Santificados

santificados - filipenses 3:10Escuchar audio de esta predica Filipenses 3:10 a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte,
 
Pablo escribe estas Palabras treinta años después que Jesús se le apareció en el camino a Damasco, de manera que cuando el apóstol está diciendo que quiere conocer a Cristo no se está refiriendo a que no lo conoce por que él ya tiene tres décadas conociéndolo, tampoco quiere dar a entender que él quiere más información acerca de Cristo, Pablo realmente está apuntando a algo que para los judíos era de fácil comprensión, ya que la palabra que él usa: “Conocer”, lo que nos quiere decir es que él quería experimentar una relación más íntima con Jesús, fruto de mejorar su comunión con Él.

El apóstol esta consiente que la carne caída que aún está en él le impide tener la experiencia completa de intimidad con el Señor que desearía, que la contaminación que aún hay en sus miembros no lo deja fluir en una relación con Cristo a otro nivel y así que lo que nos intenta decir es: “Yo le he estado conociendo por treinta años, pero aún hay mucho más”. De esa misma forma muchos de nosotros tenemos muchos años en el Reino de Dios, pero nos falta mucho conocimiento íntimo de Jesús y no lo podemos tener si no tenemos más frecuentemente experiencias de vida intimas con Él.

Tal cual Pablo nos lo anuncia en esta carta nosotros necesitamos depender del Señor día a día, minuto a minuto, si deseamos llegar a conocer el poder de su resurrección, esto siempre va a depender de una experiencia personal, de verdadera una intimidad. Algo debe quedarnos claro y es que no podemos tener el gozo de la vida cristiana de la que habla Pablo en Filipenses, sino conozco el poder de su resurrección y yo no pode conocer el poder de su resurrección, si no experimento gozo. Podemos preguntarnos ahora con toda honestidad ¿Será que tenemos el gozo del Señor?

Para un cristiano es imprescindible conocer el poder de la resurrección, ya que nosotros pasamos de la muerte espiritual a la vida por medio del poder de la resurrección literalmente hablando, nosotros pasamos de la imagen del hombre caído, a la imagen de Cristo, por medio del poder de la resurrección, lo que Cristo ha hecho en mi vida, lo que él va a hacer requiere del poder que a Él lo levanto de entre los muertos, de hecho el apóstol Pablo cuando habla a los Corintios en su segunda carta dice: 2 Corintios 4:6 Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo. Según nos muestra Pablo el mismo poder que obro en la creación, es el mismo poder que opero cuando me levanto entre los muertos y me dio vida para siempre.

1. Los deseos de la carne no se vencen con el poder de la carne.


Filipenses 3:10 a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte.

Filipenses 3:10 Quiero conocer a Cristo y experimentar el gran poder que lo levantó de los muertos. ¡Quiero sufrir con él y participar de su muerte, NTV

Las pasiones del hombre viejo no se vencen con el poder del hombre viejo, las debilidades de mi carne no se vencen con el poder de mi carne, porque la carne es débil, Dios me ha dado una vida sobre natural que necesita por diseño ser vivida a través del poder sobrenatural y ese poder Pablo lo llama: “El poder de su resurrección”. Ese poder es un principio dinámico activo en la vida del creyente, que se supone debe vivir la nueva vida que le ha sido dada a través de ese poder. Debemos concientizarnos que solo hay una cosa que puede debilitar el deseo de mi carne y es el poder de su resurrección.

La lujuria que domina la vida de mucha gente hoy en día es más poderosa que el deseo que se tiene de detenerla, pero cuando ponemos esa lujuria al lado del poder de la resurrección, ella es débil, resulta minúscula y un adversario fácil de poder vencer. (Agustín en su libro: “Confesiones”, escribía que él solía orar a Dios: “Detén mi lujuria, quítame la lujuria, pero no todavía”.

La ira que consume a muchos de los hijos de Dios es más poderosa que el deseo de no querer herir al otro, pero cuando ponemos esa ira bajo el poder de su resurrección, esa ira se debilita.

Ese pecado con el que has venido luchando por tanto tiempo y que parece ser invencible, colocado bajo la potestad del poder de la resurrección terminara diluyéndose para nunca más volver a tu vida.

Esa crisis de identidad que no te permite verte plenamente como la biblia dice que eres ahora en Cristo, sometida al poder de la resurrección te devolverá la seguridad de la nueva creatura que eres. Ósea que ese poder no solo nos justificó para darnos una vida nueva, sino que también nos empodera para caminar a partir de allí en un proceso de santificación. Nuestra vida en Cristo ha sido diseñada para vivirla en y a través del poder de la resurrección en Cristo, de lo contrario yo no voy a poder tener una vida abundante en el Espíritu, sino por el contrario yo voy a tener una vida que va a negar todo el tiempo ese poder.

