Antes del Amanecer

ANTES DEL AMANECER - Josue 1:1-8Escuchar audio de esta predica Josué 1:1 Aconteció después de la muerte de Moisés siervo de Jehová, que Jehová habló a Josué hijo de Nun, servidor de Moisés, diciendo: 1:2 Mi siervo Moisés ha muerto; ahora, pues, levántate y pasa este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy a los hijos de Israel. 1:3 Yo os he entregado, como lo había dicho a Moisés, todo lugar que pisare la planta de vuestro pie. 1:4 Desde el desierto y el Líbano hasta el gran río Eufrates, toda la tierra de los heteos hasta el gran mar donde se pone el sol, será vuestro territorio. 1:5 Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé. 1:6 Esfuérzate y sé valiente; porque tú repartirás a este pueblo por heredad la tierra de la cual juré a sus padres que la daría a ellos. 1:7 Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas. 1:8 Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien.

Hay películas en el cine que comienzan con el desenlace, para luego pasar a desarrollarse y terminar en lo que sería el principio de la historia, esto es una manera extraña de plasmar una realidad pero que resulta finalmente en un producto interesante.

Cuando hablamos de la historia del pueblo de Dios en todos los tiempos esto es precisamente la sensación que se levanta en medio de las escrituras, un Dios que se anticipa a contarnos el final, para que podamos desarrollar la trama con la fe que se requiere y así llegar a lo que aparentemente parece la conclusión, pero que realmente es el principio de nuestra historia.

Al remitirnos al libro de Josué descubrimos que es el fiel reflejo de lo que vengo planteando, el Señor en una conversación privada con el sucesor de Moisés le dice: “Mi siervo Moisés ha muerto; ahora, pues, levántate y pasa este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy a los hijos de Israel. Yo os he entregado, como lo había dicho a Moisés, todo lugar que pisare la planta de vuestro pie. (Josué 1: 2 – 3) Esto es la Palabra de Dios; quien no es hombre, para que mienta, Ni hijo de hombre para que se arrepienta. Él dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará? (Números 23: 19). Siendo así tenemos que saber que aunque no tengamos tan claro como se llevara a cabo esta historia y aunque tengamos que afrontar cosas inesperadas e incluso difíciles en medio de su desarrollo, ya Dios se anticipó a contarnos un final que debe darnos seguridad, una profunda paz y borrar todo temor de nuestro corazón.

1. Debemos concentrarnos en el final y no en cómo se ha estado desarrollando la historia.

Josué 1:3 Yo os he entregado, como lo había dicho a Moisés, todo lugar que pisare la planta de vuestro pie.

Alguna vez le escuche decir a alguien que; “La noche se hace más oscura, justo antes de amanecer”. Creo que esta debió ser la sensación que experimento Josué y el pueblo de Israel justo antes de entrar a la tierra prometida, al punto que el mismo Dios tubo que traer una Palabra profética para apagar cualquier temor. Lo cierto es que si somos objetivos, todo se veía mal; el líder que les guio por más de cuarenta años había muerto, aún estaba en sus mentes el recuerdo de un informe pesimista de diez de los doce espías que habían hecho un reconocimiento de esta tierra, el Jordan que los separaba de la promesa de Dios se hallaba en su mayor creciente, tendrían que traspasar murallas tan altas y tan anchas que un carruaje con sus caballos podían transitar cómodamente por encima de ellas, además de un sin número de naciones hostiles que no entregarían lo que Dios le había dado con tanta fácilmente. ¿En que tenían que concentrarse para permanecer llenos de esperanza? En una sola cosa: el final que ya Dios les había contada. “Yo os he entregado, como lo había dicho a Moisés, todo lugar que pisare la planta de vuestro pie”.

Éxodo 14:10 Y cuando Faraón se hubo acercado, los hijos de Israel alzaron sus ojos, y he aquí que los egipcios venían tras ellos; por lo que los hijos de Israel temieron en gran manera, y clamaron a Jehová. 14:11 Y dijeron a Moisés: ¿No había sepulcros en Egipto, que nos has sacado para que muramos en el desierto? ¿Por qué has hecho así con nosotros, que nos has sacado de Egipto? 14:12 ¿No es esto lo que te hablamos en Egipto, diciendo: Déjanos servir a los egipcios? Porque mejor nos fuera servir a los egipcios, que morir nosotros en el desierto. 14:13 Y Moisés dijo al pueblo: No temáis; estad firmes, y ved la salvación que Jehová hará hoy con vosotros; porque los egipcios que hoy habéis visto, nunca más para siempre los veréis. Un momento terrible para Moisés y para el pueblo justo antes de amanecer.

Cuando oro al Señor él me lleva a saber que muchos de nosotros estamos pasando momentos como este, nos hallamos experimentando a través de ciertas dificultades la sensación de que lo que vivimos representa el momento más oscuro de la noche, pero hoy una vez más se levanta su voz como lo hizo en los días de Josué para decirnos que antes de un nuevo amanecer, la noche se hace más oscura y que en lo que debemos permanecer quietos es en cada Palabra que Él ya nos ha profetizado.

2. No debemos permitir que las circunstancias adversas importen, lo realmente trascendente es el final que ya Dios nos contó.

Josué 1:5 Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé.

