Despojaos de todo peso

Despojados de todo peso - Hebreos 12:1Escuchar audio de esta predica Hebreos 12:1. Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante. Hay una figura interesante en este relato a la que se remite el apóstol Pablo, ya que el contextualiza su enseñanza conforme a la práctica que ejecutaban los griegos en sus competencias, los corredores que habían alcanzado los más altos honores en el pasado ahora serían los que observarían con detenimiento en un lugar de privilegio el desempeño de los actuales competidores dándoles animo a lo largo de la carrera.

Hebreos 12:1 (NT VIVIENTE) — 1 Por lo tanto, ya que estamos rodeados por una enorme multitud de testigos de la vida de fe, quitémonos todo peso que nos impida correr, especialmente el pecado que tan fácilmente nos hace tropezar. Y corramos con perseverancia la carrera que Dios nos ha puesto por delante.

Hebreos 12:1 (DHH – LA) — 1 Por eso, nosotros, teniendo a nuestro alrededor tantas personas que han demostrado su fe, dejemos a un lado todo lo que nos estorba y el pecado que nos enreda, y corramos con fortaleza la carrera que tenemos por delante.

Hebreos 12:1 (NVI) — 1 Por tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande de testigos, despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante.

En el capítulo 11 de Hebreos encontramos una larga lista de estos testigos que nos antecedieron y quienes con su testimonio nos animan a saber que el galardón que nos espera es maravilloso. Abraham, Jacob, José, Moisés, Rahab la ramera, Josué, Gedeón, Barac, Sansón, Jefté, David, Samuel, los profetas.

No olvidemos que la vida cristiana es como una carrera la cual debemos enfrentar diariamente y la palabra nos anima a correrla, pero debemos recordar que al intentar hacerlo vamos a enfrentar obstáculos y aun cosas que intentaran detenernos o hacer que corramos lentamente, en ocasiones aun deteniendo nuestro avance e ímpetu espiritual. Es por esta razón que el apóstol nos deja la exhortación de despojarnos de todo peso, de aquel lastre, de todo obstáculo que procura detenernos. La Biblia nos advierte lo difícil que es correr cuando una trae mucho peso. Para correr se necesita ligereza de pies y ausencia de todo estorbo. Aquellos estorbos que dificultarían y producirían agotamiento y cansancio a los pies del corredor.

Y es que hay muchos hijos de Dios que gustan de llevar consigo cargas que les hacen muy gravoso su camino en Cristo. A veces, esos mismos bultos son tan pesados, que no les permiten ni moverse y ser llenos del Espíritu Santo para vivir una vida de consagración y servicio al Señor.

1. Despojémonos de todo peso que entorpezca la carrera.

Despojémonos de todo Peso (12:1a).

La palabra griega para peso es: "Onkos", este es un término muy utilizado en este tiempo por la enfermedad del cáncer, ya que significa: Masa, tumor, encorvándose por una pesada carga, estorbo. Así qué lo que debemos entender por peso: Son sencillamente todas aquellas cosas que nos impiden movilizarnos con facilidad en nuestra vida espiritual.

1 Samuel 17:38-39 nos dice: Y Saúl vistió a David con sus ropas, y puso sobre su cabeza un casco de bronce, y le armó de coraza. Y ciñó David su espada sobre sus vestidos, y probó a andar, porque nunca había hecho la prueba. Y dijo David a Saúl: Yo no puedo andar con esto, porque nunca lo practiqué. Y David echó de sí aquellas cosas.

Este muchacho ya había enfrentado circunstancia en las que su adversario lo superaba en fuerza y tamaño y sin ningún tipo de armadura los había vencido, ahora el agregar un peso adicional lo comprometía en la competencia con su enemigo, así que su decisión sería correr al campo de batalla lo más ligero posible.

De la misma manera, hay cosas que los cristianos queremos seguir cargando y que lo que producen es que no vivamos en la plenitud de la vida abundante entregada por el Señor Jesús. Gustamos de llevar sobre nuestras espaldas costales tan pesados como el enojo, el coraje, el rencor, el resentimiento, la amargura, el orgullo. Este sobrepeso espiritual además de trastornar nuestra relación con Dios, nos provocará graves complicaciones en nuestra salud, porque esos males aun cuando son del alma, se nutren de nuestras células.

Los investigadores dicen que todas esas emociones dolorosas van al cuerpo, allí se procesan y enferman a las células, las cuales se vuelven incluso cancerígenas. Está demostrado, según algunos estudiosos científicos, que las enfermedades como la diabetes, el cáncer, y muchos males que aquejan a los hombres en la actualidad tienen mayormente su origen en enojos, molestias y resentimientos acumulados. Por esto amados, lo mejor es despojarnos de todo peso.

Además, es imposible adorar verdaderamente a Dios si tenemos algún conflicto personal con alguno. Recordemos lo que nuestro Salvador enseñó: "Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda" (Mateo 5:23-24).

2. Despojémonos de todo pecado que nos asedia (12:1b).

La palabra asedia desde el griego es: "Euperistatos" que significa: Competidor que estorba a un corredor. Dice nuestro escritor que este pecado nos asedia, es decir, nos sitia, nos cerca, nos acorrala, nos acecha, no nos deja en paz.

Efesios 4:22 Despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos y Colosenses 3:9 No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos.

Nosotros sabemos que los que hemos entregado nuestra vida a Cristo tenemos ahora una nueva naturaleza, experimentamos un nuevo nacimiento. Sin embargo, conservamos muchos rasgos de la vieja naturaleza, del viejo hombre en nuestra alma que no fue recreada. Éste, ha hecho su doctorado, se especializa, en los deseos carnales que quieren seguir controlando todo nuestro ser y para ello trabajan en nuestros pensamientos y sentimientos.