Así que en la medida en que ese poder de la resurrección se manifiesta en nuestras vidas, en esa misma medida yo voy siendo conformado a la imagen de Cristo y eso es exactamente lo que este texto nos está tratando de enseñar.

2. El poder de la resurrección lo poseemos los hijos de Dios pero hay que experimentarlo.


Filipenses 3:10 a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte,

Este poder al cual se refiere Pablo tiene que ver con la morada del Espíritu Santo en nosotros, Él está presente en nuestras vidas desde el mismo momento en que nacemos de nuevo. ¿Pero cómo lo experimentamos, como podemos llegar a conocerlo mejor? El apóstol nos da la respuesta al mostrarnos que a través de las diferentes aflicciones conoceremos la manifestación del poder de su resurrección, esta guarda dos sentidos; por un lado todo el sufrimiento que se nos agolpa al seguir fielmente los designios Divinos (Persecución), pero por otro lado la negación a nuestros malos deseos dándole paso al poder de la resurrección para que se coloque por encima de ellos.

2 Corintios 1:8 - 9 Pablo nos dice: Porque hermanos, no queremos que ignoréis acerca de nuestra tribulación que nos sobrevino en Asia; pues fuimos abrumados sobremanera más allá de nuestras fuerzas, de tal modo que aun perdimos la esperanza de conservar la vida. Pero tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte, para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos. Todas estas aflicciones de las que habla la Biblia nos conducen a desprendernos de una autoconfianza o dependencia de nosotros mismos y colocarla enteramente en el poder de su resurrección. Pablo en esta situación conoció más íntimamente a Cristo, experimento de mejor manera el poder de su resurrección y a la vez fue conformado a la imagen del Hijo.

2 Corintios 4:7 Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros. 4:8 que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; 4:9 perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos; 4:10 llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos. Pablo está hablando de un poder extraordinario que es el que le permite expresarse con tanta esperanza en medio de la aflicción, un poder que se manifiesta en él en medio de los peores momentos. No antes, no después, sino en el instante propicio. Es imposible que el escribiera estas palabras separado del poder de la resurrección.

Muchos de nosotros incluso en medio de la adversidad sea por opresión o por el pecado que intenta enseñorearse hemos rechazado el poder de su resurrección y con ello también hemos perdido la oportunidad que la imagen del Hijo de Dios sea formada en nosotros. Romanos 5:3 Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; 5:4 y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza;

Conocemos el poder de su resurrección participando de los padecimientos de Cristo y así se va dando nuestra santificación.

3. Hay quienes preferimos vivir en el poder de la carne que experimentar el poder de su resurrección.

Filipenses 3:10 a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte,

Jesús dijo que en este mundo tendríamos aflicciones la pregunta que debemos hacernos es, ¿Con que poder vamos a pasar la dificultad, el de nuestra carne o el poder de la resurrección? Está claro que ninguno de nosotros podrá librarse de la dificultad, de la tentación, de los padecimientos, así nos resistamos, así no deseemos que pase.

De nuestra elección dependerá el tener una vida que camina en círculos o una que avanza hacia el perfeccionamiento, la santificación, la glorificación completa en Dios. Nuestra vida cristiana es una vida de negación continua, porque ella así fue diseñada, no solamente para vivir por el poder de la resurrección, sino para pasar por la tribulación y las dificultades, es de esa manera por diseño.

Todas estas dificultades serán usadas por Dios para tallar la imagen de Cristo por medio del poder de su resurrección y esto nos llevara a experimentar el gozo que quisimos tener toda nuestra vida. A nosotros se nos concedió un privilegio: “Sufrir por Cristo”

1 Tesalonicenses 3:3 a fin de que nadie se inquiete por estas tribulaciones; porque vosotros mismos sabéis que para esto estamos puestos (destinados). 3:4 Porque también estando con vosotros, os predecíamos que íbamos a pasar tribulaciones, como ha acontecido y sabéis. Pablo nos llama a no inquietarnos con lo que algunos tengan para decir, porque este es el diseño de la vida cristiana, debemos saber que estas aflicciones presentes cumplen en nosotros un trabajo eterno, esto no debe tomarnos por sorpresa. En otras palabras lo que el apóstol nos esta describiendo es el proceso de santificación del creyente.

La aflicción debilita nuestra carne al punto que le permite trabajar con más libertad al poder de la resurrección en todo lo que va en contra posición a la imagen que se debe ver de Cristo en mí.

Conclusión

La santificación mal entendida me lleva a una de dos cosas o a obedecer por razones erróneas o me deja cansado o desmotivado y allí es donde están hoy muchos hijos de Dios tratando de santificarse, en esfuerzos que han resultado nulos, que han terminado sin frutos.

¿Dónde estás tú?
  
 
Pastor: David Bayuelo
Agosto 17 de 2018

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