Sofocadores del Fuego II

Sofocadores del Fuego II - Hechos 3:19Escuchar audio de esta predica Hechos 3:19 Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio.

La historia del pueblo de Dios muestra una serie de momentos cuando Dios irrumpe en la escena humana en una forma más sentida, para dar vida renovada y extender los límites de su pueblo.

En el antiguo testamento se puede percibir esta misma serie cuando el pueblo se apartó de Dios y el mismo tuvo que intervenir de su gracia y misericordia para renovarlo; en el libro de Jueces este proceso se repitió varias veces; En los reinados de Ezequías y Josías, reyes de Judá de los siglos ocho y siete antes de Cristo hubo un despertar a la Palabra y a la obediencia que resulto en actos masivos de arrepentimiento y renovación.

El Espíritu Santo actuó en una forma muy creativa dentro de cada contexto y de diferentes maneras. Los primeros capítulos del libro de Hechos presentan un caso extraordinario de visitación de Dios sobre su pueblo que los condujo inmediatamente a tal nivel de compunción que terminaron arrepentidos y preguntándose ¿que harían? como lo hicieron quienes escucharon los discursos del profeta Juan el bautista en el desierto.

Una y otra vez la exposición a la santidad de Dios a través su la Palabra dejo al desnudo la inmundicio producto del pecado que los hombres no podían ver a simple vista y dado lo innegable de su condición en la gran mayoría de los casos los condujo a un genuino y profundo arrepentimiento probado a través de cambios radicales sufridos en sus acciones.

La semana anterior el Señor nos habló de la importancia de poder reconocer todos aquellos pecados que pueden estar en nuestras vidas y que se convierten en sofocadoras de su fuego, pero lo realmente importante es ¿Qué hicimos frente a lo revelado por Dios que se hallaba en nuestro corazón? Por que si hemos creído a la necesidad de que el fuego se avive, lo que debió manifestarse fue un profundo arrepentimiento.

1. Un verdadero arrepentimiento se prueba a travez de un cambio inmediato y radical.

2 Corintios 7:10 Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte. NTV 2 Corintios 7 10 Pues la clase de tristeza que Dios desea que suframos nos aleja del pecado y trae como resultado salvación. No hay que lamentarse por esa clase de tristeza; pero la tristeza del mundo, a la cual le falta arrepentimiento, resulta en muerte espiritual.

Pablo devela la maldad que ha tomado el corazón de la iglesia de Corintios, una serie de comportamientos contrarios a la santidad de Dios los han conducido a contristar al Espíritu Santo haciendo que el fuego de Dios se sofoque. Fornicaciones, peleas, contiendas, divisiones están dejando una estela que incluso opaca el deseo de los de afuera a acercarse a Dios. El asunto llego a tal dimensión que cuando alguien pecaba la frase más apropiada para denotar su pecado era que se estaba corintizando, sin embargo Pablo en este pasaje hace alusión que la amonestación a través de una carta severa produjo su fruto ya que ellos expresaron una profunda tristeza que probaba su genuino arrepentimiento.

El verdadero arrepentimiento representa un abandono inmediato y total de todo aquello que hasta ese momento era imperceptible y que ahora se hace absolutamente evidente frente a nuestros ojos por la gracia Divina. Esto es un cambio radical en nuestra conducta, un apartarse de todo aquello que pueda enlodar la santidad que Dios ha propiciado para nosotros por su sacrificio en la cruz.

Una excelente definición de avivamiento es; que este es la respuesta humilde y decidida del hombre al llamado de Dios para volver a cumplir de corazón su mandamiento, dada nuestra tendencia de vivir ignorando su voluntad.

