La gracia de Dios expuesta en la cruz

La gracia de Dios expuesta en la cruz - Romanos 6:14-15Escuchar audio de esta predica Romanos 6:14 Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia. 6:15 ¿Qué, pues? ¿Pecaremos, porque no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia? En ninguna manera.

Si le quitáramos la gracia de Dios al Evangelio, le habríamos suprimido la vida, y no quedaría en Él nada digno de ser predicado, de creerse o por lo cual luchar. La gracia es el alma del Evangelio: sin ella el evangelio estaría muerto.

Dios trató con todos aquellos que un día fuimos pecadores sobre la base de su pura misericordia; encontrándonos culpables y condenados, nos otorga un perdón inmerecido. Movido solamente por su piedad, Él desarrollo un plan para rescatarnos del pecado y sus consecuencias; un plan en el que la gracia es el principal atributo.

Como un favor inmerecido, Él ha proporcionado en la muerte de su amado Hijo, una expiación por medio de la cual pudo concedernos su misericordia con justicia. Él acepta a todos aquellos que ponen su confianza en esta expiación, seleccionando la fe como el camino de salvación, para que todo sea solamente por gracia. En esto Él actúa por un motivo que se encuentra dentro de Él mismo, y no por ninguna razón encontrada en la conducta pecadora de los hombres. Esta gracia de Dios fluyó hacia nosotros desde el pasado más remoto, y comenzó a operar cuando aún no había nada bueno en nosotros.

La gracia comienza a salvar, y persevera hasta que todo esté hecho. Desde el principio hasta el fin, todo en la salvación es por gracia y solamente por gracia; todo es por un favor inmerecido, nada por méritos. "Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios." "Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia."

A las mentes no regeneradas nunca les ha gustado y nunca les gustará la doctrina de la gracia porque es muy humillante para el orgullo humano, que los hombres sean salvos por caridad divina, que deban recibir perdón por el ejercicio de Cristo en la cruz siendo criminales condenados, o por el contrario deben perecer en sus pecados, es una enseñanza que no pueden soportar.

Sólo Dios es exaltado por su misericordia; y el pecador no puede hacer otra cosa que aceptar el favor inmerecido tan sólo porque Dios se lo quiere dar: esto no es agradable para las grandes mentes de nuestros sabios libertinos, ni para el legalismo de nuestros moralistas, y por ello se dan la vuelta y luchan contra la grandeza de la gracia. El hombre no regenerado busca de inmediato como puede luchar contra el Evangelio de la gracia de Dios, y uno de los más grandes argumentos es que la doctrina de la gracia de Dios debe conducir al libertinaje. Su mayor argumento es: "Si grandes pecadores son salvados inmerecidamente, entonces los hombres se convertirán más fácilmente en grandes pecadores; y si la gracia de Dios habita en el hombre cuando Dios lo regenera, entonces los hombres concluirán que pueden vivir como les dé la gana y, sin embargo, ser salvos".

Los hombres debemos ser perdonados por gracia, renovados por gracia, transformados por gracia, santificados por gracia; pero mientras se les enseñe simplemente reglas, y se les deje para que las cumplan por ellos mismos, con su propia fuerza, es un trabajo en vano.

El príncipe de los predicadores Charles Spurgeon dijo: Puedes darle de latigazos a un caballo muerto por mucho tiempo sin que se mueva: necesitarías infundirle vida, pues de lo contrario todos tus latigazos serán en vano. Enseñar a caminar a hombres que no tienen pies es una pobre tarea, y lo mismo es instruir en la moral antes que la gracia le dé al corazón el amor a la santidad. Sólo el Evangelio les proporciona a los hombres motivo y poder, y por consiguiente, es al Evangelio al que debemos mirar como el verdadero reformador del hombre.

1. La gracia derramada por Cristo en la cruz nos proporcionó poder para vencer el pecado y levantar a alguien completamente nuevo.

Ezequiel 36:26 Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. 36:27 Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra.

Lo que el profeta Ezequiel nos quiere decir es que: Nuestra depravación era absoluta, y en consecuencia necesitábamos el ser conducidos por el espíritu de Dios a buscar el cumplimiento de esta Palabra, que era la única que podía salvarnos. Ustedes notarán que, en el texto, Dios no nos promete que mejorará nuestra naturaleza, o que pondrá un remiendo en nuestro dañado corazón. Su promesa es que nos dará nuevos corazones y espíritus rectos ya que nuestra naturaleza era demasiado depravada para simplemente ser remendada. No se trataba de una casa que necesitaba de unas cuantas reparaciones por alguna teja caída del techo por aquí o por allá, o por un pedazo de yeso caído de sus paredes. No, la casa estaba podrida por completo, y los propios cimientos estaban total mente socavados. No había un solo trozo de madera que no estuviera carcomido por el comején, desde la parte más alta del techo hasta su más profundo cimiento. Toda la casa se encontraba en mal estado, había podredumbre por todas partes y estaba lista para desplomarse. Dios no intentó repararla. Él no apuntaló las paredes, ni repinto sus puertas. No la adorno, ni la embelleció, sino que decidió que la vieja casa debía ser arrasada, y que construiría por completo una casa nueva.

