La Clave de la Humildad

La clave de la humildad - Filipenses 2:5-8 Escuchar audio de esta predica Filipenses 2:5 Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, 2:6 el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, 2:7 sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; 2:8 y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.

Este texto que yo acabo de leer representa en la opinión de estudiosos y académicos el corazón de esta carta y en opinión de muchos otros el corazón de toda la Biblia, porque nos explica el descenso de Cristo de su gloria hasta su máxima humillación. Aquí hallamos la explicación de cómo fue necesaria su padecimiento para que nosotros pudiéramos alcanzar la glorificación y como él tuvo que estar dispuesto a morir, para que nosotros tuviéramos vida.
La pregunta que vale la pena hacerse es: ¿Por qué un texto como este que es conocido como el despojo de Cristo, Pablo lo incluye en una carta que procura descubrirnos el gozo que debe predominar en la vida del cristiano? Uno esperaría que versículos como estos aparecieran en la carta a los Romanos o a los Hebreos ya que ellas tienen un alto contenido teológico y sin en embrago en ellas no fueron incluidos.

La razón por la que el escritor de filipenses lo hace así; es para presentar estas enseñanzas como el antídoto para la división que se había estado presentando en el contexto de la iglesia de Filipo, en ellas hallamos el modelo de como sanar las heridas, un modelo de cómo evitar las divisiones y las fracturas en las iglesias de Dios, este un ejemplo claro de cómo debemos vivir, servir y convivir cuando estas desavenencias se presentan.

A través de la instrucción de Pablo debemos llegar a concluir que un verdadero siervo de Dios no usa sus privilegios para promoverse así mismo, un verdadero siervo usa sus privilegios para que la obra del Reino de los cielos avance y siendo esto cierto, debemos reconocer que Cristo de quien Él nos habla en este texto siempre será nuestro mejor modelo.

1. La actitud que hubo en Cristo Jesús.

Filipenses 2:5 Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús.

Ese sentir hace referencia a la disposición mental que caracterizo al Señor Jesús, una inclinación natural a tener la actitud correcta, esto que se nos describe en este texto es algo que hacia parte de su esencia misma y El apóstol nos está diciendo: “Qué halla pues”, en otras palabras cuando Dios nos engendro como sus hijos puso en nosotros lo necesario para tener la misma disposición mental, esta inclinación natural que hubo en Cristo Jesús y que muchas veces no vemos que se manifieste en nuestras vidas.

Algo indispensable antes de emprender la misión dada por Dios es que debemos tener esta misma inclinación espiritual. “Halla pues”, no podemos considerarlo como una opción o una alternativa, esta es una obligación que poseemos dado quien somos nosotros ahora en Cristo Jesús. El haber sido regenerados, el que el Espíritu de Dios more en mí, convierte las Palabras del apóstol en un imperativo, algo que debo cumplir sí o sí. Esto es algo que yo debo adoptar como un estilo de vida, no es que yo voy a comportarme como siervo cuando este en una situación que compromete la relación con mi prójimo, sino que debemos hacerlo todo el tiempo, ya que esta es nuestra forma de pensar, de sentir, de ser, tu y yo somos siervos, no nos comportamos como siervos, mi comportamiento debe ser el reflejo de lo que soy, al igual que lo era para el Señor Jesús. Él no fue un siervo de manera esporádica, este siempre ha sido su estilo de vida.

De igual manera por la forma verbal usada por Pablo el no solo nos dice que esto es algo que debe estar presente en mi, sino que que también debe ejercitarse de forma activa, en otras palabras; tenemos que renunciar a lo que son mis deseos de la carne, yo debo incomodarme y renunciar a la superficialidad de esta mundo, yo debo renunciar al egocentrismo de mi carne, yo tengo que renunciar a toda actitud rebelde. Dios nos ha dado un espíritu con la capacidad de someterse a su voluntad, de tal manera que estamos capacitados para reflejar lo que el Señor Jesús fue en esta tierra hasta llegar a la cruz.