2 Samuel 12:7 Entonces dijo Natán a David: Tú eres aquel hombre. Así ha dicho Jehová, Dios de Israel: Yo te ungí por rey sobre Israel, y te libré de la mano de Saúl, 12:8 y te di la casa de tu señor, y las mujeres de tu señor en tu seno; además te di la casa de Israel y de Judá; y si esto fuera poco, te habría añadido mucho más. 12:9 ¿Por qué, pues, tuviste en poco la palabra de Jehová, haciendo lo malo delante de sus ojos? A Urías heteo heriste a espada, y tomaste por mujer a su mujer, y a él lo mataste con la espada de los hijos de Amón. 12:10 Por lo cual ahora no se apartará jamás de tu casa la espada, por cuanto me menospreciaste, y tomaste la mujer de Urías heteo para que fuese tu mujer. 12:12 Porque tú lo hiciste en secreto; mas yo haré esto delante de todo Israel y a pleno sol.12:13 Entonces dijo David a Natán: Pequé contra Jehová. Y Natán dijo a David: También Jehová ha remitido tu pecado; no morirás.

La respuesta de David es determinante, como bien sabemos la paga del pecado siempre ha sido la muerte, El rey no merecía nada inferior a eso, pero una actitud cierta de arrepentimiento lo colocaría frente una decidida acción de Dios para restaurar su vida.

¿Qué hemos hecho nosotros con lo que Dios nos ha mostrado que ensucia la santidad provista en Cristo Jesús?

2. Un verdadero arrepentimiento nos coloca frente a la confesión de nuestras faltas.

1 Juan 1:8 Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. 1:9 Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.

Perseverar en la negación de nuestras faltas equivale no solamente a engañarse así mismo, sino acusar a Dios de mentiroso, ya que su palabra declara la imperfección que aun se halla en nuestra alma y que necesita ser expuesta continuamente a la Palabra de Dios a pesar de haber nacido de nuevo. Sin embargo, la confesión de nuestros pecados es un prerrequisito para recibir la remisión y transformación de parte de Dios.

La palabra 'confesión' viene de la palabra griega 'homologia', que significa 'decir lo mismo'. En este caso es alinearnos con la verdad de Dios.

Lucas 11:52 ¡Ay de vosotros, intérpretes de la ley! porque habéis quitado la llave de la ciencia; vosotros mismos no entrasteis, y a los que entraban se lo impedisteis. 11:53 Diciéndoles él estas cosas, los escribas y los fariseos comenzaron a estrecharle en gran manera, y a provocarle a que hablase de muchas cosas; 11:54 acechándole, y procurando cazar alguna palabra de su boca para acusarle.

El problema de los religiosos en los tiempos que el Señor Jesús camino en esta tierra, es que ellos establecían una auto aprobación que los justificaba en sus malas acciones no permitiéndoles jamás entrar en un verdadero arrepentimiento.

Hechos 7:54 Oyendo estas cosas, se enfurecían en sus corazones, y crujían los dientes contra él. 7:55 Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios, 7:56 y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios. 7:57 Entonces ellos, dando grandes voces, se taparon los oídos, y arremetieron a una contra él.

El largo discurso de Esteban en este capitulo siete es algo mas que una simple refutación de los cargos de blasfemia en su contra. En lugar de defenderse, éste pronuncio un alegato contra sus acusadores. En vez de manifestar un verdadero celo por el templo y la ley en su oposición al evangelio, los judíos estaban desplegando el mismo espíritu rebelde e incrédulo que caracterizó a sus antepasados que se resistieron a los propósitos de Dios.

Cuando Dios nos llama al arrepentimiento solo estamos frente a dos alternativas, alinearnos plenamente con su voluntad o estar dispuestos a entrar a la escuela del quebrantamiento, por que Dios al que ama disciplina.

1 Samuel 15:30 Y él dijo: Yo he pecado; pero te ruego que me honres delante de los ancianos de mi pueblo y delante de Israel, y vuelvas conmigo para que adore a Jehová tu Dios. (Amalec)

Conclusión

Esto nos prueba que es imposible avivar la llama puesta por Dios sin un genuino arrepentimiento.
 
Pastor: David Bayuelo E.
Enero 29 de 2017

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