2 Corintios 5:17 De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. Pablo reafirma la obra hecha por Cristo en nuestras vidas venciendo por completo el pecado que corrompía hasta el más oculto cimiento y levantando una casa propicia y santa para que Dios habitara complacido en ella. Esta renovación se hace notoria en pensamientos santos, y palabras puras, y actos rectos para la gloria de Dios.

2. La gracia manifestada por Cristo en la cruz es una clara muestra de su amor a pesar de nuestro pecado.

Romanos 5:7 Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno. 5:8 Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.

Este texto representa el absurdo del amor Divino, ante la comprensión humana, ya que este alcanza cimas inalcanzables para nuestra mentalidad al afirmar que el Hijo de Dios murió ocupando el lugar de los débiles y los impíos. El apóstol desea enfatizar la grandeza del amor Divino comparándola en las más perfectas demostraciones del amor humano y estableciendo un notorio contraste entre ellos. La realidad que un hombre ocupe el lugar de otro sustituyéndolo en su muerte, pudiera darse. Eso tendría que ver con alguien que fuese justo y que injustamente fuera condenado a muerte y que algún otro viendo la irreparable pérdida de esta vida, tomase la heroica decisión te tomar su lugar. Sin embargo esta es una acción poco probable, he allí la razón para la palabra; "Apenas" que demuestra la dificultad para que una acción así se cumpla.

Romanos 3:10 Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; 3:11 No hay quien entienda. No hay quien busque a Dios. 3:12 Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. 3:13 Sepulcro abierto es su garganta; Con su lengua engañan. Veneno de áspides hay debajo de sus labios; 3:14 Su boca está llena de maldición y de amargura. 3:15 Sus pies se apresuran para derramar sangre; 3:16 Quebranto y desventura hay en sus caminos; 3:17 Y no conocieron camino de paz.3:18 No hay temor de Dios delante de sus ojos. Esta referencia bíblica refuerza notoriamente el versículo anterior, mostrando que la muerte de Cristo nada tiene que ver con la mayoría de las acciones de filantropía humana. El Salvador no murió por los justos, porque no había ni siquiera uno, el murió por los injustos e impíos. Jesús fue el sustituto perfecto para poder ser redimidos de la muerte eterna y eso solo fue posible a través de su amor por nosotros.

En los principios de la historia las naciones soñaban que podían frenar el crimen por medio de la severidad, y descansaban en terribles castigos; es así como se estableció la pena capital. Muchos asesinatos fueron cometidos por esa ley. Sin embargo el uso constante del castigo nunca fue suficiente para desaparecer el crimen y aun no lo es en la actualidad. De hecho muchos delitos han sido creados y multiplicados por su correspondiente castigo que tenía la intención de suprimirlos, por el contrario algunos delitos casi han desaparecido cuando la pena contra ellos ha sido aligerada.

Es un hecho notable en lo que respecta al ser humano, que si se le prohíbe hacer alguna cosa, inmediatamente suspira por hacerla, aunque nunca antes haya pensado en hacerla. La ley ordena la obediencia, pero no la promueve; a menudo crea desobediencia, y se ha sabido que un castigo excesivo provoca el delito. Lo cierto es que mientras la ley falla, el amor gana. La ley fue establecida por Dios con la única intención que nos condujera hacia el verdadero amor.

El amor en cualquier caso hace que el pecado sea vergonzoso. Si alguno roba a otro, eso es suficientemente malo; pero supongamos que un hombre roba a su amigo, que lo ha ayudado a menudo cuando ha tenido necesidad. Todos dirían que su crimen es de lo más horrendo. Si un hombre mata a un enemigo, el delito sería penoso; pero si le quita la vida a su padre, a quien le debe su vida, o a su madre, en cuyos pechos fue criado en la infancia, entonces todos clamarían contra ese monstruo. A la luz del amor el pecado quedara expuesto y se nos hará completamente visible.

