Quietos en la dificultad

Quietos en la dificultad - Filipenses 1:7Escuchar audio de esta predica Filipenses 1:7 como me es justo sentir esto de todos vosotros, por cuanto os tengo en el corazón; y en mis prisiones, y en la defensa y confirmación del evangelio, todos vosotros sois participantes conmigo de la gracia. 1:8 Porque Dios me es testigo de cómo os amo a todos vosotros con el entrañable amor de Jesucristo.

1:12 Quiero que sepáis, hermanos, que las cosas que me han sucedido, han redundado más bien para el progreso del evangelio, 1:13 de tal manera que mis prisiones se han hecho patentes en Cristo en todo el pretorio, y a todos los demás. 1:14 Y la mayoría de los hermanos, cobrando ánimo en el Señor con mis prisiones, se atreven mucho más a hablar la palabra sin temor.

Cuando miramos el lugar donde se encuentra Pablo mientras escribe esta carta nos resulta antagónico que él pueda estar experimentando gozo, ya que si existe un sitio en el que se puedan fabricar con mucha facilidad las quejas precisamente es en la cárcel, más aun si la llegada a este sitio es por razones injustas y ya siendo inconveniente su estado, tener que permanecer encadenado a un soldado romano las 24 horas del día.

La prisión sin duda es un lugar que limita la libertad, donde uno se halla solo, mal alimentado, donde puede salir lo peor de nosotros y con toda probabilidad maltratada, sobre todo si se estaba en manos del imperio romano. Con toda certeza este es el peor lugar para experimentar gozo, sin embargo Pablo está describiendo que este precisamente es el sitio desde donde está viviendo esta experiencia sobre natural.

Si hablamos de quietud, la cárcel es el lugar propicio para que el rango de acción que podamos tener casi sea restando en su totalidad, de hecho nos hace pensar en la fuerte posibilidad de que no se cumplan nuestros sueños, deseos y más halla el propósito Divino. Pero contrario a esto la carta a los Filipenses nos deja ver que las cadenas de ninguna manera pudieron impedir que Pablo cumpliera con su cometido y que terminara diciendo con entera satisfacción al final de sus días: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe.” (2 Timoteo 4: 7 – 8)
 
“Estad quietos”: Un mandato que fue cumplido a cabalidad por el apóstol Pablo, quien atravesó mares embravecidos estando encadenado, para luego terminar su trasegar por esta tierra en una prisión romana. Él a través de su ejemplo nos enseña que aunque nuestro cuerpo y mente permanezca en quietud, no hay nada que pueda impedir que la obra de Dios en nuestra vida y a través de nuestra vida se efectué.

1. Aunque nuestro cuerpo se halle en quietud, nuestra fe no puede ser encadenada.

Filipenses 1:12 Quiero que sepáis, hermanos, que las cosas que me han sucedido, han redundado más bien para el progreso del evangelio.

El leer esto es absolutamente paradójico y se convierte en la fiel confianza que este hombre ofrecía a Dios y que nos hizo saber en otra de sus cartas al decirnos: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados”. (Romanos 8:28) Pablo estaba preso; pero, lejos de que esa circunstancia pusiera fin a su actividad misionera, la extendió, tanto por su parte como por la de otros. De hecho, las cadenas echaron abajo las barreras. El encarcelamiento de Pablo, lejos de cerrar la puerta, la abrió a nuevas esferas de trabajo y actividad en las que no habría penetrado de otra manera.
 
La palabra que usa Pablo para el avance del Evangelio es sumamente gráfica: prokopé, que es la que se usaba para describir; “el avance de un ejército o de una expedición militar”. En otras palabras, la quietud de Pablo en medio de sus cadenas, produjo un movimiento inusitado de los ejércitos celestiales, ganándole a las tinieblas un terreno mucho más amplio que el que se hubiese podido conquistar estando en libertad.
 
