Oye, Mira, Contempla, Toca. ¡Te amo!

Oye, mira, contempla, toca. ¡te amo! - Jeremías 31:3-4Escuchar audio de esta predica Tal vez cuando pensamos en una relación normal padre – hijo, dentro de los términos normales y naturales, siempre estamos pensando en el bienestar de ellos y que, los hijos alcancen todas aquellas cosas que nosotros no tuvimos, que nos fueron escasas o que simplemente lleguen mucho más lejos que nosotros (hablando en términos materiales y humanos).

Sin embargo, al momento de implantar disciplina o algún tipo de corrección en la vida de nuestros hijos, como padres podemos partir de dos puntos (i) de la ira o la frustración, o (ii) del amor. Pero desde el punto de vista del hijo, resulta difícil entender que detrás de aquellas disciplinas o amonestaciones exista un motivo realmente bueno y agradable.

Siempre me ha parecido interesante preguntarme cuando disciplino a mi hija, qué tanto ella se ha arrepentido de sus actos a través de esta acción o si al final del ejercicio, ella simplemente ha recibido una reprensión o un castigo que desde su óptica sigue siendo “injusto”.

¿Por qué hago la reflexión? – Porque antes que padres, fuimos hijos y de hecho seguimos siendo hijos de Dios, pero de alguna manera, en nuestra relación con Dios, sucede que nos cuesta tener una relación adecuada con Dios porque podemos tener una visión distorsionada de la situación, de nuestra vida, o de Dios como padre; lo cual puede ser aún más distorsionado, si en nuestra relación familiar nuestros padres no cumplieron con su rol.

Esta situación de distorsión, nos lleva a que nuestra relación con nuestro Padre Celestial sea una relación que se fundamenta sobre principios que no permiten experimentar gozo y libertad, sino por el contrario, una relación disfuncional que no da fruto. Esto sucede cuando partimos de que Dios es un Dios injusto, cuando no nos sentimos dignos de su gracia, o cuando tomamos decisiones por el temor de las consecuencias y en general cuando tenemos una incapacidad de ver un aspecto fundamental que es el amor de Dios hacia nosotros.

El amor ha sido el pilar sobre el cual se ha sostenido toda la obra, creadora y redentora de Dios para con el Hombre:

Jeremías 31:3-4. Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia. Aún te edificaré, y serás edificada, oh virgen de Israel; todavía serás adornada con tus panderos, y saldrás en alegres danzas.

Entonces, hoy veremos cómo el amor debe ser el fundamento de mi comunión con Dios, de mi relación con Él, de mi relación con los demás, pero también para vivir mi vida con gozo. De acuerdo con esto, hay una pregunta necesaria por hacer: ¿Qué tanto vives el amor Dios?

En la Palabra hay un dato interesante, el Apóstol Juan, tanto en su evangelio como en sus cartas, es tal vez quien más hace énfasis en el amor; de hecho, en la Biblia podemos leer que él es el discípulo a quien amaba Jesús o el discípulo amado de Jesús, (Jn 21.20). Sin embargo, esta especie de marca sobre Juan como discípulo amado, fue una convicción del mismo Juan; no tenía que ver con que Jesús tuviese un amor diferencial con Él, sino que Juan mismo era el que marcaba la diferencia al saberse muy amado por Jesús.

Es a través del amor que Juan puede experimentar en su vida, es que justamente él puede hablar con toda autoridad sobre la importancia del amor en la vida de los creyentes, en la vida de la iglesia, porque es en ese vínculo que vivimos y nos movemos.

Entonces veamos algunos aspectos que todo creyente debe no solo reconocer desde el conocimiento intelectual, sino meditar y buscar la revelación para esto se convierta como en una vacuna para su normal crecimiento como nueva criatura que es.

1. SOMOS ENGENDRADOS POR AMOR

En nuestra condición caída, no había ninguna posibilidad que por nuestros propios medios pudiéramos hacer alguna cosa agradable a Dios, la muerte espiritual, la naturaleza de pecado que marca nuestra vida desde nuestro nacimiento natural, ha dejado entre nosotros profundos vacíos que deben ser llenados y satisfechos.

Estábamos como cachacos queriendo ser costeños, o viceversa.

El evangelio de Juan, cuando vemos la conversación entre Jesús y Nicodemo, vemos que en Jesús dice en Juan 3:3, “que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” Pero para nacer de nuevo es necesario que seamos engendrados, que nos puedan concebir, que haya una semilla para que haya un nuevo nacimiento. Eso lo hizo Dios.