Poema de Kent Hughes (Comentario Filipenses): Yo soy como Juan y Jacobo… Señor, yo evalúo a los demás en términos de lo que ellos pueden hacer por mí; Y como ellos pueden avanzar mis programas, alimentar mi ego. “Satisfacer mis necesidades y darme ventaja estratégica. Yo me aprovecho de las personas para tu gloria, pero en realidad para mi gloria.” Señor vengo a ti a obtener una posición ventajosa y obtener favores especiales… Tu guianza para mis propósitos, tu poder para mis proyectos. Tu aprobación para mis ambiciones, Tu cheque en blanco para lo que yo quiera… En definitiva: yo soy como Juan y Jacobo.

Y nosotros somos como Juan y Jacobo.

2. Cristo abandonó su posición.

Filipenses 2:6 el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse.

Cristo existió todo el tiempo en forma de Dios. La palabra “forma” desde el griego es: “morfe” y habla de algo que tiene una expresión externa, porque es así internamente; Jesús externamente lucia como Dios, porque internamente Él era Dios y siendo Dios y no pudiendo Dios cambiar (Inmutable), entendemos que Él existió siempre en esa forma de Dios y estando en esa posición, Él decide encarnarse. Ahora, la encarnación de Cristo era suficiente humillación para la Divinidad. Que Dios se halla hecho carne, que el Creador se halla hecho creatura, ya es suficiente humillación, que el Dios que existe por encima del tiempo y el espacio, que el Dios que lo llena todo se atreva a reducir su condición para estar en un útero por nueve meses en la oscuridad de esa matriz, dentro de una creatura caída y pecaminosa y luego llegado el tiempo halla salido por un canal vaginal como cualquier simple creatura; eso es humillación, pero a pesar de eso Él lo hizo. Esto sin duda es algo muy difícil de entender.

Jesús estando en la condición de Hombre fue alguien que realmente supo manejar el poder, la autoridad, la posición, los privilegios, nadie ha podido igualarle y jamás podrá hacerlo. Con todo el poder del universo contenido en Él, se dejó clavar en una cruz, y yo creo que nosotros con menos poder que este no hubiésemos permitido que se nos lastimara con una tachuela. Siendo Él Rey que se viste de gloria, Él dejo que lo crucificaran desnudo, al punto que el ladrón a su lado tuvo razones humanas para dudar de su divinidad. Con todo el conocimiento que Él tenía de los hombres y toma su obra redentora, la que tanto le costo y la pone en manos de 12 hombres corruptos y pecaminosos, y nosotros muchas veces no confiamos en nada y nadie y porque consideramos que si no lo hacemos nosotros nunca las cosas estarán bien. Esa fue la actitud que hubo en Cristo Jesús y la que debemos perseguir que se manifieste en nuestras vidas.

3. Jesús estableció su auto renuncia.


Filipenses 2:7 sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres;

Nadie cancelo la posición del Señor Jesús, nadie despojo a Cristo de sus privilegios, todo el tiempo el considero ser el Cordero inmolado desde la eternidad, todo el tiempo Él estuvo dispuesto a venir para humillarse, despojarse y vaciarse e ir a la cruz por esta humanidad perdida en sus delitos y pecados.

En el siglo 19 algunos teólogos concibieron la idea de que Cristo había venido a esta tierra y se había despojado de algunos de sus atributos, a eso le llamaron: la Kenosis. Pero esto no es cierto, porque si lo hacia así dejaría de ser Dios, despojarse de algunos de sus atributos lo haría perder la condición de Dios que Él siempre ha tenido, Él lo que hizo en ocasiones fue restringir el poder de sus atributos, porque si Él era Dios la inmutabilidad siempre estaba en Él, no podía cambiar.

Cristo de lo que se despoja es de la adoración de los ángeles, de la gloria que siempre estuvo con Él, de la compañía de su Padre en los cielos, de los privilegios que siempre tuvo como Dios, para así poder venir y representar a un hombre caído que difícilmente podría apreciar lo que Él hizo por él.

Ahora, ¿cómo es posible que Jesús siendo Dios no considero su condición como algo a que aferrarse y porque a nosotros que estamos muy por debajo se nos hace tan difícil soltar la posición, la posesión, los privilegios, lo que tengo, el nombramiento, el título, mi opinión, aquellas cosas que apreciamos y defendemos? La razón es porque si lo soltamos es como quedarnos sin valor. Debemos saber que nuestro valor no nos lo da nada de esto, esto no debería ser tan esencial en nuestras vidas como no lo fue para Cristo, porque su verdadero valor estaba en lo que Él era en esencia y de la misma manera debe serlo para nosotros. Esta es la razón por la que nosotros muchas veces peleamos y nos mordemos. Usted dirá “yo si estoy listo a renunciar” y aveces no permitimos que ni siguiera alguien nos quite nuestro lugar en la autopista.