2 Reyes 6:15 Y se levantó de mañana y salió el que servía al varón de Dios, y he aquí el ejército que tenía sitiada la ciudad, con gente de a caballo y carros. Entonces su criado le dijo: ¡Ah, señor mío! ¿qué haremos? 6:16 Él le dijo: No tengas miedo, porque más son los que están con nosotros que los que están con ellos. 6:17 Y oró Eliseo, y dijo: Te ruego, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea. Entonces Jehová abrió los ojos del criado, y miró; y he aquí que el monte estaba lleno de gente de a caballo, y de carros de fuego alrededor de Eliseo. 6:18 Y luego que los sirios descendieron a él, oró Eliseo a Jehová, y dijo: Te ruego que hieras con ceguera a esta gente. Y los hirió con ceguera, conforme a la petición de Eliseo. 6:19 Después les dijo Eliseo: No es este el camino, ni es esta la ciudad; seguidme, y yo os guiaré al hombre que buscáis. Y los guió a Samaria. 6:20 Y cuando llegaron a Samaria, dijo Eliseo: Jehová, abre los ojos de éstos, para que vean. Y Jehová abrió sus ojos, y miraron, y se hallaban en medio de Samaria. Este es un pasaje fascinante de lo que significa estar rodeado o encarcelado, sin ningún rango de movimiento, en una absoluta quietud, pero la fe más libre que el viento.
 
Muchos son los paradigmas que como hijos de Dios deben ser derribados en nuestras vidas, el solo pensar que se puede avanzar en absoluta quietud resulta algo salido de los cabellos, pero el ver el ejemplo que el apóstol nos ofrece en la manera particular como Dios lo condujo a cumplir su propósito, debe producir en nosotros una calma más allá de cualquier entendimiento.

2. Las circunstancias adversas que procuran inmovilizarnos deben producir un efecto opuesto en nuestra fe.

Filipenses 1:13 de tal manera que mis prisiones se han hecho patentes en Cristo en todo el pretorio, y a todos los demás. Filipenses 1:13 Pues cada persona de aquí —incluida toda la guardia del palacio sabe que estoy encadenado por causa de Cristo; NTV
 
Pablo, viendo que no podía esperar justicia en Palestina, había apelado a César, cosa que podía hacer cualquier ciudadano romano. A su debido tiempo le habían despachado para Roma bajo escolta militar; y cuando llegó allí, le dejaron al cuidado del “capitán de la guardia” y le permitieron vivir por su cuenta al cuidado de un soldado (Hechos 28:16). Aunque seguía bajo vigilancia, se le permitió estar en una casa de alquiler (Hechos 28:30), lo que le dio la oportunidad de recibir a todos los que quisieran visitarle. Hay dos pasajes en los que estas cadenas se definen más exactamente. En Hechos 28:20 habla de sí mismo como sujeto con esta cadena; y usa la misma palabra “halysis” en Efesios 6:20, cuando se llama embajador en cadenas; esta era la cadena corta que unía la muñeca del prisionero a la del soldado que le guardaba para que no se pudiera escapar. Había, por supuesto, una lista de guardias que se turnaban en este servicio; y en los dos años, uno tras otro, todos los soldados de la guardia imperial habrían tenido contacto con el apóstol Pablo. ¡Qué preciosa oportunidad! Aquellos guardianes oirían a Pablo predicar y terminarían compartiendo lo escuchado con su familia y amigos. Sin duda durante las largas horas de la guardia Pablo iniciaría la conversación acerca de Jesucristo con el soldado de turno al que estaba encadenado.
 
La cárcel le había ofrecido la oportunidad de predicar el Evangelio al regimiento más selecto del ejército romano. No es extraño que declarara que sus cadenas se habían hecho famosas en el pretorio y habían supuesto una oportunidad única para el avance del Evangelio en ese frente.
 
Génesis 39:19 Y sucedió que cuando oyó el amo de José las palabras que su mujer le hablaba, diciendo: Así me ha tratado tu siervo, se encendió su furor. 39:20 Y tomó su amo a José, y lo puso en la cárcel, donde estaban los presos del rey, y estuvo allí en la cárcel. 39:21 Pero Jehová estaba con José y le extendió su misericordia, y le dio gracia en los ojos del jefe de la cárcel. 39:22 Y el jefe de la cárcel entregó en mano de José el cuidado de todos los presos que había en aquella prisión; todo lo que se hacía allí, él lo hacía. 39:23 No necesitaba atender el jefe de la cárcel cosa alguna de las que estaban al cuidado de José, porque Jehová estaba con José, y lo que él hacía, Jehová lo prosperaba. Otro preso con un alto grado de acción más allá de sus cadenas, la fe le fue suficiente para que pudiera prosperar. Cuando Dios nos llama a cumplir sus propósitos no hay nada que se interponga que no pueda ser derribado por la fe.
 