El amor de Dios por nosotros, nos llevó a ser engendrados para tener la potestad de ser hechos hijos de Dios.

Juan 1:12: 12 Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; 13 los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.

Este texto contiene una verdad importante para nuestras vidas: (i) fuimos engendrados (ii) Luego fuimos hechos hijos. ¿En qué se traduce esto? – Que tú no eres una concepción errónea de Dios, que no fuiste un “gol” que se le pasó a Dios, sino que Dios pensó en que quería tenerte a ti como hijo.

1 Juan 3:1: 1 Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él.

Para que tu fueras nacido de nuevo, era necesario que fueras engendrado de nuevo y para que hoy tu naturaleza fuera cambiada y fueras una nueva criatura necesitaste desde el principio ser un receptor del amor de Dios.

Mira que después de que Jesús conversa con Nicodemo (en Jn 3) sobre ese nuevo nacimiento, Él concluye con el tan conocido Juan 3:16: 16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

De aquí se deprende la nueva vida de un creyente, del amor de Dios, porque la Escritura nos muestra claramente que Dios antes que siervos, antes que adoradores, antes que cualquier otra cosa, tiene hijos producto de su amor y eso debe enmarcar claramente nuestra vida. El hecho de ser constituidos hijos de Dios nos da la capacidad de tener una identidad en una vía diametralmente opuesta a los que son hijos de ira o hijos de desobediencia.

Así que cuando el enemigo te quiera hacer ver que Dios no te ama, piensa que tu nueva vida no fue coincidencia, sino que tu nueva vida fue concebida en el amor de Dios que no perece, sino que es eterno y no cambia.

Como usted ya no es la misma persona, entonces podrás ver que...

2. EL AMOR ES LA PRINCIPAL FUENTE DE CAMBIO EN NUESTRA VIDA

Creo que no hay que ser un superdotado para ver cómo el mundo se desarrolla entre generaciones que viven llenas de temores, no de miedos sino de temores. Sin embargo, esto es algo que no debe sorprendernos, porque ese temor hace parte de las consecuencias de la caída del hombre en el Edén y con esos temores nacemos todos.

Temor a la enfermedad

Temor al fracaso

Temor a la paternidad

Temor al matrimonio

Temor a la quiebra

Temor a perder el empleo

Temor a perder la pareja

Incluso el mismo temor a la muerte (ref. del Apóstol Pablo)

Entonces hoy en día uno habla con las personas y uno mismo se da cuenta que muchas cosas de las hacemos o las que dejamos de hacer son fundamentadas en el físico temor. Esta situación no es ajena nosotros los creyentes, porque la negación de Cristo en nuestras vidas es una falla del carácter que se fundamenta en el temor (Como sucedió con el Apóstol Pedro o con Acán).

Entonces veamos qué dice la Biblia al respecto:

1 Juan 4:16-19: 16 Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él. 17 En esto se ha perfeccionado el amor en nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio; pues como él es, así somos nosotros en este mundo. 18 En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor. 19 Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero.

Tal vez usted habrá escuchado el viejo y conocido refrán: amor de lejos,… y la Palabra nos muestra que Dios dice algo así: no puedes desarrollar una confianza en mí si te la pasas lejos; si no tienes comunión conmigo, vas a estar lleno de inseguridades en tu vida; pero si tú permaneces en ese contacto cercano conmigo, vas a poderme conocer a tal punto en el que vas a ir ganando confianza a un grado que el amor que te tengo, se va a ir perfeccionando al punto que tus temores no tendrán más lugar en tu vida, porque mi amor te habrá brindado toda la confianza que necesitas para madurar tu carácter de modo que tu vida se mueva en la seguridad de mi Palabra y no por tus temores.

Note un detalle: No es solo el amor el que echa fuera el temor, es el PERFECTO AMOR el que tiene esta capacidad. (Un amor maduro)

Muchas veces cantamos canciones que hablan de esto, o hemos creído que simplemente el amor de Dios es el que quita el temor, pero la Palabra nos muestra que para que no haya temor en tu vida el amor debe haber sido perfeccionado y la perfección del amor se logra con una permanente comunión con Dios.

