Estoy en modo: “Crisis”

Estoy en modo: “Crisis” - Hebreos 4:14-16Escuchar audio de esta predica Hebreos 4:14 Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. 4:15 Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. 4:16 Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.

Todo en nuestra vida cristiana comenzó con un elemento que resulta ser esencial y no solo para comenzar sino para transitar por las diferentes circunstancias que se nos puedan presentar y finalmente será lo que nos conduzca a nuestra meta final, los libro de Romanos, Gálatas y Hebreos en el nuevo testamento y Habacuc en el antiguo nos lo revelan al decirnos que; "Más el justo por la fe vivirá". "La fe" es por lo que existimos y aunque esta muestre durante nuestro andar cristiano ciertas variaciones, algunos altos y bajos, lo importante es saber que permanece en un continuo progreso.

Abraham; fue el personaje considerado en las escrituras como el Padre de la fe pero quien al igual que nosotros experimento ciertos altibajos; altibajos que no lo detuvieron en su carrera por alcanzar las promesas dispuestas por Dios para su vida y que de igual manera no deberían ser determinantes para nosotros en la consecución de nuestro propósito Divino. De la misma forma hallamos otros grandes hombres de Dios que sufrieron momentos de quebrantamiento pero no de derrota en cuanto al progreso de su fe, hombres como; Elías, David, Moisés, Pedro y así muchos más. Lo interesante es que la Palabra no nos oculta sus padecimientos personales (Su barro), sino que deja al descubierto lo que no parecería ser el estado ideal de alguien que le ha creído a Dios, para consuelo y bendición nuestra.

Para aquellos que aun convivimos con este cuerpo mortal y una mente en un proceso de renovación muchas veces experimentamos una carga adicional como lo es la culpa en esos momentos en que nuestra fe parece desfallecer, pero ¿Qué tanta culpabilidad debemos experimentar frente a estas crisis?, ¿Será que nos ayuda en algo este sentimiento? Y en verdad ¿En esos momentos Dios levanta su dedo de juicio para castigarnos?

El libro de Hebreos en el capítulo 4 verso 15 nos trae un texto revelador:" Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. 4:16 Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro".

1. Hoy podemos progresar en nuestra fe porque tenemos un Sumo Sacerdote que actúa como mediador.

Hebreos 4 14 Por lo tanto, ya que en Jesús, el Hijo de Dios, tenemos un gran sumo sacerdote que ha atravesado los cielos, aferrémonos a la fe que profesamos.

La noción que poseemos del sacerdocio descrito desde la antigüedad influencia un poco nuestra forma de pensar en referencia a un sacerdote. Lo que el sacerdote debía hacer era establecer un puente entre Dios y los hombres sobre todo para restauración de la comunión que se había perdido, pero lo que en realidad muchas veces hacía era poner una barrera en cuanto al acercamiento a Dios, reclamando para sí la posesión de un cierto poder místico esencial para que un individuo se acercara a Dios. Una persona tenía que ir a través de ese hombre que alegaba tener ese acceso en particular. Este tipo de práctica, por supuesto, niega hoy en día la obra consumada de Cristo, y el sacerdocio de todos los creyentes. Algo que nos deja ver el escritor de Hebreos es que todos nosotros necesitamos del sacerdocio de Cristo.

El clamor del corazón del patriarca Job fue: "No hay entre nosotros árbitro que ponga su mano sobre ambos" (Job 9: 33). Job ansiaba tener un mediador entre él y Dios, que pusiera una mano en su mano y su otra mano en la mano de Dios, para acercarlos. Cristo es ese Mediador, ese Sacerdote que nos ha sido dado y por medio de quien cada creyente tiene un acceso personal a Dios.

Dios nos ha hecho una invitación que la religión nos ha quitado. Mateo 11:28 Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. El problema está en que cuando vemos a Cristo desde la imagen distorsionada de la religión emprenderemos una lucha en nuestras propias fuerzas que no nos permitirá salir del atolladero en el que nos encontramos. Su mano se halla extendida pero el sentimiento que nos embarga puede ser de orgullo o de desmerecimiento de su favor, no pudiendo encontrar así una salida pronta a nuestra crisis de fe.

¿Hemos concebido a Cristo como Sacerdote, como Mediador? ¿Hemos hecho uso de su mediación? Aquí podríamos hallar la respuesta final a nuestro momento de dificultad.

2. La capacidad para progresar en la fe no está en nosotros sino en nuestro Sumo Sacerdote.

Hebreos 4 14 Por lo tanto, ya que en Jesús, el Hijo de Dios, tenemos un gran sumo sacerdote que ha atravesado los cielos, aferrémonos a la fe que profesamos.

Hay que tomar en cuenta la expresión: "Por lo tanto" esgrimida por el autor de Hebreos ya que en ella podemos descubrir la importancia o el valor de poseer un Sacerdote en el día de hoy y no cualquier Sacerdote; sino el Cristo, el Hijo de Dios en el que se halla todo el poder y la grandeza para vencer cualquier prueba, Él que a través de su obra nos dio la victoria en la cruz del calvario. Así que el escritor usó el modo imperativo para desafiarnos, para llamarnos a hacerlo, en realidad, para mandarnos a llevarlo a cabo. Hay que entender entonces que no podemos vivir la vida cristiana por nuestro propio esfuerzo, por ello Jesús nos pide poder vivirla a través de nosotros. Él vive allá en el cielo para que usted y yo, podamos retener nuestra confesión de fe, nuestro testimonio aquí en la tierra.

