Amémonos

Amémonos - 1 Juan 3:18Escuchar audio de esta predica 1 Juan 3:18 Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad.

El amor por el hermano es el tema central del texto que hoy es objeto de nuestro estudio, el apóstol Juan resulta ser recurrente en su primera y segunda carta con respecto a este, de hecho él lo menciona seis veces en sus dos primeras epístolas, lo vemos en 1 Juan 3; 11, 3: 23, 4: 7, 4: 11, 4: 12, en el quinto versículo de la segunda carta y cuando llegamos puntualmente al capítulo cuatro nos encontramos con una sección larga de 16 versículos dedicada exclusivamente a lo que tiene que ver con el amor por el hermano.

Claramente cada una de estas indicaciones fueron inspiradas por el Espíritu Santo, esto debe darnos una idea de la importancia que Dios le asigna a la prioridad que debemos tener a la hora de aprender a amar al hermano. 

Y de hecho tan importante es este tema que antes de Cristo partir en el aposento alto solo a horas de su crucifixión, Él se aseguró que sus discípulos contemplaran esta verdad como algo trascendente dentro de su doctrina cristiana, Él dijo; Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros. (Juan 13:34 – 35)

Jesús en el evangelio de Juan establece con toda claridad una relación entre lo que es el amor entre hermanos como la marca distintiva de que somos sus discípulos, pero él nos llama a amarnos de una manera distinta, así no los muestra el texto. No es que pudiéramos amarnos los unos a los otros como estamos acostumbrados, como el mundo lo hace, como lo aprendimos de nuestros padres, como la gente lo practica, o como nuestras experiencias nos indican. Cristo dice: ¡No, así no es! Porque la marca distintiva de que vosotros sois mis discípulos, es la habilidad que mis hijos tienen de amarse los unos a los otros de la manera en que yo los he amado.

Luego Juan en su primera carta trata de recordarnos que le amor no consiste básicamente en palabras, porque digamos: "hermano te amo" eso no implica que realmente lo esté sintiendo, así que él termina con esta frase que resulta ser clave para poder estudiar la Palabra en este día; Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad.

Partiendo de aquí es esencial que nos hagamos dos preguntas.

En primer lugar ¿Qué nos impide amar como Dios manda?

Y en segundo lugar ¿Qué significa las palabras del apóstol Juan cuando nos dice que nos amemos de hecho y en verdad?

1. Para poseer una vida avivada debemos tener la habilidad de amar a nuestro hermano como Cristo lo ha hecho.

1 Juan 3:10 En esto se manifiestan los hijos de Dios, y los hijos del diablo: todo aquel que no hace justicia, y que no ama a su hermano, no es de Dios. 3:11 Porque este es el mensaje que habéis oído desde el principio: Que nos amemos unos a otros.

Este texto lo que nos expresa es que de acuerdo al amor que yo tengo por el otro sabré que clase de naturaleza ostento y la razón por la que esto es así es porque cuando yo nazco de nuevo Dios pone su cimiente en mí y eso nuevo que Él coloca viene con un gran carga genética en la que se halla implícito su amor y que finalmente se manifiesta a través de mí hacia mis hermanos. Eso es exactamente lo que Juan está tratando de explicar; porque este amor se da, como debe verse y que siempre debe ser una característica de aquellos que aman a Dios.

Cuando el apóstol nos habla del mensaje que habéis oído desde el principio estaba aludiendo al momento en que él Señor entrega sus leyes en Levítico 19: 18, solo que antes de Cristo no había sido revelada a los hombre esta verdad, pero ahora Dios la ha esculpido en todos los corazones de quienes hemos nacido de su cimiente a través de la obra redentora, así que para nosotros el amar a nuestro hermano no es una posibilidad sino una realidad.

1 Juan 3:14 Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano, permanece en muerte. Ya en el versículo diez nos dijo que el que no ama a su hermano no es de Dios, ahora nos dice en este verso que nosotros sabemos, no es que tenemos una idea, no es que tenemos una opinión, nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, ósea que esto es una garantía que somos salvos, que realmente somos hijos de Dios, que hemos recibido al Espíritu Santo, que somos discípulos de Cristo cuando amamos a nuestros hermanos. En otras Palabras la característica de que ya yo no estoy en el mismo estado de muerte espiritual en el que me hallaba es precisamente esa nueva clase de amor que hay en mí hacia mis hermanos.