Un borracho se despertó una mañana de su embriaguez, con su ropa puesta tal como se había desplomado en la cama la noche anterior. Vió a su única pequeña, su hija Millie, haciéndole el desayuno. Despabilándose le dijo, "Millie, ¿por qué permaneces conmigo?" Ella le respondió, "porque eres mi padre, y porque te amo." Él se miró, y vió qué criatura tan torpe, harapienta e inútil era él, y le dijo, "¿Millie, realmente me amas? La niña exclamó, "Sí, padre, te amo, y nunca te dejaré, porque al morir mamá me dijo, 'Millie, quédate con tu papá y siempre ora por él, y uno de estos días dejará la bebida, y será un buen padre para ti'; por eso nunca te dejaré." ¿Es maravilloso si agrego, como sucedió en la historia, que el padre de Millie dejó la bebida, y se convirtió en un hombre cristiano? Hubiera sido más asombroso si no lo hubiera hecho. Millie estaba confiando en la gracia inmerecida, ¿o no? De acuerdo a nuestros moralistas ella debió haber dicho, "¡Padre, eres un horrible hombre miserable! Ya he permanecido contigo lo suficiente; ahora debo dejarte, pues si no, estaré alentando a otros padres a emborracharse." Bajo ese tratamiento tan adecuado me temo que el padre de Millie hubiera continuado su borrachera hasta su total perdición. Pero el poder del amor hizo de él un hombre mejor. ¿No prueban estos ejemplos que el amor inmerecido tiene una gran influencia para bien?

La pregunta que nos queda es: ¿Estaríamos nosotros dispuestos a dar nuestra vida por un Dios que nos ha mostrado a pesar de nuestra condición su amor?

3. La gracia manifestada por Cristo en la cruz nos deja ver que estuvo dispuesto hasta sufrir lo peor de lo peor por nosotros.

Mateo 27:45 Y desde la hora sexta hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena. 27:46 Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?

No se trataba de una fantasía lo que el Señor estaba viviendo, o de un delirio mental causado por la debilidad de Su cuerpo, o por el calor de la fiebre, o la depresión de Su espíritu, o la cercanía de la muerte. Él tenía Su mente clara hasta este punto. Mantuvo Su ánimo en medio del dolor, de la pérdida de sangre, del menosprecio, de la sed, y la desolación; no se quejó de la cruz, ni de los clavos, ni de las burlas. No leemos en los Evangelios nada que no sea el clamor natural de la debilidad: "tengo sed." Él soportó en silencio todas las torturas de Su cuerpo, pero cuando llegó al punto de ser desamparado por Dios, entonces Su grandioso corazón estalló en el "¿lama sabactani?" Su único gemido es relativo a Su Dios. No es: "¿Por qué Pedro me ha desamparado? ¿Por qué Judas me traicionó?" Estos eran dolores agudos, pero aquél era el más agudo. Lo ha herido en lo más vivo: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?" No era un fantasma de la oscuridad; Él se lamentaba de la ausencia real de su Padre.

Cuando aprendemos que el perdón gratuito le costó la vida a nuestro mejor Amigo; que para mí salvación el mismo Hijo de Dios agonizó hasta el sudor sangriento, y murió abandonado por Su Padre, esto debe producirnos un profundo amor por Jesús, estar listo a vivir y si es necesario morir por Él, ya que él es mi Redentor, el ocupo el lugar que me correspondía y que ni siquiera jamás alcanzare a dimensionar el sufrimiento que debió padecer.

Cuando escuchamos el grito de "Eloi, Eloi, ¿lama sabactani?" debemos horrorizarnos al pensar que alguien tan puro y bueno fuese abandonado por el cielo a causa del pecado que tuvo que soportar en mí lugar.

Conclusión

Un hijo libertino había sido una gran aflicción para su padre, le había robado y avergonzado, y, por último, terminó provocando que sus cabellos grises se fueran con tristeza a la tumba. Era un miserable: nadie pudiera ser más desvergonzado. Sin embargo, asistió al funeral de su padre, y permaneció para oír la lectura del testamento, tal vez era la principal razón para estar ahí. Se había hecho completamente a la idea que su padre no le iba a dejar un centavo, y había resuelto que haría pasar ratos muy desagradables al resto de la familia. Para su gran asombro, en la lectura del testamento se leyó algo así: "En cuanto a mi hijo Ricardo, aunque ha derrochado terriblemente mi riqueza, y aunque a menudo ha afligido mi corazón, quiero que sepa que aún lo considero mi hijo querido, y por consiguiente, como muestra de mi imperecedero amor, le dejo a él la misma proporción que al resto de sus hermanos." Salió de la habitación, no podía soportar más, el sorprendente amor de su padre lo había dominado. Fue a ver al albacea la mañana siguiente y le dijo, "seguramente usted no leyó correctamente." "Sí, lo leí bien, aquí está." "Entonces," dijo, "Me siento listo para maldecirme por haber afligido a mi anciano padre amado. ¡Oh, que lo pudiera recuperar otra vez! El amor nació en ese corazón ruin por una muestra inesperada de amor.

¿Acaso no vivimos nosotros un caso similar? Nuestro Señor Jesucristo murió, pero ha dejado testamento para nosotros los primeros entre los pecadores. Mientras agonizaba Él oró: "Padre, perdónalos." Resucitado, intercedió. Su sangre fue para nosotros, Su corazón para nosotros, Su justicia para nosotros, Su cielo para nosotros. Yo creo que hay mucho por lo cual amarlo y dar nuestras vidas por elección para Él.
 
Pastor: David Bayuelo
Abril 16 de 2017

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