La frustración que muchos cristianos sufrimos en los momentos de crisis en nuestra fe es producto de creer que la capacidad para alcanzar la medida que se requiere para vencer esta en nosotros, es por esto que Dios muchas veces permita que todo lo que Él sabe que verdaderamente es nuestro sostén desaparezca, para que descubramos cuan dependiente somos de Él o de nosotros mismos. Es fácil decir que creo cuando tengo un empleo, dinero en el banco, posiciones materiales, salud, amigos, familia, pero si eso que representa mi fuerza no está, ¿Seguiría reteniendo mi confesión de fe? Con toda seguridad si somos hijos de Dios viviremos una y otra vez estas experiencias que son las que nos conducirán a que nuestra fe progrese.

Génesis 32:24 Así se quedó Jacob solo; y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba. 32:25 Y cuando el varón vio que no podía con él, tocó en el sitio del encaje de su muslo, y se descoyuntó el muslo de Jacob mientras con él luchaba. 32:26 Y dijo: Déjame, porque raya el alba. Y Jacob le respondió: No te dejaré, si no me bendices. 32:27 Y el varón le dijo: ¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Jacob. 32:28 Y el varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido.

"Así se quedó Jacob solo". ¡Solo! Sin nada, ni nadie y después de luchar con el Ángel, la bendición que obtuvo fue que su vida ya no dependería de Él, de su fuerza, sino del Dios con quien había hecho pacto. Así nos lo revela la Palabra "Por la fe Jacob, al morir, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró apoyado sobre el extremo de su bordón". (Hebreos 11: 21)

La única manera de retener nuestra fe es dejando que Cristo viva esta vida por nosotros, estableciendo una renuncia total de mi yo y permitiendo que mi vida dependa total mente de Él.

3. Hay un Sumo sacerdote que se compadece en los momentos en que nuestra fe se debilita.

Hebreos 4: 15 Porque no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que ha sido tentado en todo de la misma manera que nosotros, aunque sin pecado. NVI

El escritor de este libro nos dice que tenemos un Sumo Sacerdote que está siempre disponible, y que además, nos comprende. Él no nos comprende de una forma teórica o académica, sino que Él estando aquí en la tierra fue probado, y puede "compadecerse de nuestras debilidades". Él supo lo que fue sufrir el hambre. Supo lo que era soportar la aflicción y la tristeza, hasta el punto que el evangelista Juan nos cuenta que Jesús lloró. Así que pudo identificarse con nuestras debilidades, pero "sin pecado".

1 Reyes 19:3 - 8 encontramos la historia del profeta Elías: Viendo, pues, el peligro, se levantó y se fue para salvar su vida, y vino a Beerseba, que está en Judá, y dejó allí a su criado. 19:4 Y él se fue por el desierto un día de camino, y vino y se sentó debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo: Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres. 19:5 Y echándose debajo del enebro, se quedó dormido; y he aquí luego un ángel le tocó, y le dijo: Levántate, come. 19:6 Entonces él miró, y he aquí a su cabecera una torta cocida sobre las ascuas, y una vasija de agua; y comió y bebió, y volvió a dormirse. 19:7 Y volviendo el ángel de Jehová la segunda vez, lo tocó, diciendo: Levántate y come, porque largo camino te resta. 19:8 Se levantó, pues, y comió y bebió; y fortalecido con aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta Horeb, el monte de Dios.

Que hermoso es el Señor y creo que esto responde la pregunta si Él nos juzga y condena en nuestros momentos de debilidad. Elías un hombre acostumbrado a los muestras portentosas del poder de Dios se hallaba enfrentando una crisis profunda en su fe, el Señor había determinado que cumpliese un propósito y en el momento de su angustia no lo desamparo, simplemente fue oportuno para socorrerlo entendiendo plenamente su debilidad.

No hay manera en que podamos engañar a Dios, Él conoce plenamente nuestros momentos de debilidad, Él sabe por dónde estamos pasando, el conoce nuestra crisis de fe y que necesitamos, que Palabra, que compañía, que expresión de amor tiene que hacerse presente para sacarnos adelante.

Deberíamos ser menos implacables y más condescendientes con nuestros hermanos y con nosotros mismos, tomando el ejemplo de Dios frente a los momentos en que vivimos cuando la fe se nos quiebra, obviamente no alineándonos con la crisis existencial que nos aborda, pero si exhortándonos con la Palabra, sin un juicio por delante.

Conclusión

Que gran equivocación cometemos cuando dejamos que nuestra falsa credulidad nos conduzca a tomar decisiones a las que Dios no nos ha llamado y que no son más que la manifestación de nuestra dependencia de nosotros mismos, de nuestras propias fuerzas. Tomemos el concejo con que cierra el escritor de Hebreos este capítulo: "Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro". (Hebreos 4: 16)
 
Pastor: David Bayuelo
Noviembre 24 de 2017

Comunidad Cristiana el Camino de Bogotá
Calle 98 No. 69 - 64 La Floresta - Teléfono: (57) (1) 358 67 27 - Bogotá D.C. (Colombia) - Powered by Ingeniero José Barrios Meléndez.