Pablo dice que este viejo hombre está viciado, es decir, está lleno de todo vicio, conforme a los deseos engañosos; y no porque no sean reales estos deseos, sino porque llevan al engaño. El diablo es el maestro del engaño. Nuestro Señor Jesucristo dijo de él que: "... es mentiroso, y padre de mentira" (Juan 8:44). La Biblia lo desenmascara y dice que él es el que "... engaña al mundo entero" (Apocalipsis 12:9). Este cruel adversario, para lograr sus propósitos, promete muchísimas cosas.

De la misma manera, trabaja con cada uno de los creyentes en Cristo, tratando de seducir al mayor número para cargarlos con su mundanalidad y ese peso no les permita consagrarse y servir al Señor. Por eso tenemos cristianos empantanados en el fango del pecado, con adulterio, fornicación, robos, concupiscencias, mentira, rencores.

Por otro lado, hay cristianos que cargan con el pecado del desánimo, de la apatía, de la indiferencia, de la flojera, de la irresponsabilidad.

Hay que preguntarnos si estamos cargando alguno de estos pecados. Para el griego pecado se define como hamartia: y significa fallo de la meta, no dar en el blanco'. Los escritores griegos solían utilizar la forma verbal hamartánō con respecto al lancero que erraba su blanco y, por implicación, aludía al concepto de vivir al margen de un código moral o intelectual tenido por meta ideal, debido a una actitud errónea, consciente o inconscientemente. En tal caso la hamartia o pecado suele ser una desmesura en algo que realizado armoniosamente es correcto.

En hebreo la palabra común para "pecado" es jattáʼth, חטא que también significa "errar" en el sentido de no alcanzar una meta, camino, objetivo o blanco exacto. Igualmente se aplica a desviarse de metas morales, como en Proverbios 8, 35,36., que dice que el que haya sabiduría piadosa halla vida, pero 'el que no alcanza (heb. jatáʼ) la sabiduría le está haciendo violencia a su alma', pues la lleva a la muerte. Proverbios 8:35 Porque el que me halle, hallará la vida, Y alcanzará el favor de Jehová. 8:36 Mas el que peca contra mí, defrauda su alma; Todos los que me aborrecen aman la muerte.

3. Corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante.

Y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante (Hebreos 12)

La palabra griega para paciencia es: Jupomoné que significa: resistencia, aguante alegre, o esperanzado, constancia, perseverancia. Y se trata de la paciencia activa que domina las cosas, el aguante persistente del corredor.

Esto habla de aquel que va confiado y sin afanes en su carrera, no tiene nada que temer, ni nada que interrumpa su propósito, así que esto lo lleva a correr con paciencia. Finalmente esto es el producto de una vida sin pesos adicionales, primordialmente el pecado y que nos da la tranquilidad para no ser atemorizados y cargados con las acusaciones de nuestro enemigo.

Piense en esto: cuando somos obedientes a la palabra de Dios no estaremos pensando en cómo planear las cosas para no ser descubiertos en medio de nuestras faltas, viviremos libres y espontáneamente, sin medir lo que decimos o pensamos, sin cálculos o sorpresas, ya que nuestra vida será una cajita de cristal que todos los demás podrán ver.

Hechos 5:1 Pero cierto hombre llamado Ananías, con Safira su mujer, vendió una heredad, 5:2 y sustrajo del precio, sabiéndolo también su mujer; y trayendo sólo una parte, la puso a los pies de los apóstoles. 5:3 Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad? 5:4 Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios. 5:5 Al oír Ananías estas palabras, cayó y expiró. Y vino un gran temor sobre todos los que lo oyeron. 5:6 Y levantándose los jóvenes, lo envolvieron, y sacándolo, lo sepultaron.

Que interesante es que terminando nuestros días podamos decir las palabras del apóstol Pablo en 2 Timoteo 4:7 He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. 4:8 Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida.

Conclusión

Dice Hechos 27:18-19 Pero siendo combatidos por una furiosa tempestad, al siguiente día empezaron a alijar, y al tercer día con nuestras propias manos arrojamos los aparejos de la nave.

Quién hace semejante narración es Lucas, el médico que acompañaba al apóstol Pablo en su cuarto viaje misionero; y a lo que se refiere es a un naufragio que sufrieron frente a la Isla de Creta, en el Mar Mediterráneo. Lo que llama la atención es lo que hicieron tanto los marinos como los pasajeros para salvar sus vidas: Arrojaron al mar todo lo que pudiera estorbarles. Alijar, según el diccionario es descargar, aligerar, desembarazar. Ellos comprendieron que todo lo que fuera un lastre ponía en serio peligro y grave riesgo sus vidas. Y es lo mismo que nuestro Dios, a través del escritor a los Hebreos, nos dice: Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante (Hebreos 12:1). Cuán importante y vital es para el creyente saber desechar todo lo que pueda ser un obstáculo en su carrera cristiana. A menor peso espiritual, mayor avance.

¡Que el Señor encamine nuestro corazón a despojarnos de todo peso y del pecado que nos asedia y así podamos correr con libertad la carrera que tenemos por delante!

Las dificultades siempre harán parte del camino, pero no nos desesperaremos o entraremos en angustia vivamos con la seguridad que no hay ningún peso adicional que nos detenga en la carrera. En otras palabras viviremos en la plenitud de la salvación y la heredad entregada por Jesucristo. Sepamos que el que nada debe nada teme.
 
Pastor: David Bayuelo
Octubre 22 de 2017

Comunidad Cristiana el Camino de Bogotá
Calle 98 No. 69 - 64 La Floresta - Teléfono: (57) (1) 358 67 27 - Bogotá D.C. (Colombia) - Powered by Ingeniero José Barrios Meléndez.