Qué paradoja: Cristo lo poseía todo y lo entrego y se quedó sin nada, nosotros no poseemos nada pero lo agarramos todo porque creemos que esto nos da valor. Nos creemos dueños de todo lo que Dios nos da, nos creemos dueños de nuestras vidas, nos creemos dueños de las vidas de los demás y queremos controlar lo que Dios nos da y queremos controlar la vida de los otros.

Marcos 9:38 Juan le respondió diciendo: Maestro, hemos visto a uno que en tu nombre echaba fuera demonios, pero él no nos sigue; y se lo prohibimos, porque no nos seguía. 9:39 Pero Jesús dijo: No se lo prohibáis; porque ninguno hay que haga milagro en mi nombre, que luego pueda decir mal de mí. 9:40 Porque el que no es contra nosotros, por nosotros es. Entendamos lo que está pasando aquí; Juan y los otros se encuentran con alguien que ha hecho un milagro y corren donde el Señor Jesús y le dicen: “Tú tienes que parar a este hombre, él no anda con nosotros, no es de nosotros”, Juan quiere controlar esto y Jesús le dice: “el ministerio no le pertenece a los hombres, le pertenece a Dios y el que no está contra nosotros, con nosotros es”. Los discípulos tenían el mismo síndrome nuestro de querer controlarlo todo y ellos tenían que aprender que en realidad ellos no tenían nada.

Cuando tenemos la capacidad de llenar alguna necesidad humana es porque la provisión Divina se vacío en nosotros para poder bendecir la vida de aquellos que necesitaban la manifestación de la gracia de Dios. Tu y yo no tenemos lo que se necesita para ministrar el alma de las personas, solo el Señor lo posee, así que no hay ninguna razón por la cual debemos enorgullecernos. Nosotros muchas veces queremos darle la gloria a Dios, pero mientras tanto queremos llevarnos el crédito nosotros. Cristo estaba enseñándole a sus discípulos que esta no es la forma de hacerlo. Nosotros a diferencia del Señor Jesús queremos las luces encendidas sobre nosotros todo el tiempo y cuando esto no ocurre las queremos apagadas porque no deseamos que estén encima de nadie más. Él Señor Jesús encendió las luces todo el tiempo sobre el Padre.

La actitud de Cristo como la tercera persona de la trinidad fue despojarse así mismo, este debe ser el ejemplo a seguir, aquí está la clave para poder cumplir correctamente lo que Dios estableció para nuestras vidas. La promoción, el éxito en el Reino de los cielos es muy diferente a como nosotros las vemos, porque en la tierra es hiendo hacia arriba, en los cielos es descendiendo. El que quiera ser exsaltado que se humille.

4. La abnegación de Cristo al servir.


Filipenses 2:7 sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres;

Jesús pudo haber venido como cabeza del imperio Romano pero no lo hizo, Él pudo nacer en Atenas con bombos y platillos pero no lo hizo, Él pudo nacer en Roma, Él pudo haberlo hecho en Jerusalén en medio de los sacerdotes y los escribas y de los saduceos y del sanedrín pero no lo hizo. El se encarnó y vino a parar en un pesebre y su audiencia eran unas ovejas y unos pastores del campo.

Te das cuenta cómo piensa un siervo, como cree un siervo, como entra un siervo. La grandeza de un hombre no consiste en cuantas personas Él tiene a su disposición, para darles ordenes, sino a cuantas personas él les sirve y eso nos muestra que no hay un ejemplo de humildad más grande que el Señor Jesucristo.

En el lavatorio de pies ni siquiera a Judas lo excluyó de servirle, el lavo sus pies, porque cuando el siervo sirve, lo hace sin preferencias, sin exclusiones y ese es el modelo que Él nos mostró antes de partir. Cuando Cristo lavo los pies de sus discípulos ese fue su mejor sermón.