Cuando Dios nos invita a la quietud a pesar de la adversidad lo que procura es que nuestra fe se extienda, no que se detenga, hay quienes frente a la dificultad no alcanzamos a discernir su deseo y nos paralizamos, no solo en nuestra cuerpo y mente, sino también en nuestra fe y es por esto que terminamos viendo la vida con desesperanza. El rango de movimiento que hoy tenemos es suficiente para hacer que nuestra fe alcance las victorias que ya nos han sido dadas en Jesús. El Justo no vive por lo mucho que puede o deje de hacer, el Justo vive por la fe.

3. Entre más quietos estemos, más poderoso y extenso será el alcance de nuestro Dios.

Filipenses 1:14 Y la mayoría de los hermanos, cobrando ánimo en el Señor con mis prisiones, se atreven mucho más a hablar la palabra sin temor.
 
Muchos de los soldados habrían entrado en contacto con Cristo a través de Pablo; y el saberlo habría dado a los hermanos de Filipos un nuevo coraje para predicar el Evangelio y testificar de Cristo. El estar él en la cárcel incentivo a la predicación del Evangelio. Ese incentivo actuó de dos maneras: Estaban los que le amaban; y, al saberle en la cárcel, redoblaban los esfuerzos para extender el Evangelio para que no perdiera terreno por estar Pablo inmovilizado. Sabían que la mejor manera de deleitar su corazón era hacerle ver que la obra no sufría por su lamentable ausencia. Pero otros estaban motivados por lo que Pablo llama: “eritheía”, predicaban por sus propios fines partidistas. Así es que había algunos que predicaban a Cristo más intensamente aprovechándose de que Pablo estaba en la cárcel, porque esa circunstancia parecía ofrecerles una oportunidad enviada del cielo para aumentar su propio prestigio e influencia y disminuir los de él.
 
Aquí encontramos una gran lección. Pablo no sabía lo que eran los celos ni el rencor. Mientras se predicara a Cristo, no le importaba quién recibiera los honores o el prestigio. No le importaba lo más mínimo lo que otros predicadores dijeran de él, ni lo enemistados que estuvieran con él, o lo mucho que le despreciaran, o que trataran de sacarle ventaja. Lo único que le importaba era que se predicara a Cristo.
 
Juan 12:24 De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto. Que extraordinario dicho en boca del Señor Jesús, no existe un estado de quietud mayor que la misma muerte, pero es allí donde el poder de Dios podrá magnificarse, ya que es la expresión máxima de dependencia Divina. En este texto el Señor hace referencia a así mismo como el grano de trigo, pero implícitamente es una invitación a sus seguidores a entrar en una quietud absoluta para ver el poder de Dios actuar más allá de toda posibilidad humana. El llegar aquí nos debe conducir a una gran expectativa por la gran cosecha que finalmente nos sobre vendrá.
 
Conclusión
 
Filipenses 4:21 Saludad a todos los santos en Cristo Jesús. Los hermanos que están conmigo os saludan. 4:22 Todos los santos os saludan, y especialmente los de la casa de César. 4:23 La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros. Amén. Pablo termina su carta a los Filipenses como acostumbra; dando salutaciones, pero que se hace notorio es a quienes incluye en esta salutación: “Todos los santos os saludan, y especialmente los de la casa de César”. Pablo se había infiltrado con el evangelio que predicaba en la casa del Cesar sin ni siquiera poner un pie en ella. Eso prueba que la quietud en el Señor vale la pena, solo en ella cumpliremos los sueños, anhelos, propósitos dispuestos en el Señor.

Pastor: David Bayuelo
Fecha: Marzo 2 de 2018 

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