La prueba del amor el que ama su hermano permanece en la luz

2. Para poseer una vida avivada se debe establecer en nuestras acciones una distinción entre el amor y el odio.

1 Juan 3:12 No como Caín, que era del maligno y mató a su hermano. ¿Y por qué causa le mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano justas. 3:13 Hermanos míos, no os extrañéis si el mundo os aborrece.

Juan pasa a contrastar el amor por el hermano con el odio que ya no debemos experimentar y usa por tal motivo una ilustración de la misma Palabra de Dios acerca de la vida de Caín y nos habla de cómo este mato a su hermano y nos dice incluso la razón por la cual lo hizo. El texto de génesis 4 nos cuenta que un día estos dos hermanos vinieron a adorar a Dios, Abel trajo lo mejor de sus primogénitos, Caín trajo algunos de los frutos del campo y Dios se agradó con la ofrenda de Abel y Caín se irrito porque Dios no acepto su ofrenda como buena y valida. Pero Juan nos está diciendo la causa del homicidio de Caín y este no fue producto solamente de lo que paso ese día, esa fue la gota que colmó la copa porque la razón por la que Caín mato a Abel; fue porque sus obras en general eran malas y las de su hermano eran buenas.

Cada vez que alguien decide obrar mal y no nos unimos a Él, esa persona va a empezar a repudiarte a rechazarte, a odiarte, a criticarte, porque tus buenas obras ponen en evidencia sus malas obras. Si Abel hubiese estado de acuerdo en vivir de una manera similar a la de su hermano, con toda probabilidad Caín no hubiera tenido problema él.

Juan nos muestra a Caín tipificando el mundo, esa es la razón por la que hallamos en el mismo texto: "Como Caín mato a su hermano, no os extrañéis si el mundo os aborrece" Caín midió, miro y juzgo a su hermano, de la misma manera el mundo nos mide, nos mira y nos juzga, ese es el problema. Por eso nos dice que ese Caín era del maligno, porque no amo a su hermano, él no lo hizo como lo hacen los hijos de Dios, sino los hijos del diablo, como lo hace el mundo quien lo único que puede hacer es fingir ese amor, porque él es egocentrista. (Pablo dice que no nos amemos con fingimientos)

El amor que debemos imitar y que define a Dios es ese amor incondicional (Ágape) que no proviene de la carne, no viene de nuestro enemigo, no viene del mundo y solo lo podemos encontrar en Dios, Él es el único que pensó primero en nosotros antes que en Él.

Buscamos a otras personas porque quiero sentirme amado y no porque yo la quiero amar y Dios nos llama a entregar de un amor que no pide sino que da. El que no lo hace así es egocéntrico y este siempre guarda un record; "Que hizo, que no hizo, cuantas veces perdono, quien lo hizo primero, cuantas veces lo hice yo, vive sacando cuentas"

Existe un libro llamado: "Yo ame a una muchacha" este es una colección de cartas de un pastor que le envía a un joven de su iglesia y aunque esto tiene un contexto juvenil, yo creo que cada uno de nosotros puede encontrar en está principios para aplicar en nuestras vidas. Veamos algunas respuestas dadas por el pastor: "Una frase de tu carta me llamo la atención, tu escribiste yo ame a una muchacha, no mi amigo, tu no amaste a esa muchacha, tú te acostaste con ella, esas son dos cosas diferentes, tu tuviste un encuentro sexual, pero lo que el amor es tu no lo experimentaste, es cierto que tú puedes decirle a una muchacha te amo, pero con eso lo que quisiste decir es algo como esto: Yo quiero algo, no a ti, sino algo de ti, no tengo tiempo para esperar yo lo quiero inmediatamente. Esto es lo opuesto del amor, porque el amor quiere dar, el amor procura hacer a la otra persona feliz, no así mismo". El pastor agrega; déjame decirte lo que debiera significar cuando alguien le dice a la otra persona te amo; Te amo significa estoy dispuesto renunciar a mí y todo lo que poseo, esperare por ti, nunca te forzare, si quiera de palabras, te protegeré y te cuidare de todo mal y la carta continua... Estas palabras escritas por este pastor en este tiempo suenan extrañas en medio de una generación egocéntrica y que no entiende lo que es ese tipo de amor.

