy para que mañana se convierta en un BMW, esa no es la idea.

Este es un principio que hallamos a través de toda la Biblia. Proverbios 22:8 El que sembrare iniquidad, iniquidad segará, Y la vara de su insolencia se quebrará. Oseas 8:7 Porque sembraron viento, y torbellino segarán; no tendrán mies, ni su espiga hará harina; y si la hiciere, extraños la comerán. Job 4:8 Como yo he visto, los que aran iniquidad Y siembran injuria, la siegan. Gálatas 6:7 No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.

Pablo lo que está tratando es ayudarnos a entender que Dios conoce nuestros corazones y las motivaciones por las cuales damos y que el contexto correcto para ofrendar es; "¿si tú no eres generoso con otros porque Dios debiera compensarte, por que debería bendecirte por tu tacañería, porque Dios va a hacer esto sino es reciproco?". Ahora cuando Dios nos bendice abundantemente jamás es por nuestro mérito, es por gracia, así que yo no puedo esperar lo que no estoy sembrando y la razón para esto es porque Dios tiene que entrenarme, Dios tiene que formarme a la imagen de su hijo, por tanto para formarme a veces tendrá que aplicarme su disciplina que forma parte de su amor, parte de su corrección. De hecho mi siembra escasa en el Reino de los cielos lo que descubre es realmente donde se halla centrada mí vida, si en lo terrenal o lo eterno. Las personas que se hallan centradas en la otra vida tienden a ser más generosos porque las cosas que poseen en esta tierra no tienen valor, por que verdaderamente ellos poseen las cosas y las cosas no los poseen a ellos. Así que Dios los querrá bendecir mucho más, no porque se lo han ganado sino porque ellos saben administrar, esta gente ha aprendido la lección que las verdaderas riquezas no están en este mundo sino en el venidero, por tanto esta sobre bendición no los va a dañar, pero si se le dan a alguien que es un mal administrador empeorara en su condición. Usted podrá decir: "Yo no he sido generoso y Dios me ha bendecido" Bueno, Él muchas veces soltara un poco más solo y exclusivamente para que descubramos lo mal que esta nuestro corazón. (Mana)

Cuando hay personas que aman a otros como así mismo lo que va a pasar es que van a compartir más con otros, serán menos amarrados. Personas confiadas en que Dios proveerá mañana toda necesidad estarán menos preocupadas a la hora de ofrecer a Dios en el presente, porque tienen fe y sin duda serán recompensados.

Si hemos captado con claridad lo que Pablo nos dice esto no tiene nada que ver como algunos hombres predican sobre transacciones que obligan a Dios a hacer algo por nosotros en función a lo escaza o abundante que puede ser nuestra ofrenda, Dios solo nos muestra su coherencia con la Palabra que nos ha dado, otorgándonos más solo por su gracia dada la buena administración que hemos mostrado de sus bienes.

Las personas verdaderamente agradecidas a la hora de dar serán más dadivosos, personas menos materialistas tienen manos más abiertas, personas más misericordiosas cuando les hablan de las necesidades no solo de los santos sino de los perdidos se duelen con ellos y al dolerse con ellos su corazón es movido en la dirección de la dadiva, todas estas cosas deben servirnos de espejo porque quizás son cosas que no tenemos o tenemos deficientemente confrontándonos para procurar el que renovemos nuestro pensar y lo enrrutemos en la dirección del corazón de Dios.

2. El dar no tiene que ver con dinero sino con el corazón.

2 Corintios 9: 7 Que cada uno dé como propuso en su corazón, no de mala gana ni por obligación, porque Dios ama al dador alegre. Si conocemos este texto ¿por qué no somos más alegres al dar?

Claramente en el Reino de los cielos lo que cuenta no es la cantidad sino la condición de mi corazón, ya que el hombre ve lo externo, ve lo de afuera, lo que se da, lo que se cuenta, lo que es contabilizable, pero Dios ve el interior. Algunos personas se sienten gozosos con cada tiempo establecido por Dios para dar, incluso buscan la oportunidad porque la consideran al igual que los macedonios como un privilegio, otros contrario a esto damos por un sentido de culpa, otros damos por responsabilidad, otros por mala gana. Otros dan pero siempre hay un pero, ¿no nos hemos visto allí alguna vez?

El dar siempre estará allí como una prueba para mi corazón, es un test efectuado por Dios para mi corazón una y otra vez. De manera ilustrativa podríamos decir que la única manera en que lo que doy pueda ser contabilizado en el Reino de los Cielos es porque fue propuesto en mi corazón y no porque me sentí obligado, no de mala gana sino porque en mi corazón hay un profundo agradecimiento, así que un corazón agradecido, centrado en el otro, que busca el Reino de los Cielos y no sus propios intereses será un corazón dadivoso.

Dios ama al dador alegre; Ósea que esto quiere decir que Dios no ama a los demás, ¡No! Pero hay un sentido en que Dios ama a todo el mundo, hay un sentido en que Dios ama a sus hijos, pero hay un sentido especial en que Dios ama al dador alegre por la forma en que su corazón cada vez se parece más al suyo. Esto debe llevarnos al clímax de la exhortación entendiendo que Dios bendice no por la cantidad que damos sino por la riqueza de nuestras motivaciones, por el corazón que tenemos a la hora de dar, Dios nos ama de manera especial cuando damos nuestra vida de corazón, nuestro servicio, nuestro culto, nuestra ofrenda. No es la cantidad, es la motivación.