Ahora, mire lo que dice el Apóstol Juan en su carta: Nosotros le amamos Él porque Él nos amó primero. Esto quiero explicarlo de esta forma:

Nosotros podemos recibir el amor de nuestra hija hoy por una razón, porque nosotros la amamos a ella primero. ¿Cuándo la amamos? Cuando decidimos en nuestra vida el tener un hijo, ese amor nos llevó a la misma unión sexual para concebir a una nueva criatura que vendría a ser nuestra hija, ya nosotros la estábamos amando (aunque no sabíamos cuál era su sexo, a quien se iba a parecer, etc.) ella ya estaba recibiendo nuestro amor y hoy nosotros recibimos su amor porque amamos a Maria Alejandra desde antes de nacer.

Así mismo, nosotros fuimos receptores del amor de Dios desde antes de nacer, la Palabra dice que

Efesios 2:4-5: 4 Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, 5 aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos),

Entonces, sabiendo que Él primero te engendró y luego tú fuiste nacido de nuevo, como nueva criatura pero ahora siendo HIJO DE DIOS, por lo tanto tienes una nueva naturaleza, entonces ahora si puedes amarle; ahí no solo has nacido tú, sino una nueva relación con tu Padre; por lo tanto, necesitas madurar en ese amor para que llegue a la perfección y esto se logra a través de la relación.

Entonces mire cómo nuestro carácter es transformado:

1 Juan 5:3-2: 3 Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos. 4 Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe.

La manera en que usted refleja que su amor hacia Dios ha madurado, se va viendo cuando usted se comporta como lo que es, como un hijo de Dios.

Así como la negación de Cristo en nuestras vidas es el temor, la afirmación de Cristo en nuestra vida y nuestra fe, es el amor perfeccionado.

3. EL AMOR NO SOLO TIENE UN EFECTO EN MI, SINO QUE DEBE TENER EFECTO EN LOS DEMÁS.

1 Juan 5:1-2. 1 Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios; y todo aquel que ama al que engendró, ama también al que ha sido engendrado por él. 2 En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios, cuando amamos a Dios, y guardamos sus mandamientos.

El hecho de llamarnos hermanos en medio de una comunidad cristiana, ha pasado a ser una forma para no aprenderse los nombres de las personas, pero lo cierto es que la hermandad está dada porque tenemos al mismo Padre. Entonces debemos aprender a reconocer que aquel que haya nacido de nuevo, es mi hermano y puede que sea menor que nosotros, que cometa inmadureces porque está pequeño, pero no pierdas de vista que tiene tu misma genética y que con el mismo amor que fuiste concebido, así lo fue él.

Sin embargo, mira como el Señor nos dice a través del Apóstol Juan que la única manera de amar a alguien más, es amándolo a Él primeramente y acto seguido cumpliendo sus mandamientos. Entonces mira que cuando tu pecas, o cuando tu crecimiento se retarda y por lo tanto no maduras, no solamente estas afectándote a ti, sino que tu inmadurez afecta a los demás, tu falta de carácter o la mía afecta a los demás. Es por esto que nuestro crecimiento es interdependiente.

P/ej: el famoso trabajo en equipo. Muchos de nosotros hemos escuchado de esto y seguramente todos podemos saber que el trabajo en equipo es mucho mejor que el trabajo individual. ¿Pero si podemos conseguir logros en lo natural trabajando en equipo, porque no buscamos trabajar en equipo para alcanzar logros en la madurez espiritual?

Si la falla mía afecta a mi hermano y si la falla de mie hermano me afecta a mí, ¿no es mejor en vez de juzgar al otro por su condición, trabajar en equipo para que en el amor de Dios seamos edificados mutuamente?

Jesús dijo en Juan 13:35: En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.

Muchos estamos deseosos de encontrar iglesias con una súper infraestructura, con unas manifestaciones espirituales que nos deslumbren, con milagros y sanidades, pero este no es el distintivo de la iglesia de Cristo, (lo que no significa que no sea importante) el distintivo de la iglesia de Cristo es el amor.

Así mismo la Palabra nos muestra en Efesios 3:17-19: 17 para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, 18 seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, 19 y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios.

CONCLUSIÓN

1 Juan 1:1-4. Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida (porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó); lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo. Estas cosas os escribimos, para que vuestro gozo sea cumplido.

La Palabra nos dice hoy, que para tener una vida gozosa, una vida abundante, es necesario oír, ver, contemplar y palpar lo tocante al Verbo de Vida, esto es: oír, ver, contemplar y palpar a Cristo en quien se manifestó todo el amor de Dios hacia ti.
 
Pastor: Oscar Rosas
Octubre 15 de 2017

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