Lo que este pastor está tratando de comunicarle a este joven a través de este hecho que el cometió es que una característica del amor verdadero, genuino es que no hiere no ofende, no arruina, no daña, no es ofensivo, es protector de la vida, de la integridad y dignidad del otro.

La característica del amor que distinguió a Cristo es su deseo de proteger la integridad de la vida a quien ama, ese amor no atropella, ya sea voluntaria o involuntariamente, no es un amor demandante es un amor dador, no es un amor que quiere que el otro se sacrifique para hacerme a mi feliz, quiere sacrificarse para que el otro sea feliz. Jesús dijo: "Para esto he venido al mundo para que tengan vida y la tengan en abundancia"

Si yo no tengo la capacidad de amar con esta misma claridad debo preguntarme si Dios está en mí, porque el que su simiente haya sido puesto en mi corazón hace que Él este allí y quien ama es Él y no yo.

3. Para poseer una vida avivada debemos perder toda capacidad de aborrecer a mi hermano.

1 Juan 3:15 Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él.

Juan le da una importancia vital a como siendo hijos de Dios no podemos aborrecer a nuestro hermano, el odio y la falta de perdón, el resentimiento que lleva a criticar a al otro a asesinar su carácter, es eso lo que eventualmente culmino en el homicidio de Abel. No podemos pensar que Caín tenía una buena relación con Abel todo el tiempo y simplemente un día en que su ofrenda fue rechazada esto destapo su ira, esto no es así, esto venia acumulándose.

Antes de que Caín matara a Abel, leemos en el versículo cinco que Caín se airó y luego en el versículo ocho que Caín mato a su hermano, nadie le ha quitado la vida a otro, ni nadie ha atacado el carácter de otro sin airarse primero, porque la ira es esa raíz que le da inicio al resto de acciones, esta proviene de mi carne por influencia directa del infierno, en ninguna manera proviene de Dios.

Efesios 4:26 Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, 4:27 ni deis lugar al diablo. Pablo admite que pudieran haber circunstancias en una persona que puedan llevarlo a airarse santamente, pero él nos advierte en contra de que esa ira se convierta en un pecado y una de las maneras de cuidar que esto no pase, es cuidando que nuestra ira no se prolongue en el tiempo. En otras palabras nos llama a resolver nuestras diferencias tan pronto sea posible, porque en la medida que esa ira se prolonga el chance de que peque gravemente es mayor, porque cuando esa ira crece terminamos perdiendo la razón, perdemos el dominio propio. Y esto terminara abriéndole una puerta enorme a nuestro enemigo y eso es lo que Pablo quiere decirnos cuando nos pide que no le demos lugar al diablo, porque el perder la razón con mi hermano no me deja ver las artimañas de satanás.

No falta que tal vez digamos; "Pero yo nunca he matado a nadie" ¡Seguramente!; pero ha matado su carácter, ha matado su matrimonio, ha matado su reputación, ha matado su integridad, les hablado tanto de una manera que has matado su alma, a marchitado la vida de sus hijos, de su esposa, de su esposo, de familiares, de amigos, de pastores a ovejas y de ovejas a pastores. Juan nos dice: "No mis hijos, esa no es la manera como un hijo de Dios da evidencia de que es hijo"

4. Para poseer una vida avivada debemos amar incondicionalmente.

1 Juan 3:16 En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos. 3:17 Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él?

La clase de amor que Juan nos describe en este texto el mundo no lo puede fabricar, no lo puede fingir, no lo puede falsificar. Jesús nos dice; "El mundo puede falsificar amor, pero no del que yo les he dado y mi mandato es amensen unos a otros como yo os he amado", "Esta clase de amor es el distintivo de que son mis discípulos, porque no hay manera en que se pueda hace una imitación". Uno podría decir: "pero yo estoy seguro que si soy hijo de Dios, pero me cuesta dar de ese amor" y la razón por la que pasa esto es por el egocentrismo de mi carne. El Señor Jesús no sufría de esto y es por eso que él puede amarnos a pesar de las diferencias. Marcos 10:21 Entonces Jesús, mirándole, le amó, y le dijo: Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz. El amo a los que le seguían y a los que no también.