El niño que no quiso colocarse de pie.

Si queremos probar cuan sano es nuestro corazón espiritualmente debemos preguntarnos: ¿Cuánta alegría experimento cuando doy?, ¿Cuan frecuentemente lo hago?, ¿Cuan abundantemente doy?, ¿Cuan desinteresadamente doy?, ¿Cuándo doy espero recibir a cambio?, ¿Cuándo le doy a Dios espero que Él me lo devuelva?, ¿Cuándo le doy a mis hermanos para bendecirlos, espero que me lo devuelvan?, ¿Doy para honrar a nuestro Dios? ¿Doy para imitar a Cristo?, ¿Doy en agradecimiento por lo que hemos recibido? Si usted se halla en concordancia con cada uno de estos interrogantes entonces puede decir que tiene un corazón en buena salud espiritual y si no está allí permita que la Palabra de Dios arregle su corazón.

3. El dar depende de cuánto conocemos a nuestro Padre y Dios.

2 Corintios 9: 8 Y Dios puede hacer que toda gracia abunde para vosotros, a fin de que teniendo siempre todo lo suficiente en todas las cosas, abundéis para toda buena obra; Una persona que da con alegría, que lo hace frecuentemente, abundantemente, desinteresadamente, que procura imitar a Jesús, es alguien que posee la revelación de algunas razones bíblicas para hacerlo y la razón teológica más alta se halla contenida en el texto que leímos hace un momento; y es que esta gente conoce a Dios de una forma distinta a la manera en que la mayoría de los hijos de Dios le conocemos. Si no creemos que es así; ¿Quién entre los hombres ha sido el más grande dador? ¡Jesucristo! ¿Quién ha conocido al Padre de una mejor manera? ¡Jesucristo! La razón final por la que Pablo les dice a los Corintios den libremente, den generosamente es por la clase de Dios que nosotros tenemos. Mientras más conocemos a Dios más queremos imitarlo, entre más lo imitamos más generosamente entregamos.

Hemos arribado a unos de los pasajes más ricos en toda la escritura, en cuanto a la provisión abundante de Dios para la gente generosa. El contexto del versículo ocho es aplicable y está vigente para la gente generosa, ya que Dios provee los recursos diarios necesarios para aquellos que siguen sus caminos al dar a otros. En el arranque del verso ocho cuando nos dice que Dios puede hacer, es que Él tiene el poder como lo ha probado a través de toda la obra redentora de hacer cuanto él quiera, así como tubo el poder de alimentar a dos millones de personas en el desierto sin ningún súper mercado a la vista. Y Pablo está diciendo; "Dios puede hacer que toda gracia abunde para vosotros" Ósea que Dios puede darnos por su gracia cuando somos generosos más allá de lo esperado o de lo que creemos necesario. Pablo está hablando de necesidades económicas pero la aplicación es que esa gracia de Dios es multiforme para suplir y proveerme en cada momento de mi vida todo lo que yo este necesitando. Dios suple todo y nos dice para que: "a fin de que teniendo siempre todo lo suficiente en todas las cosas, abundéis para toda buena obra"

- Teniendo siempre.
- Todo lo suficiente.
- Todas las cosas.

Así que la verdadera prosperidad es tener siempre, todo lo suficiente, en todas las cosas, para cumplir ampliamente el propósito por el cual nos salvó. No es para derrocharlo o para dejar que se corrompa, o para sostener una perspectiva egocéntrica de las cosas, es para abundar en toda buena obra.

Conclusión

Deuteronomio 15: 7 »Pero si hubiera israelitas pobres en tus ciudades cuando llegues a la tierra que el SEÑOR tu Dios te da, no seas insensible ni tacaño con ellos.8 En cambio, sé generoso y préstales lo que necesiten. 9 No seas mezquino ni le niegues un préstamo a alguien por el hecho de que se acerca el año para anular las deudas. Si te niegas a dar el préstamo, y la persona con necesidad clama al SEÑOR, serás culpable de pecado. 10 Da al pobre con generosidad, no de mala gana, porque el SEÑOR tu Dios te bendecirá en todo lo que hagas. 11 Siempre habrá algunos que serán pobres en tu tierra, por eso te ordeno que compartas tus bienes generosamente con ellos y también con otros israelitas que pasen necesidad.

Esto es exactamente lo que Dios nos está diciendo en 2 Corintios 9:6 Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará. 9:7 Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre. 9:8 Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra.

Pablo recordaría las Palabras del Señor Jesús en el libro de Hechos como lo hace hoy con nosotros: "Más bienaventurado es dar que recibir" Porque Dios no es receptor, Él es dador y lo mejor es ser bienaventurado como Dios al dar, que no poder ser como Él. Esta Palabra esta sostenida en el Dios en que tú y yo tenemos que confiar todos los días, porque si hasta aquí Él nos ha traído y a gloria nos ha llamado, no nos dejara a mitad de camino.

Pastor: David Bayuelo E.
Agosto 21 de 2016

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