Humildad, La Clave de la Unidad

Humildad la clave de la unidad - Filipenses 2:1-4 Escuchar audio de esta predica Filipenses 2:1 Por tanto, si hay alguna consolación en Cristo, si algún consuelo de amor, si alguna comunión del Espíritu, si algún afecto entrañable, si alguna misericordia, 2:2 completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa. 2:3 Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; 2:4 no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros.

Este texto comienza con una serie de condicionantes; si hay alguna consolación en Cristo, si algún consuelo de amor, si alguna comunión del Espíritu, si algún afecto entrañable, si alguna misericordia; los mejores lingüistas afirman que ese “si”, debería ser usado como: “ya que”.

Pablo nos está ayudando a entender que para que la unidad del cuerpo se mantenga se necesitan condiciones externas y condiciones internas, las condiciones internas las provee Dios a través de su Espíritu y las externa debemos dejar que fluyan desde nuestro interior para que se manifiesten a los ojos de todos aquellos que nos ven.

El asunto está que comprendiendo lo que ha pasado en mi vida no tengo excusas para no dejar que estos atavíos externos se manifiesten, si Dios nos unió en un mismo Espíritu, yo debo responder en coherencia con esto, si realmente he probado la consolación, el afecto, la misericordia esto debe fluir mostrándose externamente en medio de mi vida en el cuerpo de Cristo.

La parte que hace visible la unidad es algo que nosotros debemos trabajar y con seguridad aunque muchas veces hemos escuchado hablar de esta necesidad en el cuerpo de Cristo, no sé si alcancemos a comprender la dimensión que tiene este término. Yo creo que nos acostumbraos a vivir tan divididos que cuando la desunión aparece la vemos como natural.

Jesús está casi en la agonía de su muerte pero se toma un tiempo para pedirle a su Padre por una necesidad como esta. Juan 17:21 para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. 17:22 La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. 17:23 Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado.

Jesús lo que está diciendo es: “Padre yo necesito que ellos puedan estar unidos, ya que esto resulta esencial para que le mundo crea que yo soy ese mensajero que Tú enviaste”. Una y otra vez Cristo está pidiendo por la unidad de la iglesia y dos mil años después esto es algo que se sigue gestando, está
 
claro que Dios ya proveyó todo lo que se necesitaba internamente tal cual nos lo describe Pablo, pero el que esto pueda convertirse en una realidad depende la disposición de la iglesia para que todo lo provisto por Él en nuestro interior se manifiesten externamente.

La falta de unidad en el cuerpo de Cristo es un pecado grave, se opone a la oración que Jesús le hizo a su Padre y si no aprendemos a verlo de esa manera una y otra vez entraremos en conflictos entre hermanos, como el que nos plantea Pablo en esta carta refiriéndose a Evodia y a Síntique y en este texto el apóstol nos va a revelar porque ellas y nosotros entramos en procesos de irreconciliación. ¿Qué es lo que impide la unidad y que es lo que fomenta esa unidad? y que aparentemente está siendo amenazada en la iglesia de Filipos.

Ya el Señor nos bautizó bajo un mismo Espíritu, nos colocó bajo un mismo manto en la cruz, el que nosotros no veamos esa realidad manifestada en nosotros se debe a eso que Pablo va a revelar ahora:

Filipenses 2:3 Nada hagáis por egoísmo o por vanagloria, sino que con actitud humilde cada uno de vosotros considere al otro como más importante que a sí mismo.

Cuando miramos en las escrituras desde la caída del hombre el egoísmo se convirtió en uno de los factores más recurrentes en la vulneración de la unidad, desde un Adán y Eva, que no se conformaron con todo lo que Dios le dio a administrar sino que quisieron lo único que el Señor se reservó para él; “El árbol del conocimiento de la ciencia del bien y el mal”. Su actitud egoísta termino rompiendo con la unidad perfecta entre Dios y su creación.

Egoísmo: el término egoísmo hace referencia al amor excesivo e inmoderado que una persona siente sobre sí misma y que le hace atender desmedidamente su propio interés. Por lo tanto, el egoísta no se interesa por el interés del prójimo y rige sus actos de acuerdo a su absoluta conveniencia. Dentro de nuestra realidad podríamos definirlo como: todo para mí y nada para los demás y si alguien obtiene algo que yo no tengo eso llena mi corazón de envidia.