Todos los que servimos la gente puede que vean nuestro sermón en este lugar una hora o dos en cada reunión, pero nuestra vida predica otro sermón toda la semana, la pregunta es: ¿hay correspondencia en nuestras dos predicaciones? ¿Cuál de esos dos sermones escuchan nuestras ovejas?

El orgullo y la humildad vamos a analizarlos para ver como ellos lucen. El orgullo apenas tolera a las personas, la humildad es paciente y le sirve a las personas. El orgullo es impaciente, intolerante, la humildad es perdonadora y tolerante. El orgullo usa a las ovejas, la humildad permite que Dios use a las ovejas. El orgullo crítica y condena, la humildad exhorta y anima. ¿Cuál mostramos en nuestras vidas?

Es esa humildad de Cristo la que Él mostró todo el tiempo la que nosotros debemos cultivar y esta es una cualidad que es elusiva, se nos va de las manos todo el tiempo, sobre todo a los que lideramos. Los que servimos debemos saber que es un honor inmerecido el que Dios nos haya permitido cuidar de su ovejas, no debemos sentirnos sacrificados, o martirizados.

Conclusión

Un misionero vivía en un lugar montañoso, una mañana se levantó y vio a dos cabras paradas en dos picos altos, uno se hallaba frente al otro, y se comunicaban por un camino muy estrecho, de repente ambos animales empezaron a bajar la montaña el uno hacia el otro, de inmediato la pregunta que vino a su mente fue; ¿cómo harían para pasar hacia el otro lado, si en cada costado del camino solo había un gran precipicio y era tan estrecho que ni siquiera podrían darse la vuelta? De repente de manera sorprendente al encontrarse la una con la otra, una de ellas bajo que la otra pudo pasar por encima y así prosiguieron su camino. Ese es exactamente el ejemplo de nuestro Señor Jesucristo, Él descendió, descendió y descendió, de tal manera que nosotros pudiéramos pasar por encima de Él hacia el otro lado y así poder alcanzar nuestra salvación.

Muchas veces nuestros egos terminan superando nuestra razón, preferimos perder manteniendo una voluntad inquebrantable, antes que ganar estando en humillación. Muchas veces cuando estamos en situaciones como las de estas dos cabras escogemos entrar en una contienda y enganchar nuestros cuernos hasta irnos juntos al precipicio.

Lo absurdo de su sacrificio, si es absurdo que Dios muera en lugar del hombre, es absurdo que el juez muera como acusado y condenado, es absurdo que el Rey que se vista de gloria muera desnudo, es absurdo que el Señor y amo muera como esclavo, es absurdo que el inocente muera como si fuera culpable, es absurdo que el dador de vida pierda la suya, lo absurdo de su sacrificio, por eso el ladrón al verlo en la cruz dijo: “No puede ser que este sea Dios”. ¿Cómo lo hizo, como lo logra hacer Jesús? Su humildad le permitió todo el tiempo renunciar a su posición, su dependencia del Padre le permitió enfrentar cada tentación, su obediencia absoluta le permitió calificar para ser el cordero que murió en la cruz, su disposición a ser quebrantado le permitió morir por nuestros pecados para darnos salvación. Su humildad le permite renunciar, su dependencia del Padre le da la fortaleza que Él requería, superar las tentaciones y su quebrantamiento le permitió llegar hasta la última hora y pagar para liberarnos de una condenación eterna. Humildad, obediencia, dependencia y quebrantamiento cuatro cosas que tú y yo necesitamos si realmente queremos imitar al Señor Jesús.

Hay Tres grandes verdades que tú y yo tenemos que recordar: nosotros existimos a causa del Reino y el Reino a causa del Rey, no al revés, numero dos: tú y yo pertenecemos a la comunidad de la vasija y de la toalla, quizás no me guste, quizás no te guste, quizás no lo quiera hacer, pero no hay otra comunidad que le pueda dar gloria a nuestro Dios y número tres: No hay bendición sin quebrantamiento, y no es porque Dios se goce quebrantándome, sino que sin su quebrantamiento yo no sabré manejar su bendición, esa bendición que Él me pone en mis manos. Si queremos ser vasos de bendición necesitamos ser quebrantados primero, así que debemos dejar que el Señor trate con la humildad en nuestras vidas.
 
 
Pastor: David Bayuelo
Mayo 6 de 2018

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