Jesús murió antes de venir a esta tierra, porque él se despojó de todos sus derechos, de cada cosa que le pertenecía, de lo que le correspondía. Y si nosotros queremos expresar ese mismo amor de Dios debemos aprender a despojarnos de nuestro tiempo, de nuestros talentos, de nuestros tesoros, eso son los verdaderos hijos. La falta de esa muerte al yo es lo que me imposibilita que yo pueda amar como Cristo nos amó a nosotros.

Hay quienes pueden decir; "Esta bien pero soy yo quien siempre sede" Esta frase solo puede salir de un corazón egoísta. El amor es el motor de la compasión.

Con seguridad hay una probabilidad muy pequeña que nosotros tengamos que morir por nuestro hermano, pero si hay un mundo de pequeñas cosas en nuestra cotidianidad que expresan esta verdad. Mateo 19:29 Y cualquiera que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna. Imaginemos que tan egocéntricos somos cuando Dios nos pide un poco de tiempo para bendecir la vida de alguien más y tan solo pensamos, "Yo no voy a madrugar y perder mi sueño en eso" Piense en Jesús diciéndole al Padre: "Yo no me voy a incomodar por todo ese montón de pecadores"

Hay que examinar la manera acelerada en la que vivimos hoy, porque nosotros no podemos amar a otra persona sin detenernos a verlo y escucharlo, a escuchar como siente, a escuchar cómo vive, a escuchar cómo se duele, como sangra su alma, nosotros vivimos tan programados, tan agendados, tan llenos que no podemos detenernos a ver la necesidad de otro. "Ya yo estoy salvo, que los demás se salven como puedan".

Cristo se dejaba interrumpir aun en su tiempo de descanso. Mientras Él veía personas y procuraba detenerse, los discípulos veían un problema. (Los panes y los peces)

Cuando Dios nos coloca personas en nuestro camino lo que desea es que tratemos de entender su necesidad y la llenemos, no que busquemos traspasar el problema a alguien más, o que lo critiquemos porque ahora esto interviene con mi agenda y me quita la comodidad de mi tiempo escaso. Si lo vemos de esta manera el amor siempre será ineficiente porque me interrumpe mi agenda.

3:17 Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él?

Yo debo colocarle pies y manos a mis palabras, eso va a complicar mi vida con certeza pero eso es el verdadero amor.

Conclusión

Un anciano se encontraba en un oasis afanado en hacer un pozo en la arena cerca de unas palmeras de dátiles, arrodillado y con gran esfuerzo, y agobiado por el intenso calor del desierto. Un rico mercader se detuvo en ese oasis a descansar y dar de beber a sus camellos, y pudo observar cómo ese hombre, viejo y sudoroso cavaba con entusiasmo. No pudo evitar la curiosidad y le preguntó qué estaba haciendo.

El anciano le contestó que estaba sembrando dátiles. Al viajero le pareció un disparate y pensó que el calor había trastornado al viejo; por esa razón lo invitó a tomar algo en la posada. Pero el hombre no aceptó su invitación porque debía terminar su siembra. Cuando le preguntó qué edad tenía ni siquiera pudo recordarla, tal vez más de ochenta le dijo. Entonces el acaudalado comerciante no pudo evitar señalarle que difícilmente llegaría a cosechar algo de su siembra, ya que una palmera de dátiles demora unos cincuenta años en dar sus frutos; y le insistió para que lo acompañara a tomar una copa. El viejo lo miró y le dijo que todos los dátiles que había comido hasta ese momento también eran de palmeras que habían plantado otros, que tampoco habían soñado con llegar a probarlos; y que él no sembraba para él, sino para que otros pudieran comer en el futuro los dátiles de la palmera que él estaba plantando, y aunque sólo fuera en agradecimiento de aquellos desconocidos que trabajaron para él, está sola razón merecía que terminara su tarea. Conmovido por la respuesta, el adinerado hombre de negocios sacó una bolsa de monedas de oro y recompensó al hombre por su enseñanza.

El viejo le agradeció señalándole al mismo tiempo que era verdad que no llegaría a cosechar lo que sembraba, pero en cambio había obtenido una bolsa de monedas y la gratitud de un amigo.

El que solo piensa para sí mismo reduce su horizonte, cierra su camino y obstruye el flujo de la abundancia.

El hombre en Dios tiene capacidad para dar vida y su caudal de sabiduría sólo se agota cuando piensa en términos de su propio ego, que lo hace limitado y finito.
 
Pastor: David Bayuelo
Marzo 19 de 2017

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