La sensación que Dios busca despertarnos es de absoluta invencibilidad. ¡No serás derrotado jamás!, pero Dios revela junto con esa declaración, la razón por la cual Josué permanecería invencible: “YO estaré contigo como he estado con Moisés, no te dejare, ni te desamparare. Yo soy tu victoria, Yo soy el Barón de guerra que cruzo al pueblo a través del mar rojo y de la misma manera que cruce a la generación de Moisés a través del mar, Yo cruzare esta generación. No te dejare, no te desamparare, yo estaré contigo de la misma forma en que estuve con Moisés. Tres veces en un solo versículo Dios garantiza su presencia. Primero: estaré contigo, segundo no te dejare y tercero no te desamparare, por eso nadie podrá hacerte frente. En otras palabras Dios le dice: Los gigantes no son tu problema, el Jordan desbordado no será un obstáculo, el hecho de que las circunstancias cambien, el hecho de que el pueblo que está del otro lado sea más numeroso y militarmente está mejor preparado, eso no debe ser motivo de intimidación para ti.

Dios nos lo dice de la misma manera a nosotros en este tiempo cuando vemos la economía cambiar, cuando vemos nuestro peso devaluándose, cuando vemos que aumenta la persecución a los hijos de Dios, cuando estamos a cortas de una nueva elección de presidente en nuestra nación, cuando observamos frente a nuestros ojos la decadencia de la sociedad. Lo que no se nos puede olvidar es que Dios nos ha prometido que su presencia estará con nosotros hasta el fin del mundo.

La promesa había sido hecha, pero el pueblo tenía que creerla, el pueblo tenía que obedecer. Dios sabía que el más grande de los obstáculos, de los enemigos, a la posesión de la tierra prometida era el temor, como ocurre en muchas de nuestras vidas, el más grande opositor de nuestro caminar con Dios es el temor, ese temor que nos paraliza, ese temor que nos confunde y que cuando nos confunde nos hace tomar malas decisiones, el temor que nos quita el sueño durante la noche, el temor que nos hace desviar la vista puesta en Dios para ponerla en los hombres, o en nuestra propia prudencia, el temor que nos debilita y que no nos deja recordar en el tiempo las promesas de Dios, este es un gran opositor para la posesión de lo que ya Dios nos dio en Cristo Jesús. Es por eso que Dios le dice a Josué; 1:6 Esfuérzate y sé valiente; porque tú repartirás a este pueblo por heredad la tierra de la cual juré a sus padres que la daría a ellos.

Un analista económico decía que desde que tiene uso de razón está escuchando que las cosas están duras y el mercado costoso. Eso es este mundo y eso nunca va a cambiar, lo que siempre debe prevalecer es lo que Dios nos ha dicho.

3. No podemos permitir que el temor borre de nuestra mente lo que Dios nos ha dicho y nos guie a la desobediencia.

Josué 1:7 Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas. 1:8 Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien.

Esta es la segunda vez que Dios le dice a Josué se fuerte y valiente, pero en esta ocasión enfatiza aún más la necesidad de esa valentía, es interesante porque la primera vez que Dios se lo dice lo hace en relación al cruce del Jordan, pero ahora cuando Dios le habla de ser fuerte y muy valiente se lo dice en relación a la vida de obediencia; “Cuídate de cumplir la ley que mi siervo Moisés te mando, no te desvíes de ella, ni a la derecha, ni a la izquierda. Vivir una vida de obediencia requiere de valentía, tú puedes ver de qué manera el temor alimenta o produce una vida de desobediencia.

El temor frecuentemente nos regresa al hombre viejo, a lo que conocemos, a nuestras formas pecaminosas de pensar y de hacer las cosas, a nuestras malas costumbres, a lo que hacíamos fuera de la voluntad de Dios. De manera que el temor es un terreno fértil para la desobediencia y de allí que Dios ahora nos está diciendo: “Se fuerte y muy valiente” y casi de inmediato: “Cuídate de cumplir toda mi ley, no una parte” Dios está interesado no en una obediencia parcial, porque obediencia parcial es desobediencia. Debemos hoy frente a lo que nos causa temor vigilar nuestra vida.

Nosotros al igual que Josué y el pueblo hubiésemos preferido vivir bajo circunstancias que no nos atemorizaran, una tierra no habitada para solo tener que luchar con matorrales, hubiésemos preferido que si iba a estar habitada que fuera una tierra de enanos y no de gigantes, hubiésemos preferido un arroyito, pero esa tierra no nos hubiese permitido comprobar la
fidelidad de un Dios celoso por su pueblo y de la misma manera no nos hubiese dado la oportunidad para el despliegue del poder de Dios, no hubiese permitido el despliegue de la gloria de Dios, como si lo permitió una tierra plagada de grandes dificultades. Nosotros al orar preferimos pensar en tareas y desafíos del tamaño de nuestras fortalezas, pero Dios permitirá cosas que se salgan de nuestro control para llevarnos a depender solamente de Él y su Palabra.

Conclusión

En definitiva cuarenta años en el desierto no pudieron impedir que el final escrito por Dios llegara, la rebelión del pueblo no fue un impedimento, la muerte de Moisés tampoco lo sería y los gigantes presentes en la tierra prometida no serían el obstáculo. “Cruza el Jordan, Yo estoy contigo” Así se inició la conversación que Dios tubo con Josué, ya que él necesitaba ser afirmado y mira como lo hizo: Yo os he entregado, como lo había dicho a Moisés, todo lugar que pisare la planta de vuestro pie. (Josué 1:3) Lo que Dios estaba diciendo como nos lo dice a nosotros esta mañana es: “Marcha con confianza, marcha con pie seguro, marcha con fortaleza, yo voy a darte cada lugar que tu pie pise”, esto más que cualquier otra cosa, es una declaración de Dios a cumplir sus promesas, es una garantía de que Dios esta personalmente involucrado en el proyecto de nuestras vidas y que nuestro perfecto y buen final ya fue escrito por su mano. Recuerda, este es un año para permanecer quietos, porque tan solo estamos en la parte más alta de la noche, antes de que se revele frente a nuestros ojos, un nuevo amanecer.
 
Pastor: David Bayuelo
Fecha: Marzo 18 de 2018

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