Pablo está diciendo nada hagáis por egoísmo y luego continua o por vanagloria, si separamos esas dos palabras Vana-Gloria, es vana porque esta vacía, porque no tiene significado delante de los ojos de Dios y la gloria es la autocomplacencia, el creer que yo tengo un valor desmedido, esto es jactancia, es esperar que se me adule por mi obrar. Y Pablo está diciendo: no te jactes, no te enorgullezcas porque nada de eso tiene valor, es esa jactancia la que nos lleva a considerar que necesitamos un mejor trato. Estas cosas destrozan la unidad.

Pablo nos quiere llevar a comprender que yo debo dejar atrás la actitud egoísta y vanagloriosa de la carne y darle paso a la actitud humilde del Espíritu. La única oportunidad en que Cristo nos dice: “aprended de Mi” es cuando él se estaba refiriendo a su mansedumbre y a su humildad y nosotros no podemos aprender eso de alguien diferente que no sea Jesús. La persona egoísta no puede ser humilde porque esas dos cosas se contraponen, es por eso que Pablo nos dice: Filipenses 2:3 Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad. La humildad es el resultado de yo vivir pensando antes de mí en el bienestar del otro. Filipenses 2:4 no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros. (Hay quienes siempre vivimos con la consideración de sálvese quien pueda; esto es una actitud egoísta)

Si queremos vivir en unidad debemos tomar en cuenta primero los gustos, preferencias, posiciones, situaciones, deseos de los demás, antes de elegir, a la hora de tomar decisiones. Cuando pensamos en los diferentes puntos de vista, primero pensemos en los del otro y luego pensamos en los nuestros. Yo estimo al otro como superior cuando antes de tomar decisiones yo no pienso en ¿esto me beneficia, me conviene, me es eficiente? sino de qué manera cuando yo tome esta decisión va a afectar a mi hermano. De qué manera yo lo podría herir, de qué manera podría menospreciarlo, de qué manera el pudiera sentirse mal y luego procedemos a tomar las decisiones. Esto se cumple cuando yo tomo decisiones que incluso van en detrimento de mi deseo, pero lo importante es que esto redundara en bendición para la vida de mi hermano. ¿Estamos dispuestos a ser clavados si alguien se va a beneficiar de los clavos? Esto debe pasar en nuestra vida familiar, como debe pasar en la vida de la iglesia.

Filipenses 2:4. No buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás. VA Filipenses 2:4 no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros. RV1960

Todos nosotros tenemos intereses, Pablo dice: “Olvídate de ellos, no se trata de ti” Cuando vallamos a considerar nuestros intereses debemos mirar los de los otros primero. El problema está en que nuestros miedos e inseguridades nos colocan en una posición que hace que nosotros nos olvidemos de las necesidades de los demás.

Ilustración: Un naufragio con un solo salvavidas, y estamos ahogándonos en el mar de la vida. Yo tengo que sobrevivir y yo no tengo que pensar en los demás.

En el versículo dos Pablo nos muestra el resultado cuando esto que él le pide a los filipenses no está en orden: completad mí gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa. En otras palabras lo que les quiere decir es: Hay un cierto sentimiento que embarga mi corazón, una tristeza, yo he oído de Evodia, yo he oído de Síntique, fueron mis compañeras de contienda por el evangelio y están que no se hablan y ni se saludan en una misma iglesia, hagan lo que sea necesario para que se reconcilien.
 
Conclusión

En una iglesia de Dallas Texas, se separó en dos grupos y después de una larga contienda por quien se iba a quedar con la posesión de la iglesia, el uno demanda al otro y el otro demanda a su similar. Van al juez quien parecía más cristiano que ellos y les dice: Que no es prerrogativa de él como juez decidir eso, que regresen a la iglesia y nombre un tribunal eclesiástico y que tomen esa decisión y que luego regresen para legalizarlo frente al estado. Es como si le estuviera diciendo vallan a 1 Corintios seis donde dice que un hermano no puede demandar a otro hermano. Ellos regresan nombran el tribunal y finalmente terminan otorgándole la propiedad a una de las dos partes y luego van a la corte para que este asunto se oficialice. Los periódicos en Dallas empiezan a hacer eco de esta historia y como buenos periodistas empiezan a indagar como comenzó todo y lo increíble es lo que encuentran. Un día en un compartir de la iglesia todo comenzó porque alguien le sirvió un pedazo más grande de jamón a un niño, que el que le sirvió a un anciano que estaba al lado de él. Imagínate el hazme reír de esta ciudad cuando descubrieron este asunto, el mundo riéndose de la conducta de los hijos de Dios.

Dejemos que lo que el Señor ya hizo en nuestro interior florezca en nuestro exterior.
 
 
Pastor: David Bayuelo
Abril 27 de 2018

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